ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y sus socios están encontrando enormes dificultades a la hora de acceder a las personas desplazadas internas y a la población refugiada en Burkina Faso debido a la inseguridad que impera en el noreste del país.

A los cerca de 500.000 desplazados que hay en el país se suman otros miles de personas forzadas a huir de sus hogares y buscar un lugar seguro por el recrudecimiento de los ataques violentos perpetrados por militantes contra el personal del ejército y la población civil. Solo en los últimos cuatro meses se han desplazado unas 300.000 personas dentro del país, y a finales de año el número de desplazados podría alcanzar los 650.000.

Una desplazada interna con su hijo en Barsalogho, en Burkina Faso. © ACNUR/UNHCR/Marjanna Bergman

Las personas que están huyendo de la violencia denuncian que los extremistas están atacando sus pueblos y reclutando a punta de pistola a los hombres y asesinando a quienes se resisten, además de robar ganado y otros bienes. Aterrorizados por estos ataques, los vecinos han huido dejándolo todo atrás. Muchos de ellos buscan un lugar seguro en Dori, un pueblo de unos 2.000 habitantes cerca de la frontera con Malí y Níger.

ACNUR se muestra profundamente preocupada por la seguridad y la protección de las comunidades locales y los 26.000 refugiados de Malí que se han visto afectados por los ataques violentos de los grupos armados en la región del Sahel en Burkina Faso.

Al ACNUR le preocupa especialmente la situación de las personas que se encuentran en la ciudad fronteriza de Djibo, en el noreste del país, entre las que se incluyen unos 7.000 refugiados malienses en el campo de Mentao. El acceso a la localidad permanece cortado desde que a principios del mes de noviembre se sucedieran una serie de ataques, en los que los asaltantes asesinaron al alcalde, destruyeron casas y trastocaran la vida cotidiana en la ciudad.

Las personas refugiadas en el campo de Mentao viven atemorizadas. Se han cerrado todas las escuelas y el acceso humanitario al campo resulta cada vez más complicado, lo que dificulta gravemente la distribución de ayuda y alimentos. ACNUR se ha visto obligado a reubicar de forma temporal al personal que se encuentra en Djibo y a trabajar a distancia.

ACNUR está trabajando mediante sus socios para proporcionar ayuda a quienes permanecen Djibo y asistir a la población local y refugiada que está llegando a Dori, Bobo Dioulasso y Uagadugú.

Las familias desplazadas necesitan alojamiento, agua potable y alimentos de forma urgente. Muchas de ellas duermen al raso, dado que alquilar una pequeña casa de ladrillo a la población de acogida resulta demasiado caro. ACNUR está distribuyendo tiendas de campaña especialmente concebidas (conocidas como unidades de alojamiento para refugiados o Refugee Housing Unit en inglés) que cuentan con una mejor ventilación, puerta con pestillo y un pequeño panel solar en la parte superior para generar luz o cargar teléfonos móviles.

En cuanto a las necesidades actuales de alojamiento por parte de la población desplazada, se estima que solo el 10% de ellas están cubiertas. ACNUR está redoblando sus esfuerzos en materia de asistencia adquiriendo más materiales de refugio con urgencia, que se suman a los 3.335 ya distribuidos y a los 1.880 que se están construyendo tanto en la región del Sahel como la de Centro-Norte.

El acceso a la documentación resulta esencial para garantizar la libertad de movimiento a las comunidades locales y a las personas que se han visto forzadas a desplazarse. ACNUR ha prestado asistencia y financiación para la emisión de documentos de identidad a las personas desplazadas internas, así como certificados de nacimiento y otros documentos imprescindibles para demostrar su identidad, moverse con libertad o solicitar asistencia.

ACNUR pide mayores esfuerzos para garantizar la seguridad de la población civil y el acceso de las organizaciones humanitarias para llegar a todas las personas afectadas en la región. Burkina Faso, Chad, Malí, Mauritania y Níger adoptaron en septiembre de este año las «Conclusiones de Bamako» en las que reafirman sus compromisos para la protección de la población civil.

En la actualidad, las 13 regiones de Burkina Faso acogen a población que huye de la violencia. La región Centro-Norte es la que acoge a un mayor número de personas desplazadas -solo en la provincia de Sanmatenga hay más de 196.000– seguida por la región de Sahel, con cerca de 133.000 personas desplazadas en la provincia de Soum.