Cynthia Duque Ordoñez


Cuando el frío del invierno parece acontecernos guarecido al doblar la siguiente esquina -alusión a la crisis del modelo económico capitalista del próximo año- y meses después de que una mujeres cultas, valientes e inteligentes dieran las claves para entender la crisis política, respecto a los derechos de las mujeres y de las niñas se refiere, en la Escuela feminista Rosario Acuña celebrada el pasado mes de julio. Aquellas mujeres son denunciadas por “fomentar el odio” a las personas transgénero amparados en fragmentos sin contextualizar de coloquios y debates que tuvieron lugar a lo largo de varios días. El denunciante es el ejecutivo autonómico catalán quien no parece preocuparse por el aumento de la prostitución en Cataluña, región que se ha convertido en el prostíbulo de Europa con el apoyo del ayuntamiento de Barcelona, mecenas del anulado sindicato proxeneta OTRAS, ni tampoco por el tráfico ilícito de bebes y explotación reproductiva de mujeres en riesgo de exclusión social en Ucrania por ciudadanos españoles a través de empresas españolas siendo un delito en nuestro país.

Las casualidades no existen. Esta denuncia llega cuando el feminismo hace temblar a los pilares del patriarcado derribando sus cimientos construidos por roles de género y prejuicios.

El sexo más que pese al patriarcado es innato y no determina nuestros gustos, aspiraciones o metas vitales en contra de lo que defendían los biologicistas del pasado que asignaban roles femeninos ligados a la maternidad, la sencillez o la sumisión a las mujeres. No se es menos hombre por expresar sentimientos o menos mujer por ser competitiva. No se deja de ser un niño por jugar con muñecas, ni se es un niño por no querer llevar vestidos.

Marx nos diría que «las personas hacen su propia historia, pero no lo hacen como quieren, no la crean bajo circunstancias elegibles por ellos mismos, sino bajo las circunstancias en las que se encuentran directamente, que existen y que les han sido legadas por el pasado» lo cual aplicado a las mujeres reafirma y contextualiza a Beauvoir en su famosa afirmación «no se nace mujer, se llega a serlo» en El Segundo Sexo en aras de criticar toda esa esencia atribuida a las mujeres, a las hembras humanas, compuesta por una idea de mujer caprichosa, presumida, coqueta, frívola, sumisa, obediente o cariñosa que se ha perpetuado desde los albores de la historia. Esa identidad distorsionada de la realidad es una construcción social.

En su libro Beauvoir analiza la realidad material y encuentra cuál es el punto de referencia del sistema patriarcal situándolo en lo “masculino” frente a las “otras”, en la periferia de lo humano; es decir, se describe o define a la mujer según su proximidad al punto de referencia (hombre), aquel resultado de la dominación de los hombres sobre lo “otro” con la finalidad de controlar aquello que la biología les ha denegado, me refiero a la capacidad potencial de gestar. La salvaguarda de la línea sucesoria paterna ha sido hasta nuestros días sostén del machismo y en buena medida de la discriminación social en el sistema de clases capitalista.

Las mujeres no elegimos serlo, sino que nacimos hembras humanas con capacidad potencial para perpetuar la sucesión y de ahí la imposición de roles de género. Por ese motivo el feminismo como movimiento político rebelde contra el capitalismo tiene el objetivo de analizar materialmente los problemas y reivindicaciones de las mujeres y niñas con la finalidad de combatir la opresión por razón de sexo. Somos su único sujeto político y protagonistas del movimiento político de clase que en los últimos cincuenta años ha levantado a las masas en Occidente.

Nos quieren sumisas, calladas y asustadas, pero por mucho dinero que se gasten en interponer denuncias sin fundamento contra aquellas que alzan la voz en foros de debate ejercitando su libertad de expresión e información no lo conseguirán pues sabemos que buscan retrotraer siglos la posición jurídica, económica y social de la mujer, empleando maquiavélicamente documentos descontextualizados con la finalidad de traficar con nuestros cuerpos y explotarlos en su provecho una vez que se distorsione y borre el significado de ser mujer sin trazas de roles y prejuicios como paso previo a invisibilizar a las niñas, las mujeres y a sus problemas originados por la discriminación sexual.

«No olvidéis jamás qué bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Esos derechos que nunca se dan por adquiridos. Debéis permanecer vigilantes durante toda vuestra vida» Simone de Beauvoir.

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