Resulta necesario tomar medidas para reducir de manera significativa la producción de lácteos en África y garantizar los medios de subsistencia de los productores de leche.

Javier F. Ferrero

Tal y como se denuncia en el informe «Las corporaciones hacen fortunas destruyendo la producción lechera en África«, de Grain, No existe justificación para los miles de millones de dólares que salen de África cada año debido a las importaciones de productos lácteos. Los productos lácteos pueden y deben producirse de manera local. Siguiendo el caso de Uganda y Kenia, existe una medida simple y efectiva y que puede ser tomada de manera inmediata: detener las importaciones de leche en polvo.

Si existiese voluntad política por parte de los gobiernos africanos, varias serían las medidas que de inmediato se podrían tomar para frenar las importaciones de leche en polvo. Lamentablemente, muchos gobiernos africanos van en la dirección opuesta. Por ejemplo, negociando con Europa acuerdos de asociación económica e incluso un Tratado de Libre Comercio Continental (AfCFTA), los cuáles eliminan las posibilidades de los países para proteger su producción local de lácteos.

Los gobiernos de países productores de leche de Europa, América del Norte, Australia y Nueva Zelanda presionan de manera incesante a los gobiernos africanos para que estos acepten una mayor cantidad de productos lácteos de sus corporaciones, incluso aunque esto sumerja a los productores locales en una crisis. Cuando se restringen las importaciones de productos lácteos, los pequeños agricultores africanos llenan inmediatamente ese vacío satisfaciendo la demanda local, igual que como lo han hecho cada vez que se han tomado tales medidas en el continente.

Pueden hacerlo sin adoptar las prácticas industriales de producción lechera y sin incorporar razas de ganado europeo. De hecho, los sistemas ganaderos locales y las razas de animales africanos son altamente eficientes en asegurar leche y los demás medios de subsistencia de las comunidades locales, y además están mucho mejor adaptados al contexto de cambio climático que los sistemas industriales.

Los donantes y los gobiernos extranjeros deben dejar de presionar a la industria láctea, y los bancos de desarrollo deben dejar de financiar a empresas que compiten directamente con las granjas lecheras locales. Lo que se necesita son políticas, programas y regulaciones que apoyen a los pequeños productores locales, facilitando el abasto de leche fresca a los mercados urbanos. Medidas simples como la provisión de pequeños tanques de enfriamiento u hornos de pasteurización eficientes pueden marcar una gran diferencia.

También pueden hacerlo las regulaciones municipales que brinden a los pequeños vendedores y comerciantes espacios accesibles y seguros para llevar sus productos lácteos del campo a los consumidores urbanos. Gobiernos y donantes extranjeros deben comenzar a prestar atención a lo que ocurre en sus casas donde la industria láctea, controlada por grandes corporaciones, no sólo está acabando con las lecherías africanas, sino que también está causando numerosos problemas ambientales y sociales en los países de origen.

Resulta necesario, entonces, tomar medidas para reducir de manera significativa la producción de lácteos en estos países y, al mismo tiempo, garantizar los medios de subsistencia de los productores de leche. Podemos encontrar varias iniciativas ejemplares en marcha en Senegal, Burkina Faso y otros países africanos que fomentan el consumo de leche local.

Estas iniciativas deben profundizarse y multiplicarse, a la vez que deben excluirse del mercado a empresas lácteas como FrieslandCampina y los supermercados como Auchan, que se hacen propaganda, de manera engañosa, como productores “locales”. Ha llegado la hora de respaldar y aplaudir a las pequeñas lecherías locales africanas, compuestas por millones de pastores, agricultores, vendedores y procesadores, que utilizan razas tradicionales de vacas, cabras y ovejas, y que elaboran todo tipo de yogures, quesos y otros productos lácteos saludables.

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