La rápida propagación del coronavirus en Brasil encendió las alarmas ante el impacto que puede causar en las favelas. En estos barrios en donde viven unos 13 millones de personas es muy difícil llevar a cabo un aislamiento necesario para poder detener el avance del virus.

Las favelas reúnen todas las condiciones para la propagación del virus: espacios reducidos densamente habitados y con bajas condiciones higiénicas. El activista Raull Santiago que vive en el complejo Alemão en Río de Janeiro señalaba al New York Times que “Aquí en la favela llega agua dos veces por semana. Economizamos agua no solo por conciencia, sino también por supervivencia. Lavarse las manos todo el tiempo no es una posibilidad”.

La situación también se dificulta porque muchas favelas de Río de Janeiro están controladas por paramilitares o narcotraficantes que imponen sus leyes. Algunos de ellos se han sumado a la campaña de prevención del coronavirus, imponiendo el toque de queda a las 20 horas en algunas de las favelas.

«En las miles de construcciones pequeñas viven cinco o hasta diez personas, la mayoría con trabajados informales, que no pueden darse el lujo de quedarse en casa sin correr el riesgo de no comer y en donde no hay posibilidad de hacer distanciamiento social» apuntaba el activista al medio.

Desde el inicio de la pandemia el 70% de las familias que viven en favelas han sufrido una caída en sus ingresos y la gran mayoría dice que no lograrán comprar comida si les falta trabajo un día. Además solo el 19% tiene un contrato de trabajo que le garantiza, por ejemplo, un seguro de desempleo.

Brasil es el país más afectado por el coronavirus en Sudamérica aunque Jair Bolsonaro se niegue a admitir que el país esté pasando por una crisis de salud pública y no diseñe estrategias para enfrentar esta emergencia en las favelas. Además de criticar las medidas de confinamiento decretadas por algunos gobernadores, hace unos días visitó Brasilia haciendo caso omiso a las recomendaciones del Ministerio de Salud.

“El Gobierno local ya debería haber implementado desde hace una semana barreras sanitarias para intentar controlar la entrada del virus a estas comunidades, lo que puede generar un verdadero caos y la muerte de decenas de millares de personas. Por increíble que parezca, una vez más el crimen organizado cumple el papel que debería ser del Estado”, señala José Ricardo Bandeira, experto en seguridad pública y presidente del  Instituto de Criminalística y Ciencias Policiales de América Latina.

Bolsonaro parece estar más preocupado por las grandes empresas que por los trabajadores. Hace unos días se vio forzado a revocar un plan, tras la reacción de los ciudadanos, en el que se incluía la posibilidad de que los empresarios suspendieran el sueldo por cuatro meses a sus trabajadores. Aunque insiste en que la economía brasileña no puede pararse parece no pensar en ese sector vulnerable.

La Central Unica de Favelas exigió al gobierno brasileño tomar medidas para evitar que la epidemia de la Covid-19 cause una tragedia en estas barriadas. Entre estas medidas se encuentran distribuir agua, jabón, alcohol esterilizante y comida a los habitantes de las favelas, suspender el pago de las cuentas de agua y luz y asignar lugares para que los grupos especialmente vulnerables hagan cuarentena y no estén expuestos en casas abarrotadas. También acuerdos con empresas de alquiler de coches y servicios para el transporte inmediato de personal infectado, y liberar puntos de internet para toda la población.

Esta epidemia solo ha evidenciado el abandono que han vivido las favelas desde hace décadas, ahora este abandono debe resolverse y el gobierno debe poner las vidas por encima de la economía.

Fuentes: The New York Times y Perfil.