En marzo del presente año, el consejero madrileño Enrique Ossorio se tomaba a broma la cifra de personas que se encuentran en riesgo de exclusión social en la Comunidad de Madrid.

Después de haber tenido noticia de un informe de Cáritas sobre el deterioro socioeconómico de las capas sociales más desfavorecidas en la comunidad Ossorio dijo: «Si la población sale a la calle, y ve que la región de Madrid es rica, y que dicen que hay tres millones de pobres… ¿Por dónde estarán». A continuación, se volvió hacia atrás haciendo el gesto de buscarlos.

Muchos usuarios de Twitter criticaron la falta de sensibilidad de Ossorio y calificaron sus declaraciones como «negacionismo de la pobreza». Otros le sugirieron que saliese a la calle y no se moviese solo por su barrio.

La segregación ha levantado muros entre clases sociales / Imagen: Lanza
La segregación ha levantado muros entre clases sociales / Imagen: Lanza

La semana pasada, la vicepresidenta primera Nadia Calviño y el portavoz de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, han tenido un encontronazo en el control de Gobierno en el Congreso de los Diputados.

«Desde que ustedes han llegado a este gobierno, señorías, no conozco a ningún español que haya prosperado, excepto ustedes, por supuesto. Ustedes y los indocumentados de Podemos», ha dicho Espinosa de los Monteros.

«Dice usted que no conoce a ningún español que se beneficie de la acción de este gobierno. Pues tiene usted que revisar a sus amigos. ¿Eso quiere decir que no conoce a nadie que perciba el Salario Mínimo Interprofesional? ¿Que no conoce a ningún joven que ha conseguido por primera vez un empleo indefinido gracias a la reforma laboral?», comenzó preguntándole Calviño.

Y continuó: «¿Que no conoce a nadie que se beneficie de las becas? ¿Que no conoce a nadie que se beneficie de la inversión en educación? ¿Que no conoce a nadie que se beneficie de la sanidad pública, del transporte público gratuito, de las ayudas a los autónomos, de los ERTEs, de las ayudas a las empresas, de los avales del ICO, del Ingreso Mínimo Vital, de la ayuda a las familias que tienen niños pobres?».

«¿Pero cómo puede ser, señor Espinosa de los Monteros, que no conozca a ningún español real? Este es un gobierno que gobierna para la mayoría de los españoles».

Tal y como explica infoLibre, el hilo que une el caso Cáritas-Ossorio con el caso Calviño-Espinosa es la segregación, una segregación sobre todo urbana y educativa a raíz de la Gran Recesión que ha levantado muros entre clases sociales, especialmente en las grandes ciudades y más aún en Madrid.

«El aumento de la segregación tiende a crear una sociedad menos cohesionada y eleva la tensión y el conflicto»

La gravedad de los efectos de la segregación, es decir, la agrupación homogénea según clase social, está aceptada por el propio Gobierno de España en su documento estratégico España 2050, en el que señala que su aumento «tiende a crear una sociedad menos cohesionada» y eleva «la tensión y el conflicto».

«Madrid es la urbe más segregadora por delante de Milán, Tallín y Londres»

La segregación está creciendo en España, pero sobre todo en los ámbitos residencial y educativo. En el primero, el problema se concentra en las ciudades. Según el informe de Segregación socioeconómica en capitales europeas, Madrid es la urbe más segregadora por delante de Milán, Tallín y Londres.

La región está dividida en un norte de categorías profesionales más altas y un sur de categorías más bajas. En cuanto a la ciudad, las diferencias están entre zonas como Chamartín, Salamanca o Retiro, por un lado, y Usera y Puente de Vallecas, por otro.

Pero la segregación va mucho más allá de lo urbano-residencial. En un trabajo, pendiente de publicación, de José Ariza, se evidencia que los desplazamientos por ocio o por motivos familiares también suelen hacerse entre barrios de renta similar.

Aumento de la segregación en otras ciudades

El Institut de Govern i Polítiques Públiques de la UAB detectó el año pasado un aumento de la segregación en el área de Barcelona. Investigaciones también han apuntado auges de la fragmentación urbana en ciudades como Valencia, Sevilla, Alicante o La Coruña, entre otras.

En un informe de 2020, Cáritas ha alertado de una «grave segregación social» de la población foránea. El 75% de las ocupaciones de los inmigrantes que trabajan son elementales, lo cual condiciona sus ingresos y su lugar de residencia.

Como ha explicado Eldiario.es, en las zonas del 10% más pobre de Madrid, el porcentaje de residentes nacido fuera de la UE triplica al de las áreas más ricas. En Barcelona, los porcentajes son 37% frente a 13%. Se trata de una pauta generalizada en las grandes urbes, que a su vez se traslada a las aulas.

Los colegios concertados acogen 13,26 puntos menos de inmigrantes de los que le corresponden por su peso en el sistema y la exclusión afecta especialmente al alumnado africano.

Pero la segregación escolar no se da sólo entre colegios públicos y concertados, sino también dentro de la propia red pública, y no se calcula solo en función del porcentaje de alumnos españoles y extranjeros, sino que también es por origen social y geográfico.

Daniel Sorando, especialista en vivienda y urbanismo y autor de «First we take Manhattan», apunta, en primer lugar, a la mayor abstención en los barrios en los que se concentra la población más pobre, lo que a su vez provoca que las políticas preferidas por la clase alta tengan más posibilidades de salir adelante.

En segundo lugar, alerta de la gravedad de que las clases altas se encapsulen y se cieguen. En el artículo «Extrañas a sí mismas», Sorando señala que el aumento de la segregación residencial en las sociedades urbanas españolas tiene «efectos negativos sobre las pautas de reconocimiento» entre clases y un «fomento de prejuicios basados en la falta de interacciones cotidianas».

En su opinión, la segregación «plantea un desafío para el reconocimiento entre los diversos grupos sociales», llegando al extremo de la «ignorancia de la mera existencia del otro». De hecho, apunta a una «latinoamericanización» de las ciudades españolas, segmentadas en zonas de ricos y zonas de pobres.

En el ensayo «El coste de la desigualdad. Lecciones y advertencias de América Latina para el mundo», Diego Sánchez-Ancochea, catedrático de Economía e investigador en Oxford, advierte que, en paralelo al auge de la desigualdad, cada vez hay menos interacción entre ricos y pobres en barrios, escuelas, transporte público, zonas de ocio, algo que dispara la polarización política, merma el compromiso fiscal de los más pudientes y deteriora los servicios públicos, disparando una huida individualista hacia soluciones privadas.

A la pregunta de si son atribuibles a la segregación los datos sobre compromiso de la clase alta con el Estado del bienestar, la respuesta es que no es fácil de determinar. Los integrantes de la clase más alta piensan que se gasta demasiado en los tres pilares del Estado del bienestar: sanidad, educación y desempleo, y cada vez la cifra de estos integrantes con esta opinión va a más.

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