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La piangüa se está acabando no sé qué está pasando, será por castigo de Dios, o mal manejo que le estamos dando”, canta en el mejor estilo de la música del pacífico colombiano un grupo de mujeres del río Naya, al sur de Buenaventura, el puerto marítimo más grande de Colombia en esa costa y un centro de actividad comercial naviera.

“Piangüa” es el nombre local de un molusco que habita en las raíces de los manglares en la cuenca del río Naya, también conocida como berberecho del mangle.

Tradicionalmente, las mujeres afrodescendientes cosechan esta especie y la venden en el mercado local a precios muy bajos como su principal fuente de ingresos. En la capital, Bogotá, y otras grandes ciudades, se consideran un manjar.

Las mujeres “piangüeras” notaron una reducción hasta del 50% de la cantidad de estos moluscos, después de que pescadores del área decidieran comenzar a recolectarlo también al ver que la cantidad de peces también había disminuido.

“Entonces se pensó que mejor era hacerle veda, como se  hace al pescado. Para que haya más, se dan dos meses de veda. Entonces, cuando ya las mujeres vamos al piangüero,hay más cantidad”, asegura Marciana Panameño, miembro de la Asociación de mujeres Piangüeras del Río Naya, que se creó en 2007 para hacer frente a la degradación rampante de los manglares.

Las participantes recibieron capacitación en gestión sostenible de los recursos naturales por parte de la autoridad ambiental regional así como la ayuda del Programa de Pequeñas Donaciones para buscar otros medios de ingreso y no sobreexplotar el ecosistema.

“Nuestro proyecto se trata de cuidar el manglar y las piangüas, hemos venido trabajando hace mucho rato haciendo descansos de vedas, sembrando mangle. Las mujeres piangüeras estamos divididas por cinco comunidades que dependemos de la piangüa”, explica Elfrida Celorio.

Las comunidades acordaron vedas o cierre de cosechas de uno a dos meses, y se dividieron el manglar, para darle tiempo a la piangüa de restablecerse y evitar conflictos.

“Antes de este proyecto estabamos como niñas, peleando entre nosotras mismas. Ahora,estamos mucho más confiadas de nuestras capacidades y nos apoyamos”, afirma Ana Francisca, otra de las participantes.

Con ayuda del Programa de Pequeñas Donaciones, implementado por PNUD, han desarrollado actividades alternativas de producción sostenibles para mantener los ingresos durante los cierres de cosecha y fortalecer sus propias capacidades organizativas.

“Entonces mientras que la piangüa está en descanso tenemos otra unidad productiva, trabajamos con las mujeres en lo que es la panadería. Ahí luchando unidas hemos sacado la panadería adelante trabajando. Cada dos meses le hacemos el descanso a la piangüa y le hacemos los monitoreos, y acá en la panadería trabajamos por grupo”, explica Eva Liseth Garcés.

Además de tres panaderías locales, las mujeres también establecieron un huerto que ya ha rendido más de tres rondas de cosechas asegurando alimentos para la comunidad durante todo el año. También crearon un depósito de peces con una instalación que utiliza energía solar para la refrigeración, y hasta un pequeño restaurante que ha demostrado ser rentable.

El grupo de piangüeras son un ejemplo más de cómo las mujeres son capaces de organizarse en armonía y dar mayor importancia a la gestión de los recursos naturales a largo plazo y a la explotación sostenible de los ecosistemas.

¨Nosotras queremos a futuro seguir creciendo y ser una sociedad de mujeres que nos ayudemos para ser grandes¨, concluye Eva Liseth.

Basado en un reportaje de Laura Quiñones para las Naciones Unidas


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