El PP es como un “carballo” (roble), lo dijo hoy Alberto Ñúñez Feijóo, que es un “referente” del partido, según Casado. Un carballo, no una encina ni un ciprés, pero su sombra, igualmente, es alargada. La sombra que aún proyecta en sus actos el fundador, Manuel Fraga.

El mitin-comida de este domingo fue un encuentro hecho a su estilo, aunque con los cambios que ha impuesto el tiempo y los nuevos protagonistas. Se mantiene la empanada, se mantienen los gaiteiros y se mantiene la edad media de los asistentes, que duplica en muchos casos a la de los actuales líderes del PP.

Han desaparecido el pulpo y la carne ‘ao caldeiro’, en favor del churrasco y la ensalada. Quizás por la moda de la comida sana.

El escenario sigue siendo muy similar, unas carpas en medio del campo, una aldea de tantas de esa España vacía, casi ninguna casa. Cuando, de repente, empiezan a llegar decenas y decenas de personas. Todas con su entrada pagada, o no, de 15 euros hasta llegar el millar de asistentes, según la organización.

Podría ser una romería gallega cualquiera. Una de esas que mezclan lo divino y lo humano, de las que se celebran, como en este caso, al lado mismo del cementerio.

Sin embargo, al entrar, el folleto con la cara de Casado encima de los platos desvela que estamos en una de las romerías del PP. De esas que celebraba Fraga en Monte Faro o en Monte do Gozo, de esas en las que el número de asistentes se contabilizaba por las raciones de empanada. Un método infalible para inflar la cifra de público.

El nuevo PP, el de Casado, parece sentirse extraño en este tipo de celebraciones lúdico-políticas. El líder del PP habló menos de media hora, un récord de brevedad en su palmarés de discursos.

Pero más allá de la puesta en escena, el fondo es infalible: aquí está el germen del PP. Este es el granero de votos más fiel de los populares, donde se sienten seguros y confiados en que van a ganar.

Donde aseguran que los indecisos no son tal cosa, si no solo gente con retranca que no quiere reconocer antes de tiempo que va a votar al PP. El gallego en la escalera que no se sabe si sube o si baja. Ese con el que se identificaba a Rajoy.

Aunque sus raíces son más profundas. Este carballo, que no encina (el logotipo de los últimos congresos nacionales del partido), viene de épocas pretéritas.

Y es una especie que resiste a internet, a las redes sociales y los wasaps, que pasa por encima de los tuits y de los memes. Un carballo que reparte sombra a todos los que se sitúan bajo su abrigo. Sombra y empanada.

Según dicen los entendidos del partido, aquí no hay Vox ni Ciudadanos que valgan. Es tierra conquistada ya desde los tiempos de Fraga.

Aquí Abascal tiene poco que hacer porque, tal y como muestra un vídeo montaje que circula por las redes sociales estos días, si se atreviese a venir en campaña, un Manuel Fraga redivivo le espetaría: “Lárguese”.

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