El archipiélago de Galápagos, el laboratorio viviente en el que el científico inglés Charles Darwin desarrolló su teoría sobre la evolución de las especies, avanza en su lucha sin cuartel contra un mal que le llega de fuera: el plástico.

Y es que las corrientes marinas arrastran plásticos hacia todas las costas del este de las islas, un tema “preocupante”, según el director del Parque Nacional Galápagos, Jorge Carrión.

A tenor de las marcas de los envases encontrados durante las limpiezas de las playas, los plásticos llegan desde las costas de Perú, Chile, Centroamérica “y una importante cantidad de residuos con marcas asiáticas”, aseguró Carrión a Efe.

Aunque no tienen un dato exacto de la cantidad de toneladas de plásticos que puede haber en las costas, el experto recordó que en 2018 recolectaron 22 toneladas y la semana pasada 4,5 toneladas.

“Ahora estamos clasificando la basura, que es un trabajo muy, muy minucioso”, comentó.

En temas operativos, el municipio de la isla de Santa Cruz coordina el traslado a la parte continental ecuatoriana de los residuos que están en buen estado y pueden servir para reciclar, mientras que los que ya han sido degradados por el sol y la sal van al relleno sanitario de la isla.

En el archipiélago de Galápagos, situado a unos mil kilómetros de las costas continentales ecuatorianas, están prohibidos materiales de polietileno expandido y las fundas plásticas tipo camiseta desde el año 2015, una disposición a la que se sumó luego el impedimento de uso de sorbetes (pajitas).

Y una nueva escalada en el combate a los plásticos podría darse en marzo próximo con la prohibición total del uso de bebidas en envases plásticos no retornables.

“La intención es limpiar todas las costas de Galápagos y para eso estamos bien avanzados en la lucha contra los plásticos”, apuntó Carrión al insistir en que los plásticos hallados en las costas del archipiélago no corresponden a actividades productivas propias.

Por eso, en calidad de presidente pro tempore del Corredor Marino del Pacífico Tropical, Ecuador adelanta diálogos con representantes de otros países para extender la lucha contra los plásticos y tratar de contrarrestar la llegada de esos residuos al mar.

Casa adentro, el trabajo avanza en la construcción de la estrategia general para la lucha contra los plásticos en el archipiélago, famoso por su gran biodiversidad y por albergar especies únicas en el planeta.

Junto a la estación científica Charles Darwin, desarrollan un programa de monitoreo para evaluar la amenaza que representa el plástico como potencial transporte de especies y de su capacidad invasora sobre las especies de Galápagos, un archipiélago catalogado Patrimonio Natural de la Humanidad en 1978.

De esta manera, se pretende detectar tempranamente la presencia de especies no nativas y reducir la probabilidad de dispersión secundaria, proveniente de fuentes de plástico.

Los expertos han identificado potenciales especies invasoras que desde Costa Rica y Chile podrían llegar a Galápagos arrastradas por las corrientes.

El Ministerio de Ambiente, a través del Parque Nacional y de la Agencia de Bioseguridad de Galápagos, mantienen controles estrictos de los barcos de carga y turismo y “tenemos la obligación de pedirles que se retiren de la reserva” en caso de encontrar algún tipo de contaminación, aseguró Carrión.

También en su lucha contra la contaminación, en 2012 se trasladaron 35.000 neumáticos en desuso desde Galápagos al Ecuador continental.

En paralelo con la limpieza de las costas, las autoridades de Galápagos desarrollan estrategias de comunicación.

“Es necesario que creemos conciencia ambiental entre quienes residimos en Galápagos y así poco a poco vamos a ir exportando esta conciencia ambiental al Ecuador continental y al mundo entero”, comentó Carrión.

Consideró que Galápagos tiene que ser un ejemplo no solo en temas de conservación sino “en forma de vida sustentable”, por lo que se congratula de que la población haya aceptado “de buena manera” las acciones para evitar el uso de plásticos, un enemigo que no conoce fronteras.

Por Susana Madera

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