Ni coronabonos, ni permiso para echar mano del fondo de rescate europeo sin las “reformas”, o recortes, que exigirían las normas en una crisis normal, ni nada de nada. La Unión Europea vuelve a abandonar a su suerte a los países del sur, como ya ocurrió con anteriores crisis y como seguirá pasando.

Los dos frentes están bien diferenciados: en un lado, los países del Norte, con Alemania y Holanda a la cabeza, que no quieren oír ni hablar de emitir deuda común ni nada que se le parezca. En el otro, un grupo de al menos nueve países liderado por Francia, Italia y España, que pedían urgentemente la emisión de coronabonos: un título común de deuda respaldada por todos los países de la zona euro que permita dar un empujón a las economías.

Mark Rutte, primer ministro holandés, resumía a la perfección el punto de vista de su país: “Cada estado miembro debería tomar las medidas necesarias a nivel nacional”, tuiteaba. También mostraba una pizca de hipocresía: “estamos dando pasos para ayudarnos los unos a los otros a nivel europeo”.

El miedo de los países del sur reside en que temen que el efecto de “estigma” que pedir un rescate por coronavirus puede tener en los mercados, que pueden asustarse y acabar con un efecto contrario al deseado: que los Estados tengan que pagar más por financiarse en vez de menos.

La tesis del Sur continúa con que esta es una crisis que afecta a todos por igual, y que por ello los préstamos no deberían seguir las normas habituales y condicionarse a reformas estructurales y que la UE pretende sacar rédito económico de una situación de crisis excepcional y de ámbito mundial. “Es lo que se espera que la Unión Europea haga si nos invadiera una potencia extranjera”, ha ejemplificado Costa.

El más claro con esta situación ha sido el primer ministro luso, António Costa, quién calificó de «repugnantes» y «contrarias al espíritu de la Unión Europea» las declaraciones del ministro de Finanzas holandés, Wopke Hoekstra, cuando planteó, tras el Consejo Europeo extraordinario, la posibilidad de que se investigue a España por su gestión de la pandemia del coronavirus.

En una rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo Europeo extraordinario que se celebró el jueves, y en el que se plantaron Pedro Sánchez y el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, el responsable holandés, Wopke Hoekstra, aseguró que Bruselas debía investigar a países como España por no tener capacidad presupuestaria para frenar el coronavirus, es decir, de no haber ahorrado cuando la zona euro ha estado creciendo durante siete años consecutivos.

Estas declaraciones han provocado un fuerte malestar en Portugal. Para Costa, estas palabras «son una irresponsabilidad absoluta» y «una mezquindad recurrente que socava el espíritu europeo». «Si la Unión Europea quiere sobrevivir, es inaceptable que cualquier político, de cualquier país, pueda dar esa respuesta a una pandemia como la que estamos experimentando», puntualizó el primer ministro portugués. 

«Si no nos respetamos y si no entendemos que, ante un desafío común, debemos ser capaces de responder en común, entonces nadie ha entendido nada sobre la Unión Europea», indicó Costa, que añadió que, es «un buen momento para entender que no fue España quien creó el virus o importó el virus».

Ahora, los respectivos responsables de las cinco grandes instituciones europeas, el Banco Central Europeo (BCE), la Comisión Europea, el Parlamento Europeo, el Consejo Europeo y sobre todo el Eurogrupo (los ministros de economía y finanzas), deberán tejer un nuevo borrador con propuestas para presentar en 14 días. Mientras, el virus avanza. Y el Eurogrupo, desde que los muertos empezaron a contarse por cientos en Italia y España, ha vuelto a fracasar.