Según la sentencia que condena al periodista Javier Negre y a El Mundo por «una intromisión ilegítima en los derechos a la intimidad, al honor y la propia imagen», el periodista «apareció en el domicilio de los padres» de una víctima de maltrato e intentó que le dieran una entrevista, cosa que no consiguió. «No puede decirse que se basa en una entrevista, pues parece más bien un reportaje que se realiza sin el consentimiento de la actora», indica el documento.

Según indica el abogado de la demandante, se presentó «sin previo aviso» en el domicilio familiar y para que le abrieran la puerta se hizo pasar por un amigo de la chica. Cuando subió al rellano hubo varias discusiones porque el padre le dijo varias veces que se fuera y que «los dejase en paz», a lo que el periodista supuestamente se negó en varias ocasiones hasta que al final se marchó.

«Huele a puchero en la tercera planta de un céntrico edificio (…). Tocamos el timbre de una de las puertas. Nos abre un señor con pelo y barba canosa», así empezaba su crónica el periodista. Negre relata que la entrevista está pactada: «A condición, acordada, de que guardemos el secreto de su identidad y de que usemos un nombre ficticio (…) la joven accede a narrarnos…».

El juez sentencia lo contrario a lo que narra Negre: ella «no consintió en ningún momento que se realizara entrevista alguna», por lo que condena a la editora, Unidad Editorial, y al periodista a pagar 30.000 euros. Además, el fallo relata que, como la mujer no accedió a hablar el periodista se marchó pero «comenzó vía Whatsapp a forzar a la actora a mantener una reunión en privado con él, llegando incluso a manifestarle que era mejor que le diera una foto de manos o pies, que usar la foto que él tenía, esto casi está rallando (sic) con una coacción».

La foto que tenía el periodista en la sacó del perfil de Facebook de la chica. El periódico le pasó un filtro para que pareciera un negativo en la publicación web, pero ese filtro se podía revertir fácilmente y quedó expuesta la identidad de la mujer durante varios días, circulando por redes sociales.

El juzgado también puntualiza que el titular usado en el reportaje de El Mundo es mentira, ya que decía «Habla la primera mujer a la que torturó el asesino de Cuenca», cuestión que es «inveraz», puesto que no fue víctima de torturas sino de «delito de amenazas y detención ilegal».

Además de la condena de 30.000 euros, el juzgado obliga a publicar esta sentencia «con al menos la misma extensión y la misma difusión pública que tuvo la intromisión sufrida», a toda página y a color.

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