“En los últimos meses, numerosos niños y jóvenes de todo el mundo han salido a las calles para exigir sus derechos.

Aunque cada contexto es diferente, desde Oriente Medio hasta América Latina y el Caribe, así como en Europa, África y Asia, los jóvenes piden que se actúe contra la crisis climática, que se ponga fin a la corrupción y la desigualdad, que se mejore la educación y las oportunidades de empleo, y que el mundo sea más justo para todos, en todas partes.

Por lo tanto, resulta una ironía desgarradora que, mientras defienden sus derechos fundamentales, a muchos niños y adolescentes se les esté privando al mismo tiempo de esos mismos derechos.

Muchos jóvenes manifestantes han sido arrestados, heridos o incluso asesinados durante estas protestas. También se han cerrado escuelas y se han interrumpido los servicios públicos.

El derecho de reunión y a la libertad de expresión de los niños, que incluye la participación en manifestaciones pacíficas, están consagrados en la Convención sobre los Derechos del Niño, el tratado de derechos humanos más ampliamente ratificado del mundo. Corresponde a los Estados miembros la responsabilidad de garantizar que los niños puedan ejercer este derecho de manera segura y pacífica.

Todas las partes involucradas deben abstenerse de la violencia, y asegurar la aplicación universal de las garantías fundamentales de protección de la infancia, incluso en tiempos de disturbios civiles o de conflictos armados.

Les ruego que protejan a los niños de la violencia y respeten su derecho a hablar y a ser escuchados. Denles la oportunidad de expresar de manera significativa sus preocupaciones y de participar en asuntos que afectan su futuro. Escúchenlos y respondan de acuerdo con sus principios, de manera constructiva y mostrando su apoyo”.