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La polarización se ha convertido en el concepto de moda de las tertulias políticas, un fenómeno que implica enfrentamiento y división entre partidarios y detractores de un partido, ideología o líder, y que se mostró al mundo de manera cruda durante el asalto al Capitolio de EE UU el pasado 6 de enero.

La polarización no solo tiene consecuencias políticas, como puede ser un bloqueo legislativo, sino también sociales, como dejar de salir con amigos que no comparten tu ideología o preferir contratar a un trabajador sobre otro por sus simpatías políticas.

Este enfrentamiento y división se deriva en muchos casos de una falsa percepción social, según la cual creemos que los “otros” tienen unos valores muy distintos a los nuestros, porque así nos lo han contado en los programas de infoentretenimiento, o lo hemos visto en las redes sociales o escuchado de los políticos a los que nos sentimos más cercanos.

El estudio más completo sobre este fenómeno, denominado “gap de percepción”, fue desarrollado por Daniel Yudkin, Stephen Hawkins y Tim Dixon (2019) para More in Common. Estos investigadores indagaron sobre cómo las falsas impresiones que tenían los simpatizantes de cada partido respecto a sus oponentes en los Estados Unidos estaban impulsando la división social, es decir, estaban favoreciendo la polarización afectiva de las masas.

Los republicanos no eran tan contrarios a la inmigración

Los resultados del estudio mostraron, por ejemplo, que los demócratas veían a los republicanos mucho más reacios a cualquier tipo de inmigración de lo que los republicanos afirmaban estar. A la inversa, los republicanos veían a los demócratas mucho menos orgullosos de ser estadounidenses de lo que en realidad estaban.

En España, la reciente encuesta nacional sobre polarización realizada por el Grupo Especial de Investigación CEMOP de la Universidad de Murcia, y que ha sido objeto de un número especial en la revista Más Poder Local, ha permitido realizar un primer acercamiento a esta materia.

Para medir la posible brecha perceptiva entre los ciudadanos españoles, se exploraron cuatro asuntos de fuerte contenido posicional en el marco de las denominadas batallas culturales: el aborto, la inmigración, la violencia de género y los símbolos nacionales.

En el cuestionario se preguntó a los entrevistados su posición ante cada uno de los temas, y también la posición que creía que tenían los electores de los distintos partidos ante ese tema. Se utilizó para ambas cuestiones una escala del 0 al 10.

Los electores de izquierdas, en especial los de Unidas Podemos (UP), ven en tres de los cuatro temas a los votantes del PP y, en especial a los de Vox, mucho más extremos (más antiabortistas, más contrarios a la inmigración) de lo que realmente son.

Por ejemplo, los votantes de UP perciben a los de Vox en el 9,3 de la escala en el tema del aborto (muy cerca de oponerse a cualquier tipo de aborto), cuando realmente estos se sitúan en el 4,9.

Las distorsiones perceptivas en sentido inverso no son tan pronunciadas. De hecho, las estimaciones de los electores del PP y de Vox sobre la posición de los de UP y del PSOE sobre el aborto o la inmigración son bastantes precisas.

¿Qué ocurre con la violencia de género?

Esto sucede incluso en aquellos temas que presentan un mayor grado de acuerdo entre los electorados, como es la violencia de género que, aunque resulta ser el asunto en el que menos polarizados están los ciudadanos, es en el que se da una brecha perceptiva más intensa.

Los electores de UP creen que los de Vox y los del PP son unos negacionistas de la violencia de género, algo que no concuerda con los datos. Mientras que los electores de Vox se sitúan en el 3,4 o en el 2,1 los del PP (0=la violencia de género es un problema muy serio y el Estado debe ocuparse de ello), los de UP les posicionan en el 8,8 y en el 6,7, respectivamente (10= la violencia de género no existe).

Es en el tema de los símbolos patrióticos donde la tendencia se invierte, y son los electores de derechas los que más yerran posicionando a los votantes de UP y PSOE. Los electores de Vox piensan que los de UP se avergüenzan de la bandera y del himno nacional en un nivel de intensidad muy superior al que realmente se da (1,2 de percepción frente a 4,8 de autoubicación real). Igualmente, los partidos de la derecha ven a los socialistas mucho más contrarios a los símbolos nacionales de lo que en realidad son.

¿Dónde ubican los electores de los principales partidos al conjunto de electorados respecto al aborto, la inmigración, la violencia de género y los símbolos nacionales? Cada ítem se mide en escala 0-10.

En conclusión, este estudio pionero en España muestra la existencia de una profunda brecha perceptiva, con dos bloques ideológicos que sienten (falsamente) los valores de los opositores muy alejados de los suyos, en particular los electores de izquierda, y más en concreto los de UP, respecto de los electores de derechas, y muy especialmente de los de Vox.

Y se muestran, además, polarizados (erróneamente) en temas que representan el marco de confrontación en la lucha por la imposición de las narrativas culturales, sobre las que unos y otros se sienten propietarios de un discurso moralmente superior: la izquierda en el caso del aborto, la inmigración o la violencia de género, y la derecha en el caso del himno y la bandera nacional.

The Conversation

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