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Por Arjuna

Escribo estas líneas tras reflexionar acerca de la carta de Capi “Una sombra llamada fibromialgia”, ya que a mí – tras cumplir los cincuenta años- me brotó una enfermedad idiopática (de origen desconocido) “la distonía cervical”, lo que me hizo descender varias veces a los infiernos y pelearme con innúmeros neurólogos que “no sabían, no entendían, o simplemente no estaban preparados”. Su parálisis era desquiciante.

Tras perder el tiempo en España con médicos que no aportaban nada, conseguí dos trabajos (1) en Seúl: uno como periodista en la Radio Televisión Coreana (KBS) y otro como profesor en una universidad (entre 2007 y 2011) y, como gozaba de una buena situación económica, no paré hasta dar con el mejor neurólogo de Corea del Sur: Duk Hyun Sung, Presidente del Departamento de Rehabilitación Neurológica del Centro Médico Samsung.

Este doctor sí sabía lo que había que hacer, sí sabía cómo explorar la zona dañada (el cuello) -con la ayuda de una altísima tecnología que incluía el empleo de robots y la grabación de imágenes en 3-D de los músculos afectados-. Luego proponía tratamientos, terapias e incluso una intervención quirúrgica.

La profesionalidad del profesor Duk Hyun Sun, más otros contactos con neurólogos que se habían desmarcado de la medicina tradicional, y que había hecho progresos que se considerarían en España de ciencia ficción, provocaron en mí dos reacciones opuestas.

Primero, maldije el subdesarrollo y el abandono que sufre la medicina española a causa de los recortes criminales que practica la Administración, así como la desidia (Idem) respecto a las enfermedades raras, idiopáticas. A estos pacientes sólo les dejan dos opciones: o acudir a la carísima medicina privada o pudrirse en “la incomprensión y neurosis”.

Segundo, que sí hay soluciones, que muchas enfermedades raras se pueden curar y que llegará un día, -si invertimos, investigamos y apoyamos a los pioneros y pioneras-, en que las dolencias que ahora consideramos “incurables” serán un mal recuerdo de “los tijeretazos” que provocaron el derrumbe de dos de los pilares básicos de la civilización: La Sanidad y la Educación (ésta última responsable de la mayoría de los problemas actuales, incluyendo el maltrato y la estigmatización de la diversidad de género).

Llegado a este punto dejemos la palabra a los sabios. Aquí tenemos muy buenas noticias, pues hay dos españoles -a la cabeza de ese grupo- que merecen ser escuchados con la máxima atención y con oídos gigantes, pues para ellos no existe la palabra “imposible”.

Empezamos con el doctor José Sebastián Carrión, Profesor de Biología en la Universidad de Murcia , con quien he tenido el placer y la fortuna de contactar recientemente.  Este científico – heteróclito, ecléctico y sincrético-  basa su filosofía en un adagio chino que dice “para vencer a la bestia hay que volverla hermosa” (entenderán mejor esta metáfora los que haya visto “La forma del agua”, una de las películas más bellas del siglo XXI).

Sebastián Carrión se curó una “distonía oromandibular”, que muchos días le ensangrentaba la boca y le impedía pronunciar una sola frase, lo que estuvo a punto de acabar con su vida laboral, ya que era profesor universitario y se ganaba el pan, “la autoestima” y “el prestigio” (laboral, social, humano, familiar, etc.) con la palabra, el razonamiento científico.

En este vídeo (de un valor incalculable e impagable) el señor Carrión nos explica cómo venció su enfermedad, siguiendo los pasos y enseñanzas del científico Joaquín Farias, doctor en Biomecánica y Especialista en Rehabilitación Neurofisiológica, actualmente afincado en Toronto (Canadá).

Conozcamos ahora la filosofía de Joaquín Farias, quien cuenta en su haber con un gran número de éxitos en la sanación de “enfermedades incurables”.

En definitiva no debemos olvidar que en el cerebro tenemos miles de millones de neuronas que encierran una sabiduría (desconocida e infinita) y que la voluntad, debidamente entrenada, puede vencer “la determinación genética”. Concluyo ésta carta con otro adagio taoísta: “no dejes que el mono de la mente se imponga al caballo de la voluntad “.

-1- Mi distonía, moderada-severa, no llegó a agravarse lo suficiente como para impedirme trabajar. Además, con esfuerzo, logré controlarla.

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