Hoy en día solo el 10,6% de estudiantes universitarios son de estrato social bajo, frente al 34,7% de clase media y al 54,7% de clase alta.

Esta situación de desigualdad estructural se ha tratado de parchear a través del sistema de becas. Hasta 2012, para acceder a las becas era suficiente con el aprobado, pero esto cambió con la llegada de José Ignacio Wert al Ministerio de Educación que cambió los criterios de concesión y ya no era suficiente con el aprobado, sino que según la rama de estudios se necesitaba una nota de hasta 6,5 puntos. Además otra de las condiciones era aprobar, en algunos casos, el 90% de las asignaturas matriculadas.

Esta situación provoca que personas que desean continuar con sus estudios preuniversitarios y universitarios desistan de su intención porque, aunque cumplen con los niveles de renta para ser becarios, no cumplen con los académicos. Casi 50.000 estudiantes pierden la beca o no la obtienen porque no alcanzan los requisitos académicos que impuso Wert, pero que por renta les correspondería.

Esta reforma de becas tampoco tiene en cuenta si el estudiante trabaja a la vez que estudia, y se genera el efecto rueda: suele perjudicar el rendimiento académico y, sin este, se pierde la beca y el acceso a la universidad. 

Juan Hernández Armenteros, profesor de Economía de la Universidad de Jaén, apunta que el sesgo de clase también afecta a la carrera que se escoge, pues, a no ser que haya una vocación muy fuerte, «si van a acceder a una beca pequeña y hay una exigencia académica para obtenerla, los alumnos de bajas rentas se desplazan hacia aquellas enseñanzas en que el nivel de exigencia sea menor»,

Además sugiere ampliar el foco «Acudir o no a la universidad no viene determinado exclusivamente porque tengas beca o no, sino porque tu familia tenga capacidad económica para prescindir de que te incorpores al mercado laboral». Por ello, concreta, «lo que se plantea con la beca es un principio de igualdad de oportunidades objetivo y real», algo para lo que «esa renta tendría que tener el Salario Mínimo Interprofesional como referencia, porque es el óptimo que garantiza la igualdad de oportunidades».

Un cambio radical

Pero este sistema puede dar un giro tal y como indicó este jueves la ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, que pretende llevar a cabo una profunda reforma para que los alumnos puedan beneficiarse de las ayudas con un simple aprobado, es decir, con un 5 de nota.

Además, «de forma gradual y sostenible se reducirá de manera sustancial, o se eliminará, la cuantía variable, elevando las cuantías fijas en la medida que lo permitan las disponibilidades presupuestarias», indicó.

Celaá deja abierta también la posibilidad de compatibilizar becas y ayudas con el trabajo y a revisar los criterios de reintegro de becas, de forma que no perjudique a las familias.