Carlota Ruiz Bautista
Abogada Medioambiental de IIDMA

¿Tienen las instituciones financieras en sus manos una de las claves para lograr mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1,5ºC? Durante la COP25 celebrada en Madrid han tenido lugar una serie de eventos y conferencias donde se ha debatido mucho acerca del papel de las instituciones financieras y su poder para redirigir o acelerar el curso de una transición hacia un modelo descarbonizado y contribuir a la lucha contra cambio climático. Tanto en las Zonas Azul o Verde de la COP25 como en la Cumbre Social celebrada en la Universidad Complutense de Madrid el papel de bancos, inversores institucionales y aseguradoras ha sido tema central de las discusiones.

La conclusión repetida entre los participantes en las diferentes charlas fue claro: para lograr un cambio profundo en el sistema productivo y una transición energética a energías renovables es necesario que los flujos financieros se redirijan hacia los sectores más sostenibles. Los bancos e inversores institucionales, que controlan gran parte de los flujos financieros a nivel global, tienen un papel fundamental en el desarrollo de las industrias más contaminantes, y por ello pueden tener también un rol central a la hora de desarrollar los sectores más sostenibles.

Así, un reciente análisis de las organizaciones Urgewald, 350, Banktrack e IIDMA alertaba este mes de que los bancos e instituciones financieras, a pesar de haber aumentado el nivel de ambición de sus políticas y de haberse comprometido en la lucha contra el cambio climático, han financiado a empresas que planean construir nuevas centrales de carbón entre los años 2017 y 2019. La cantidad invertida en estas empresas contaminantes asciende a alrededor de 745 mil millones de dólares. Para hacernos una idea de la elevada cantidad de dinero que esto supone y el poder que puede tener a la hora de que una industria se desarrolle, está bien tener en mente que el coste total de organizar la COP25 en Madrid, que incluía el patrocinio de algunos de estos bancos, se estimó en 50 millones de euros según datos del Ministerio para la Transición Ecológica.

En concreto, los bancos españoles concedieron 1.410 millones de dólares en concepto de préstamos a empresas de carbón. Encabezados por el Banco Santander (871 millones de dólares), se pueden encontrar en la lista de financiadores La Caixa (283 millones), BBVA (207 millones) y Novo Banco Gestión (49 millones). La mayoría de estos bancos han anunciado su compromiso a la hora de lograr cumplir con los objetivos del Acuerdo de París, algo que no se podrá alcanzar si se continúan construyendo nuevas centrales de carbón y no se cierran todas las centrales de carbón a nivel global en 2040, a más tardar.

Las aseguradoras, por su parte, también juegan un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático. En el año 2019, las empresas aseguradoras que han retirado su apoyo al carbón se ha duplicado, como mostraba un estudio de Unfriend Coal presentado al principio de la COP. La tendencia al abandono del carbón se ha acelerado entre las compañías de seguros: 17 de las mayores aseguradoras del mundo, con el control del 46% del mercado de reaseguros y el 9,5% del mercado de seguros primarios, han aprobado ya políticas de abandono de este combustible. Además, la mayoría se niega a asegurar nuevas minas y centrales de carbón. Si bien la tendencia es positiva, aún falta ambición, ya que no todas las compañías aseguradoras se han comprometido a dejar de asegurar proyectos de carbón y desinvertir de este sector.

¿Cómo podemos obligar a las instituciones financieras a dejar de financiar estas industrias contaminantes y favorecer así el desarrollo y la inversión en empresas sostenibles? Una de las claves es la información. Las inversiones en combustibles fósiles no son rentables y tienen altos riesgos. Existen normativas dirigidas a obligar a las compañías y entidades a que reporten sus riesgos climáticos, como el caso de la Ley 11/2018 de 28 de diciembre, que incorpora al derecho español los preceptos de la Directiva de Información No Financiera de la UE. Debemos pedir a entidades financieras y compañías que cumplan la ley y sean transparentes con estos riesgos climáticos de cara a sus accionistas: es crucial que estos sean conscientes del riesgo que existe para sus inversiones para que presionen a las entidades para dirigir los flujos financieros hacia una economía baja en carbono.

Asimismo, esto debe acompañarse por políticas públicas orientadas hacia esta transición, que impidan otorgar incentivos perversos a las compañías que contaminan mediante ayudas o subvenciones públicas, y una fiscalidad verde que haga que las inversiones en actividades contaminantes dejen de ser rentables.

Las entidades financieras y aseguradoras tienen el poder de impedir que se sigan desarrollando las industrias más contaminantes elaborando políticas más ambiciosas que impidan la financiación a combustibles fósiles a la vez que acompañan a sus clientes en la transición hacia un modelo de negocio respetuoso con el planeta.