La sociedad que acudirá a los comicios israelíes el próximo martes está fuertemente fragmentada por disputas políticas, religiosas y étnicas. Judíos más y menos religiosos, colonos y árabes son sólo algunos de los tantos grupos cuyos intereses están en juego.

A lo largo de la historia los israelíes han estado atravesados por desacuerdos que han dividido a su población y generado una brecha creciente entre distintos grupos sociales. Esta elección se da en el marco de una sociedad que se inclina cada vez más hacia la derecha del espectro político, pero que está lejos de ser uniforme.

El principal grupo de votantes son los judíos, que representan alrededor de tres cuartas partes de la población. Sus divisiones internas, sin embargo, obligan a desglosar a la mayoría étnica del estado, que no sólo está fraccionada por niveles de religiosidad sino por profundas diferencias ideológicas.

Los más seculares, que componen alrededor de un tercio de los ciudadanos, están divididos principalmente entre izquierda, centro y derecha, con la economía, seguridad y separación de religión y estado entre los elementos más importantes a la hora de decidir su voto.

Beni Gantz, único candidato capaz de destronar al actual primer ministro Benjamín Netanyahu, ha encontrado en este segmento de la población un apoyo mayor que en sectores más religiosos, en parte por su alianza con el experiodista Yair Lapid, que hace años aboga por un estado donde la religión tenga menos peso.

Dentro de los grupos judíos religiosos, también existen fragmentaciones, con los ultraortodoxos y los sionistas religiosos como los colectivos de votantes más destacados.

Los ultraortodoxos históricamente se caracterizaron por seguir las órdenes de sus rabinos a la hora de votar. Los dos partidos que los representarán en esta elección son Shas (compuesto por judíos provenientes de Oriente Medio y norte de África) y Judaísmo Unido de la Torá (de los judíos de origen europeo).

Sin embargo, contrario a la tendencia histórica, crecientes porcentajes de votantes ultraortodoxos parecen lentamente alejarse de los partidos tradicionales.

«Es parte de un proceso en el cual se van insertando poco a poco en esferas de la sociedad israelí», explicó a Efe la experta en opinión pública Dahlia Scheindlin, que agregó: «Cada vez hay más ultraortodoxos alistándose en el Ejército, integrándose en el mercado laboral y recibiendo educación superior, y esto tiene un impacto a la hora de votar».

Los sionistas religiosos, que tienden a votar a los partidos más a la derecha del espectro político, se encuentran también divididos de cara a una elección que les presenta alternativas muy distintas entre sí.Uno de los mejores ejemplos de esta fragmentación se puede encontrar en los sionistas religiosos residentes en las colonias israelíes en Cisjordania ocupada, donde son mayoría.

«Las divisiones entre los partidos de derecha están dificultando el voto de los colonos», comenta a Efe la doctora Sarah Hirschhorn, profesora de la Universidad de Northwestern y especialista en asentamientos israelíes.

«Están quienes votarán estratégicamente al Likud de Netanyahu para fortalecer una potencial coalición de derechas, mientras que otros priorizarán lo ideológico y votarán por partidos que representen mejor sus intereses», agrega, refiriéndose a partidos más religiosos o más a la derecha en el espectro político, como Nueva Derecha, Zehut, y la más extremista Unión de Partidos de Derecha.

El otro gran grupo que tendrá una influencia importante en esta elección según los expertos será la minoría árabe residente en Israel, que compone alrededor de un 20% de la población.

Esta influencia, no obstante, no se espera que sea a través de un caudal importante de votos para los partidos árabes (Hadash-Tal y Ram-Balad), sino, por el contrario, como resultado de un boicot promovido por movimientos árabes para frenar que acudan a las urnas en protesta por su discriminación. Expertos estiman que hasta un 50% de los árabe israelíes podría no participar.

«El boicot se debe, en primer lugar, al fortalecimiento de la derecha israelí, que dirige al estado hacia un sistema de apartheid, y hace sentir a los árabes que su voto no tiene valor y que el boicot es la única manera de resistir», explica Dalia Halabi, profesora universitaria y activista social árabe.

«Por otra parte, la fragmentación de los partidos árabes, que antes estaban unidos y ahora se escindieron, generó mucha desilusión y una sensación de falta de representación por parte de los votantes», agregó.

Estos son sólo algunos de los múltiples grupos sociales que protagonizarán este martes una elección en la que se decidirá la continuidad de Netanyahu al frente del Gobierno o su relevo por una coalición centrista encabezada por Gantz.

Otros segmentos relevantes de la población son los drusos, los beduinos e inmigrantes judíos de países específicos como los que llegaron provenientes de la antigua Unión Soviética, que en muchos casos también votan de manera relativamente uniforme.