El “Día de la Ira” reunió a miles de personas en la simbólica Plaza de los Mártires, en Beirut al grito de “Dimisión”. Manifestantes y policías se enfrentaron en la capital libanesa en el marco de una protesta en la que miles de personas exigen cambios políticos tras la explosión registrada el martes en el puerto de Beirut, que ha causado más de 150 muertos y 5.000 heridos.

El Líbano ya estaba envuelto en un colapso económico antes de la explosión del martes que arrasó con su puerto principal, destruyendo los silos de granos. La comunidad internacional ya envió suministros médicos y alimentarios de emergencia al país y destinará decenas de millones de dólares en fondos.

Los libaneses y libanesas han llegado a su límite. El hotel Le Gray quedó en el medio de las protestas y un grupo de manifestantes prendieron un fuego a sus puertas. Esta manifestación, según la Cruz Roja libanesa, dejó 238 heridos, de los cuales 63 han sido hospitalizados y 175 ha recibido tratamiento médico en el lugar por lesiones de diversa consideración.

Durante las protestas, varias docenas de personas que marchaban por la capital irrumpieron en los ministerios de Asuntos Exteriores, Economía y Medio Ambiente. El ejército libanés lo desalojó el sábado por la noche. Los manifestantes, liderados por oficiales retirados del ejército, habían tomado el edificio y proclamado “sede central de la revolución” durante la lectura de un manifiesto antigubernamental en la capital libanesa.

Otro grupo tomó por asalto la sede central de la Asociación de Bancos en el centro de Beirut, y le prendió fuego antes de ser desalojado por el ejército, según un fotógrafo de la AFP en el lugar. “¡Abajo el reino de los bancos!”, gritaban los movilizados.

Horas después de que las primeras protestas sacudieran a Beirut, el primer ministro de Líbano, Hassan Diab, prometió celebrar elecciones anticipadas, ya que su asediado gobierno enfrenta llamados a renunciar. Diab dijo que introduciría una ley que convocaría elecciones anticipadas y aseguró que permanecería en el gobierno durante dos meses hasta que los principales partidos puedan llegar a un acuerdo.