“Las autoridades palestinas de la Cisjordania ocupada han lanzado una escalofriante campaña de represión de las protestas pacíficas con el uso de fuerza ilegítima, dirigida a periodistas, activistas de la sociedad civil y abogados y abogadas, mediante detenciones arbitrarias y torturas a las personas detenidas”, ha declarado hoy Amnistía Internacional.

La tensión en Palestina se ha disparado desde la muerte bajo custodia del destacado activista palestino y detractor del gobierno Nizar Banat el 24 de junio. Las fuerzas de seguridad respondieron con fuerza excesiva a las protestas desencadenadas por su muerte. Recientemente, la noche del 5 de julio, las fuerzas de seguridad palestinas detuvieron al menos a 15 personas entre manifestantes, periodistas y una persona profesional del derecho, tras dispersar con violencia una concentración pacífica frente a la comisaría de policía de Ballou, en Ramala.

“En las últimas dos semanas, las autoridades palestinas han lanzado una campaña deliberada de represión contra personas que se manifiestan pacíficamente y han practicado detenciones arbitrarias en un intento de crear un clima de temor y de aplastar la disidencia”, afirmó Saleh Higazi, director adjunto de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África.

“El presidente Mahmud Abás debe ordenar que se ponga fin de inmediato a esta estremecedora represión y garantizar que la policía y otros miembros de las fuerzas de seguridad responden de estas violaciones de derechos humanos. Esto debe empezar con una investigación exhaustiva, independiente e imparcial de la muerte de Nizar Banat, producida presuntamente tras ser torturado, y de la represión violenta posterior a manos de las fuerzas palestinas”.

El presidente Mahmud Abás debe ordenar que se ponga fin de inmediato a esta estremecedora represión y garantizar que la policía y otros miembros de las fuerzas de seguridad responden de estas violaciones de derechos humanos

Saleh Higaz, Amnistía Internacional

Los resultados de la autopsia preliminar indican que Nizar Banat sufrió lesiones y tenía hematomas en muchas zonas del cuerpo, incluidas “marcas de ligaduras en las muñecas y costillas fracturadas”, según la Comisión Independiente por los Derechos Humanos, la defensoría del pueblo de Palestina. Este tipo de lesiones indica que probablemente fue sometido a palizas bajo custodia.

Ataque contra una sentada pacífica

En uno de los incidentes más graves de fuerza ilegítima documentados hasta ahora, las fuerzas de seguridad palestinas atacaron una sentada pacífica frente a la comisaría de policía de Ballou, en Ramala, la noche del 5 de julio. Familiares y simpatizantes se habían reunido allí para protestar por la detención de seis hombres que habían planeado asistir a una manifestación pacífica esa noche en la plaza de Al Manara, en Ramala.

La policía dispersó la concentración con fuerza desproporcionada golpeando a quienes protestaban, arrastrándolos por el suelo, rociándolos con aerosol de pimienta y tirándoles del pelo.

Shawan Jabarin, director de la organización de derechos humanos Al Haq, presenció el ataque y así se lo contó a Amnistía Internacional: “Vi a agentes de policía atacar brutalmente a hombres y mujeres allí sin ninguna razón salvo que estaban protestando pacíficamente por la detención de sus familiares y colegas. A un hombre mayor, padre de uno de los detenidos, le rociaron la cara con aerosol de pimienta; derribaron a las mujeres al suelo tirándoles del pelo. Vi que unos policías se llevaban a una persona profesional de la prensa hacia la comisaría y le pegaban brutalmente con porras en la cabeza y el cuerpo. Fue una de las escenas más desagradables y vergonzosas”.

La policía intentó primero persuadir a quienes protestaban para que se marcharan del lugar, sin ofrecer ninguna razón legítima para dispersar la protesta. Cuando se negaron, llegó un vehículo policial que anunció que tenían 10 minutos para irse. Poco después, decenas de policías con equipo antidisturbios y escudos, porras y aerosoles de pimienta corrieron hacia los manifestantes y empezaron a agredirlos.

Entre quienes protestaban frente a la comisaría estaba Hind Shrayedeh con sus tres hijos, que había acudido después de enterarse de que su esposo, Ubai Aboudi, director del Centro Bisan, organización de investigación y desarrollo, era uno de los seis hombres detenidos por la policía. Contó a Amnistía Internacional:

“Estábamos todos de pie en la acera frente a la comisaría de policía. Empecé a gritar: ‘Tú, país de libertades, no a las detenciones políticas’. Era la única que gritaba, nadie había gritado nada más, no había carteles y todo el mundo estaba de pie pacíficamente”.

Diala Ayash, abogada de Abogados y Abogadas por la Justicia, fue detenida también el 5 de julio. Había acudido a la sentada como observadora de derechos humanos cuando los policías con equipo antidisturbios atacaron y dijeron su nombre, buscándola.

“Cuando me encontraron, fui arrastrada con violencia hacia la comisaría por unos policías varones, uno de los cuales me agredió sexualmente agarrándome y pegándome en las nalgas y el pecho”, dijo a Amnistía Internacional.

Tanto Diala Ayash como Hind Shraydeh contaron que habían visto a policías golpeando con porras en la cabeza y el cuerpo a manifestantes pacíficos detenidos dentro de la comisaría. Al menos uno de ellos, Haitham Syaj, fue hospitalizado debido a las lesiones sufridas.

“Ahora entiendo totalmente cómo mataron a Nizar Banat”, dijo Hind Shraydeh.

Escalada de represión

En al menos seis ocasiones, las fuerzas de seguridad palestinas usaron fuerza ilegítima para dispersar protestas pacíficas. Algunas personas lanzaron piedras y otros objetos en respuesta al uso de la fuerza por las autoridades.

Miembros del equipo de investigación de Amnistía Internacional presentes durante las manifestaciones del 24 de junio, el día de la muerte de Nizar Banat, vieron a las fuerzas de seguridad palestinas golpear a manifestantes y transeúntes, y usar granadas sonoras, gas lacrimógeno y otros medios para dispersarlas.

Las fuerzas de seguridad palestinas —algunos de cuyos miembros iban vestidos de civil— también atacaron a quienes protestaban pacíficamente los días 26 y 27 de junio, en algunos casos golpeando a la gente con palos y porras, usando aerosoles de pimienta e incautando teléfonos móviles a quienes intentaban filmar los hechos.

El 26 de junio, inmediatamente después de la dispersión de la protesta inicial, grupos de hombres vestidos de civil empezaron a agredir también a manifestantes y transeúntes. Se cree que algunos eran miembros de las fuerzas de seguridad y otros, afiliados al partido político Fatah. El 27 de junio, unos hombres vestidos de civil atacaron de nuevo a quienes protestaban antes de que éstos hubieran tenido siquiera tiempo de agruparse. En ambas ocasiones, las mujeres —muchas de ellas periodistas— sufrieron ataques específicos, como agresiones sexuales.

La policía palestina no intervino para proteger a los manifestantes de estos ataques.

El 3 de julio, cientos de personas palestinas se congregaron en Ramala para una manifestación pacífica contra el presidente Mahmud Abás. Los agentes de seguridad detuvieron a Ghassan al Saadi, destacado detractor de las autoridades palestinas, cuando se dirigía a su domicilio después de la protesta. Durante su detención, le propinaron puñetazos, puntapiés y golpes con porras.

También fueron detenidos tres activistas —Jihad Abdou, Izz al Din Zoul y Salem al Katsh— que participaban en una manifestación pacífica contra la detención de Ghassan ante el complejo judicial de Ramala al día siguiente. Todos fueron acusados de causar “disensiones internas” y de “insultos a las autoridades”, en aplicación de la represiva Ley de Delitos Electrónicos.

“No se debe permitir a las autoridades palestinas que sigan cometiendo abusos sin control. Los Estados miembros de la Unión Europea, Estados Unidos y Reino Unido deben paralizar inmediatamente el envío de ayuda en materia de seguridad y militar a las fuerzas de seguridad y la policía palestinas hasta que se garantice la rendición de cuentas y el respeto a los derechos humanos”, concluyó Saleh Higaz.

Amnistía Internacional

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