Kosovo celebra este domingo sus quintas elecciones anticipadas desde su independencia de Serbia en 2008, enfrascado el país en su crónica inestabilidad política y su crisis económica, y con los ultranacionalistas de derechas, que fueron apartados del poder en marzo, como los grandes favoritos.

Las elecciones se celebran después de que en 2020 cayeran dos Gobiernos, uno por moción de censura y otro al considerar el Tribunal Constitucional que su elección por el Parlamento fue ilegal.

Las elecciones se han adelantado porque el Tribunal Constitucional dictaminó en diciembre que la elección, seis meses antes, por parte del Parlamento del Gobierno del conservador Avdulah Hoti no fue legal, porque uno de los diputados que votó había sido condenado por fraude, por lo que su mandato estaba anulado.

Hoti llegó al poder tras romper en marzo la coalición que había formado sólo siete semanas antes con el partido ultranacionalista Autodeterminación (Vetevendosje), del entonces primer ministro Albin Kurti, que fue expulsado del poder por una moción de censura.

Kurti había ganado las elecciones de octubre de 2019, acabando así con casi 20 años de dominio del Partido Democrático de Kosovo (PDK), procedente de la guerrilla separatista albanokosovar que luchó contra las fuerzas serbias al final de la década de 1990.

Ahora los sondeos le dan un apoyo de entre el 40 y 50% de los votos, frente al 25% que tuvo en las elecciones de 2019.

Segundo sería, con el 22%, el PDK, seguido de la LDK de Hoti (19%), y la nacionalista AAK, también fundada por exguerrilleros, y que tendría el 8%, según las encuestas.

Pese a ese previsible rotunda victoria, si Kurti no logra la mayoría absoluta puede tener problemas para encontrar socios de Gobierno.

Cansancio ciudadano

La inestabilidad política es un mal crónico en Kosovo, donde ningún Gobierno ha logrado terminar la legislatura desde que la mayoría albanokosovar impusiera en 2008 la independencia de Serbia, reconocida por EEUU y la mayoría de socios de la UE, pero no por Rusia, China, India, Brasil o España.

«Los ciudadanos están, ante todo, cansados por el estancamiento interno», resume a Efe el analista albanokosovar Idro Seferi.

Según este experto, los ciudadanos culpan de la falta de avances en los últimos 20 años a las elites políticas que se iban sucediendo en el poder sin luchar contra la endémica corrupción y el nepotismo, ni trabajar para el progreso económico.

Con un paro del 30%, que llega al 55% entre los jóvenes, la emigración se ha convertido en la única salida para muchos kosovares: se estima que unos 800.000 están en el extranjero, frente a los 1,8 millones que residen en Kosovo, y que las remesas que mandan a casa suponen un 15% del PIB del país.

La pandemia ha afectado a una ya de por sí maltrecha economía, provocando una contracción del 8,8%, y más de 92.000 personas han perdido el trabajo.

Además, la perspectiva europea sigue lejos, con cinco países de la Unión Europea que no reconocen su independencia, entre ellos España, y con los kosovares siendo los únicos ciudadanos de los Balcanes que aún necesitan visado para viajar.

Tampoco se ha avanzado en solucionar el conflicto con Serbia, lo que sigue afectando a cuestiones cotidianas, como el suministro de energía, las telecomunicaciones o el tránsito de personas y mercancías.

Políticos nuevos

«Por todo eso, los ciudadanos quieren ver a políticos diferentes, nuevos, en el poder», dice Seferim en referencia a Kurti, un ultranacionalista que sueña con la unión de Kosovo con Albania, y que promete centrarse en la economía, el empleo y el imperio de la ley.

Según Seferim, el apoyo a Kurti, popular entre los jóvenes, ha crecido porque muchos consideran que su destitución fue una injusta manipulación política.

Pese a eso, el analista no descarta que, si es nombrado de nuevo primer ministro, tenga que enfrentarse a nuevos intentos de derrocarlo.

El Parlamento que salga de estas elecciones tendrá que elegir al nuevo presidente, un proceso que precisa de un consenso que se prevé difícil, debido al enfrentamiento entre las distintas fuerzas.

Permanece como un gran reto el diálogo con Serbia para llegar a un acuerdo vinculante que acerque a los dos países a la UE

El cargo lo ocupa de forma interina la presidenta de la Cámara, Vjosa Osmani, quien rompió con la LDK y se alió con Kurti en noviembre, cuando el presidente del país, Hashim Thaci, dimitió tras ser acusado de cometer crímenes de guerra entre 1998 y 2000, cuando fue uno de los líderes de la guerrilla separatista.

Permanece como un gran reto el diálogo con Serbia para llegar a un acuerdo vinculante que acerque a los dos países a la UE.

Las negociaciones, un lento proceso iniciado en 2011, fueron reanudadas el julio de 2020 tras un año y medio de bloqueo, pero ha habido pocos contactos desde entonces.

El diálogo casi no ha sido el tema de la campaña electoral y no hay partido en Kosovo que se muestre muy abierto a negociar con Serbia aunque, según Seferi, el conflicto «tendrá que solucionarse, y quienquiera que esté en el poder se enfrentará a esa demanda» internacional.

EFE