Hace cinco años, una unidad comandada por el retirado oficial ruso Ígor Strelkov se hizo con el control de la ciudad ucraniana de Slaviansk, operación que dio inicio a la sublevación prorrusa en el Donbás y que desembocaría en un cruento conflicto con Kiev.

«Recibimos el apoyo total de la población. El 90 por ciento de los habitantes de Slaviansk querían unirse a Rusia y, además, todos hablaban en ruso, no en ucraniano», aseguró a Efe Strelkov, el alias de Ígor Guirkin.

El coronel ruso, al que acompañaban medio centenar de hombres, reconoce que se plantearon poner la primera mecha de la sublevación en Odesa (mar Negro), una ciudad mucho más importante, pero allí el apoyo no era tan mayoritario.

«Éramos 54 hombres. Había varios veteranos rusos de la guerra de Chechenia, pero la mayoría eran antiguos militares del Ejército ucraniano que renegaban de Kiev», dijo.

Menos un año después de abandonar el Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB, antiguo KGB), Strelkov y su guardia pretoriana tomaron la comisaría de policía de Slaviansk el 12 de abril, que desde entonces sería el centro de operaciones de los rebeldes prorrusos, y distribuyeron armas entre la población local.

«No tuve ningún contacto con representantes de las autoridades rusas», insiste Strelkov, aunque, a renglón seguido, admite que desconoce de quién recibía órdenes su patrocinador, el oligarca nacionalista Konstantín Maloféyev.

Slaviansk ha cambiado mucho desde entonces. Los ánimos prorrusos de la población aún son latentes, pero la ciudad, un estratégico nudo de transporte en la región de Donetsk, está ahora bajo el férreo control de Kiev.

«Siento que vivimos bajo ocupación. Algunos gritan ¡Gloria a Ucrania!, pero es una minoría. La mayoría está descontenta, tanto con la situación política como la económica. Ésta Ucrania no es la nuestra», comentó a Efe Alexandr, de 59 años.

En los edificios oficiales, incluida la comisaría, ya no está izada la bandera de la autoproclamada república popular de Donetsk -que junto a la vecina y también prorrusa república de Lugansk componen la cuenca hullera del Donbás-, sino la ucraniana.

«Muchas gracias por preocuparos por nosotros», afirma uno de los policías apostados a la entrada de la comisaría.

Las medidas de seguridad son estrictas y es que a unas pocas decenas de kilómetros se encuentra el frente, la frágil línea divisoria entre las tropas ucranianas y las milicias prorrusas.

Nastia, una veinteañera que está embarazada de cinco meses, reconoce que muchos de sus amigos se han ido a vivir a Rusia, sea porque combatieron contra el Ejército ucraniano o en busca de trabajo.

«Nadie tiene ganas de reconstruir. El que no se va es porque no tiene pasaporte», dice resignada.

La ciudad, conocida por sus balnearios, nunca habría pasado a la historia de no ser porque tres semanas antes Rusia se anexionó la península de Crimea, donde Strelkov trabajó como asesor del líder local, Serguéi Axiónov.

«Estaba claro de que después de dar pasos tan rotundos en Crimea teníamos que seguir avanzando hasta el final. Yo estaba seguro de que en Moscú lo entendían. Con los ultranacionalistas ucranianos no se puede dialogar, sólo aplastarlos en el campo de batalla», explicó el hombre, declarado en busca y captura en Ucrania.

Destacó que, una vez se consumó la anexión rusa, todas las organizaciones prorrusas del este de Ucrania se pusieron en contacto con Axiónov y con él para coordinar acciones y sublevarse contra las autoridades europeístas que tomaron el poder en Kiev.

«Todos viajaban a Simferópol (capital de la península) y nos pedían que Crimea sólo fuera el primer punto de Novorrosía (Nueva Rusia). Teníamos planes muy ambiciosos. Queríamos que toda la región del este de Ucrania se uniera a Rusia», señala.

Reconoce ahora que el plan era «arriesgado» y, aunque los sublevados no necesitaban «muchas fuerzas», «sí» el apoyo del Kremlin.

«Tenía que ser como en Crimea. Nosotros actuábamos y Rusia nos apoyaba y defendía. Si hubiéramos dispuesto de los recursos necesarios, lo habríamos logrado», apunta.

Strelkov, que personificó en su momento la prueba irrefutable de la intervención rusa en Ucrania, se muestra «convencido» de que el presidente ruso, Vladímir Putin, podía haber evitado la guerra si hubiera apoyado un referéndum de independencia en el Donbás.

«Si Rusia hubiera dado un ultimátum a Ucrania, estoy seguro de que no habría habido ninguna guerra, ya que las tropas ucranianas habrían abandonado el Donbás», apuntó.

Comprendió que Moscú no apoyaría la independencia de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk cuando Putin recomendó aplazar dicho plebiscito.

«Yo creo que a Putin le explicaron en Occidente que no permitirían la repetición de Crimea en el Donbás», asegura.

En su opinión, la postura del Kremlin «no tiene ningún sentido», ya que, incluso después de frenar la ofensiva en el Donbás, «las sanciones contra Rusia no han hecho sino intensificarse».

«La guerra entre Ucrania y Rusia por el Donbás es inevitable», augura.

Por Ignacio Ortega

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