Todavía existe la creencia, en algunas partes de este país, de que “las personas adquieren las cualidades de los animales que consumen”. En el caso de “los murciélagos” se obtendría “el superpoder” de ver en la oscuridad.

Por Javier Cortines

La manipulación de los quirópteros para elaborar platos, como la sopa de murciélago, podría ser la causa de la propagación del coronavirus que ya ha matado -hasta la fecha- a 170 personas, la mayoría en China, ha infectado a otras 8.000 y se ha extendido por veinte países, informaron la cadena China Global Television Network (CGTN) y la revista Science China Life Sciences.

Este brote pudo surgir en el mercado de animales salvajes de la ciudad de Wuhan, convertida hoy día en una urbe fantasma -con sus once millones de habitantes encerrados en sus casas- donde se vende, para el consumo humano, murciélagos, ratas, perros, salamandras gigantes, serpientes, escorpiones, etc. Todavía existe la creencia, en algunas partes de este país, de que “las personas adquieren las cualidades de los animales que consumen”. En el caso de “los mamíferos alados” se obtendría “el superpoder” de ver en la oscuridad. Las tortugas serían fuente de longevidad, etc.

Según la CGTN “la fuente de los coronavirus se remonta a un animal muy común: los murciélagos. Estos “aterradores” animales portan en su interior más de sesenta virus peligrosos para los seres humanos, entre ellos, el hantavirus, la rabia, el lassa y el ébola. Los murciélagos pueden transmitir fácilmente el virus debido a su capacidad para volar, su alta movilidad y amplia distribución”.

Para que alguien pueda hacerse una idea de lo que es el mercado de animales salvajes de Wuhan (yo visité, siendo delegado de EFE en China entre 1997-2003, el mercado de Cantón) se puede imaginar al rastro de Madrid en verano, en un fin de semana, con miles de jaulas con animales que producen escalofríos. Cerca del mercado hay callejuelas con restaurantes donde se puede degustar, en condiciones higiénicas deplorables, todo tipo de “menús exóticos”.

El actual coronavirus, que se detectó a finales de 2019, se pudo “haber escapado también” de algún laboratorio que “utiliza como conejillos de indias” a los murciélagos, monos, ratas, etc. El caso es que se trabaja a contrarreloj para hallar una vacuna para combatir la infección que mantiene ya bajo observación a “80.000 personas” en China.

El profesor Zhong Nanshan (de 83 años), descubridor del coronavirus del SARS en 2003 y considerado uno de los diez mejores científicos de China, acaba de hacer una comparecencia en la televisión pública del país “suplicando”, principalmente a la gente de las zonas afectadas, que no salgan a la calle hasta nuevo aviso, ya que los hospitales están desbordados y los médicos están abrumados por la envergadura de la crisis.

El SARS (Síndrome Respiratorio Agudo y Grave) se inició en 2002 y afectó a 8.000 personas de 37 países causando la muerte a 700, la mayoría de China. En aquella época yo residía en Pekín y, aunque se veía a la población afectada, vaciando los supermercados, haciendo acopio de sacos de arroz, etc., en ningún momento el terror se extendió como ahora, donde la ciudad de Wuhan, tan grande como Londres, parece una metrópoli fantasmagórica, apocalíptica.

El académico Zhong Nanshan, neumologo y experto en enfermedades respiratorias formado en la Universidad de Pekín y en la Escuela de Medicina de Edimburgo (Alemania), ha sido nombrado por el Gobierno Alto Consejero para el Control de la Crisis.

Debo subrayar que las personas que comen en China “ratas, perros, murciélagos, lobos, gatos, escorpiones, serpientes, etc., pertenecen a una “exigua minoría”, ya que a la mayoría de los chinos (1.400 millones), les repugna tanto como a nosotros degustar “esos manjares” que parecen sacados del castillo de Drácula.

Cuando un extranjero va a Pekín por primera vez, sus conciudadanos le suelen decir “en tono sarcástico” que “los chinos comen todo lo que vuela, menos los aviones, o todo lo que tiene patas, menos las sillas”. Ese chiste supone una falta de respeto a “esta gran civilización” que, cuando Europa vivía en la oscuridad de la Edad Media, era como “Al Aldalus” de Asia y gozaba de una alta y refinada cultura en todos los campos del saber.

La diferencia entre el actual coronavirus y el virus del SARS, es que los portadores del segundo tenían fiebre y registraban un aumento de la temperatura, por lo que era más fácil detectarlos en los controles sanitarios. Los contagiados en esta epidemia de 2020 no manifiestan esos síntomas por lo que su control es mucho más difícil.

Como anécdota agregaré que hace poco una sociedad que degustaba sopa y carne de perro en una feria gastronómica celebrada a las afueras de Pekín, fue apaleada por grupos de animalistas que llegaron al lugar en varios autobuses para lanzar proclamas en defensa del “mejor amigo del hombre”, informó la prensa local