Enrique Sierra, Storyteller de UNICEF Comité Español

(de IZQ – a DER) Jannat,8; Amira, 26; Amr, 8; Karam, 5; y Khaled,34.

¿Quién no ha visto La vida es bella de Roberto Benigni? ¿Quién no recuerda a ese padre desgañitándose por hacer que su hijo viviera de un infierno algo más cotidiano y llevadero? Pues eso es lo que pensó la familia Raslan: ¿tenemos que huir de Siria hasta llegar a Alemania? ¡Pues hagamos de la tragedia una comedia! Hagamos que los niños no lo recuerden como un drama, sino como una experiencia lo más agradable posible.

Khaled levanta a su hijo pequeño Karam en una fiesta de celebración.

Pero el matrimonio compuesto por Khaled y Amira quiso ir más allá. Quiso contarlo, documentarlo, que se conociera su historia. ¿Y qué mejor que Instagram para dejar constancia? La familia Raslan decidió contar su viaje mediante fotografías. Inmortalizar para todo el mundo su viaje en barco a Grecia, el cruce de la frontera en Serbia, su entrada en Alemania…

Amira misma lo cuenta desde su nueva residencia en Berlín:

“Con cada foto hacíamos que cada lugar fuera especial. No queríamos que fuera un viaje de refugiados, sino uno familiar”

Amira y sus tres hijos en su hora de la comida.

Niños refugiados: por fin en Europa

Amr y Jannat (en los extremos) tienen 8 años y Karam 5. Su padre Khaled cuenta que les tenían miedo a los policías y soldados que se encontraban durante un viaje en el que Khaled, el fotógrafo de la familia, asegura haber tomado más de 2.000 fotos:

“Cuando veíamos policías les decíamos que estaban allí para protegernos y les hacíamos fotos con ellos para normalizar la situación”.

Karam nació con una discapacidad, no podía caminar. Le tuvieron que operar dos veces y el matrimonio tuvo que aprender técnicas de masaje y fisioterapia que pusieron en práctica durante sus primeros tres años y medio de vida, hasta que pudo caminar.

Khaled jugando con sus tres hijos antes de irse a la cama.

Refugiados en Europa: un largo viaje

De vez en cuando, Khaled puede hablar por WhatsApp con su hermano en Homs. En los vídeos que este les envía pueden ver su ciudad destruida, en ruinas. “No queda nada, solo el vacío”, cuenta.

“Para volver necesitaríamos 30.000 euros solo para arreglar nuestra casa. Veo mi barrio, la calle en la que solía vivir y solo veo destrucción”.

Khaled trata de ser racional pero las lágrimas que se le acumulan en los ojos le delatanSu preocupación es ser deportado a Siria. Incluso con la familia dando pasos adelante para integrarse en la sociedad alemana, la situación sigue siendo inestable.

Las fotos y vídeos que reciben de Homs no formarán parte del álbum de fotos familiar de Instagram. Ese está reservado solo para los recuerdos que quieren mantener: los niños jugando en la nieve en Alemania por primera vez, el primer día de clase, las celebraciones de cumpleaños…

No sabemos cómo acabará esta conmovedora historia, pero lo que sí sabemos es que, con esfuerzo y solidaridad, podemos mejorar la vida de los niños refugiados.

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