Ana de Blas
Licenciada en Bellas Artes y en Periodismo


“Ser un hombre es, de entrada, hallarse en una posición que implica poder”. La frase de Pierre Bourdieu podría colocarse bajo la palabra “Museo” en la portada de piedra del Bellas Artes de Bilbao y eso quizá ayudaría a entender las fotos oficiales en esta decana institución. Con traje y corbata, prohombres en fila, posan ante las cámaras. Es la foto del poder, que se repite entrado el siglo XXI en la cúpula del arte, en la esfera judicial, en los consejos de administración, en las conferencias de rectores, en los ilustres colegios profesionales. En este febrero de 2019, bajo el cielo gris de la ciudad vasca, un puñado de activistas enfundadas en monos azules monta una acción simbólica contra esta política de cuotas masculinas cercanas –cuando no absolutas– al 100 por cien de la representación. Ellas son parte del colectivo activista Plataforma A que, como unas “Guerrilla Girls” de Euskadi, fue creado por profesionales del arte y la cultura ante la necesidad de reivindicar la igualdad de derechos de las mujeres en el mundo artístico.

Acción “La foto del poder”. Plataforma A . Febrero 2018

Vigilante, escultora, limpiadora, fotógrafa, irakasle (profesora), comisaria, artista, asistenta. Rostros tapados por pelucas de colores, ropa manchada. Esta es la vestimenta de las “otras” frente a los encorbatados del arte. “Nuestra acción, frente a esos hombres con poder, entra también en el discurso de clase, dando foco a los trabajos invisibles que, esos sí, están feminizados. Un museo no se sostiene sin todas estas trabajadoras”, explica Txaro Arrazola-Oñate, artista y profesora en la facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco y una de las impulsoras de Plataforma A.

Acción “La foto del poder”. Plataforma A . Febrero 2018.

La foto del poder

Las imágenes que recoge el colectivo son elocuentes, como la foto del Patronato del Museo en fecha tan reciente como 2016: ni una sola mujer en una de las instituciones más importantes de la Comunidad. Desde entonces a hoy, apenas ha habido pequeños cambios. “La asimetría de género es brutal”, afirma Arrazola, para el caso del museo bilbaíno, si bien tampoco se acercan a la paridad otras entidades artísticas importantes de Euskadi. Así, según contabiliza la plataforma, entre 2000 y 2015, el Guggenheim Bilbao apenas programó un 11,5% de exposiciones individuales de mujeres artistas, el Museo Artium de Vitoria-Gasteiz (abierto en 2002), un 15% y la “oveja negra”, el Bellas Artes, un exiguo 1%. Tales datos llevan a la reflexión si se considera que son los centros más visitados del País Vasco y que tanto la pionera ley autonómica de igualdad –de 2005– como la ley estatal de 2007 sencillamente, no se cumplen. Tampoco el Documento de Buenas Prácticas en Centros de Arte, firmado por el Ministerio de Cultura y las asociaciones hace ya más de diez años, se respeta siempre. Según este compromiso, los nombramientos deben ser designados por el procedimiento de concurso, en convocatoria pública y con un proyecto artístico presentado.

Patronato del Museo de Bellas Artes de Bilbao, a finales de 2016.

La web del colectivo califica la colección del Bellas Artes de Bilbao como “construida a lo largo de los años con una visión excluyente”. Pero no es solo la herencia histórica lo que pesa, es que tampoco las gestiones presentes se acercan al mínimo equilibrio. Plataforma A da cuenta de una: la exposición “ABC” de este museo, en la que cada sala está dedicada a una letra del alfabeto, muestra al público un irrisorio 3,5% de obras de mujeres. Como concluye el colectivo, en este juego alfabético donde manda la O, desde la Plataforma A “diríamos que el Arte de Arrinconar la obra de Artistas mujeres es Antiguo, es Aburrido, tiene un sesgo de marcado carácter Androcéntrico y Acentúa la perpetuación de la narración hegemónica del Arte”.

La Barbe, Guerrilla Girls y Femen, reunidas en París en 2016. Foto: Marie Docher.

Suspenso en igualdad

Mientras los prohombres anudan sus corbatas, sus presupuestos y sus programas, cientos de chicas jóvenes se ponen sus monos de trabajo o acarrean sus carpetas tras los muros de las Facultades de estudios artísticos. En la base de la pirámide ellas son mayoría. Al acabar el curso 2017-18, en el conjunto del Estado se graduaron 70 mujeres por cada 30 hombres en Bellas Artes, 68 frente a 32 en Historia del Arte y 76 frente a 24 en Restauración y Conservación. 

El suspenso en igualdad es un hecho en el sistema español del arte por estos y muchos otros indicadores, como desde hace años manifiesta la asociación Mujeres en las Artes Visuales (MAV).

Todo está ya listo para una nueva edición de Arco –del 27 de febrero al 3 de marzo, en Madrid–, la principal feria de arte contemporáneo del país. Según los informes de MAV, del total de artistas representados en la edición de 2018, solo hubo una presencia de un 25% de mujeres. Las artistas españolas, apenas estuvieron presentes con un 6%. ¿Tendrá algo que ver con que la mayoría de los miembros del Comité Organizador fueran hombres? Para Arco 2019, aunque ya figura Maribel López como codirectora junto a Carlos Urroz, hay un 71% de varones en dicho Comité entre los representantes de las galerías, los de las instituciones y los de Ifema. También según MAV, en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), entre 2011 y 2015 solo expusieron un 18% de mujeres. En cuanto al reconocimiento a las artistas, la brecha de género también es bochornosa: así, de los Premios Nacionales de Bellas Artes, solo el 18% se concedieron a mujeres; de los Premios Velázquez, el 25%; de los Nacionales de Fotografía, el 21%.

Acción “La foto del poder”. Plataforma A . Febrero 2018.

Cristina Nualart, del Departamento de Historia del Arte de la Universidad Complutense, es la autora de un reciente estudio estadístico sobre el sesgo de género en el más destacado museo de arte contemporáneo del país, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), en Madrid. Desde el año 2000, “en las exposiciones temáticas prevalece un inamovible dominio masculino, con una media de casi un 80% de artistas hombres frente a un 15% de artistas mujeres. Apenas un 12% de las colectivas realizadas en el siglo XXI alcanzan una situación de paridad, lo que sugiere que el museo además de ascensores de cristal, ha puesto un techo de cristal”, escribe esta investigadora.

El mundo del arte es, con todo lo expuesto, lo que la crítica feminista llamaría un sistema patriarcal. En realidad, cualquier ciudadano puede entender la falta de justicia social que supone este statu quo. Pero, lo que le pase a las artistas, ¿es importante para nosotros? Arrazola no tiene dudas: “El arte importa a toda la sociedad porque crea imaginarios. Los artistas hablamos del mundo en que vivimos. Si las artistas no están representadas, las experiencias de las mujeres son invisibles. Ellas hacen de espejo para otras. Pasa igual con las aportaciones de otras culturas, distintas a la europea”. No debería olvidarse que un museo tiene, entre sus funciones primordiales, que educar a la gente.

 

Agentes de cambio

Txaro Arrazola-Oñate

“La foto del poder” es la última de las muchas acciones que Plataforma A lleva a sus espaldas. “Nuestra actividad ayuda a cambiar algunos programas culturales, aunque sea solo porque los responsables saben que estamos ahí”, indica Txaro Arrazola, en referencia a este grupo vivo tras nueve años de activismo. “Hay otros muchos colectivos que nos sirven de inspiración. Ya en los 80 estaba Polvo de Gallina Negra, en México. Y también están las Pussy Riot, en Rusia, La Barbe, en Francia, y por supuesto las más conocidas, las Guerrilla Girls. Estas acciones de mujeres de las artes ya forman parte de la tradición del arte feminista”, continúa la artista y profesora vasca. “Ahora hay quien habla de artivismo, aunque muchas veces este neologismo se banaliza, se usa como una moda”. En cualquier caso, las acciones, y las performances, son prácticas artísticas en las que las obras de las mujeres –Carolee Schneemann, Lorena Wolffer, Regina José Galindo… u otras muchas– son fundamentales. “Muchas veces, en relación al propio cuerpo de la mujer, las imágenes estereotipadas”, explica.

Acción “Asalta”. Plataforma A . 2013. Foto: Diana Terceño.

Tanto Nualart como Arrazola y otras muchas voces, de la academia al activismo, la gestión o el comisariado, expresan la necesidad de un cambio de modelo si queremos no solo cumplir las leyes, sino ganar en igualdad real y abrir la mente a la verdadera diversidad del mundo. No es casualidad que en la conversación con la artista vasca salgan los nombres de la catedrática de Antropología del Arte Lourdes Méndez y del comisario independiente Xabier Arakistain, dos referencias en el conocimiento del arte feminista. Ambos coordinan desde hace años los cursos Perspectivas Feministas, en los que se han dado cita la directora de la Tate Modern, Frances Morris, la histórica Judy Chicago o las propias Guerrilla Girls. El comisario es el impulsor de un modelo de gestión, en su etapa al frente del Centro Cultural Montehermoso de Vitoria-Gasteiz, entre 2006 y 2011, que al cabo del tiempo es reivindicado como un ejemplo pionero. El “modelo Montehermoso” aplicaba cuotas, usando el sexo como criterio curatorial, pues para Arakistain esto es de por sí como un “agente corrosivo” con capacidad de transformación. Un criterio que es compatible con otras estrategias, además de la inclusión de mujeres artistas, de las que surja un nuevo concepto de arte. Para la Plataforma A, aquella experiencia demostró que se puede hacer una política inclusiva, incorporar la igualdad, y al mismo tiempo ganar en calidad.