Borrador automático

Rosa Monteserín
Coordinadora de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres y del Manual de Intervención Psicosocial con Menores


El pasado 25 de abril se inauguró en Salobreña (Granada) una exposición muy especial por la autoría de las obras proyectadas. Los artistas son niños y niñas víctimas de violencia de género, menores que han sufrido en su propia piel los terribles efectos de los malos tratos machistas.

Desde la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres llevamos años observando cómo los menores siguen siendo utilizados como armas arrojadizas contra sus madres y viendo cómo los derechos de custodia y visitas todavía hoy se siguen considerando como un derecho inalienable del maltratador que prevalece sobre los intereses y la seguridad del menor.

Mientras tanto, aquellas que trabajamos cada tarde con esas niñas y niños, vemos las terribles consecuencias que genera en su comportamiento ser testigos día a día de actos violentos y, muchas veces, ser objetos directos de golpes, de abusos sexuales y de insultos. Todos los avances que logramos con días y días de trabajo se desvanecen en un solo fin de semana con el padre maltratador.

La dinámica familiar siempre tiene consecuencias psicológicas y sociales sobre ellos. Los menores suelen presentar baja autoestima, depresión, conductas agresivas o regresivas, problemas de alimentación, etc. La relación con sus madres muchas veces se ve afectada, en la adolescencia pueden llegar a existir conductas delictivas, escapismo, consumo de estupefacientes…

Los varones pueden aprender que la violencia es un modo lícito de resolver los conflictos y las niñas pueden asumir el maltrato como algo “normal” en sus relaciones personales.

Hemos intentado explicar muchas veces con palabras este sufrimiento pero, como las palabras no han resultado suficientes, pensamos que quizá deberían ser los propios niños y niñas los que plasmaran sobre un papel sus sentimientos.

A través de los dibujos de los propios menores, queremos mostrar cómo ven ellos y ellas el proceso de violencia, haciéndoles protagonistas de su propia historia, de la mejor forma en que nos lo pueden contar.

“Cuando dibujé a papá, que es una fiera, pinté una línea para proteger a mamá”, nos decía uno de los menores. Muchas veces utilizaban animales salvajes y que transmiten temor para dibujar a sus figuras paternas: un cocodrilo, un tiburón, un gorila… Ellos y ellas se percibían cada vez más pequeños, identificándose con insectos, dibujándose encogidos o refugiados en algún rincón de sus casas.

En sus dibujos hay muchas lágrimas, reflejo de abusos, de insultos y golpes. Los hijos e hijas de víctimas de violencia machista dibujan a sus madres sin manos ni pies, o pintaban en su boca una cremallera cerrada.

Muchas mujeres que sufren a diario violencia de género y acuden a la Comisión nos cuentan que aguantan por sus hijos, por el terror a que les ocurra algo malo. Lo que queremos transmitir con esta exposición es que viviendo en un entorno con ese nivel de violencia, los efectos nocivos en el comportamiento de los menores son inevitables, las consecuencias ya se están produciendo y lo mejor que pueden hacer es alejarse cuanto antes.

Desgraciadamente, sabemos que esto no es posible sin que la sociedad tienda la mano a esas mujeres que, acompañadas de sus hijos e hijas, necesitan dar un paso adelante.

Es imprescindible que a nivel social se entienda que un maltratador no puede ser un buen padre y que las niñas y niños no pueden ser utilizados como un arma más para ejercer violencia sobre las mujeres. Desde el año 2013, 28 menores han sido asesinados por sus padres y 241 han quedado huérfanos por violencia machista.

Desde la Comisión hemos tenido que redactar informes psicológicos que se han presentado en los juicios por la custodia de los hijos.  También en distintas ocasiones el personal del programa ha tenido que hacer acto de presencia en los tribunales para declarar en defensa de los menores. En casi todos los casos, además de no haber entendimiento para la educación de los hijos, el padre ha sido un impedimento constante y un obstáculo para su desarrollo, buscando más el enfrentamiento con su madre que el proyecto de formarlos.

Reclamamos que se cumpla el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, que los menores víctimas de violencia machista sean reconocidos como tal y, por ende, reciban la protección necesaria.

Defendemos los beneficios de la intervención psicosocial con estos niños y niñas, no solo en el ámbito terapéutico, para paliar los efectos de la violencia, sino también como medida preventiva para evitar que el modelo desigual de relaciones entre hombres y mujeres se reproduzca en el futuro.

Los dibujos, las situaciones vividas por estos pequeños, recorrerán distintos puntos de España para que dejen de ser las víctimas invisibles de todo un sistema de violencia. También estarán disponibles con la compra de un manual en el que se recogen todas las obras expuestas y cuyos beneficios irán destinados a esta iniciativa y al trabajo psicosocial con menores.


Necesitamos tu ayuda para seguir adelante con el periodismo crítico, ayúdanos a no tener que depender de publicidad externa y que Contrainformación sea solo de sus lectores. Con 1, 2, o 3 euros al mes nos ayudarás a seguir mostrándote nuestros artículos críticos.

Ayúdanos a seguir ofreciendo Contrainformación.

Deja un comentario