Yolanda Martín. Secretaria de Mujer y Políticas de Igualdad de CCOO de Castilla y León.
*Artículo publicado el 03/06/2020

HEMOS VISTO en los últimos datos de la Encuesta de Población Activa, que en una Comunidad Autónoma como Castilla y León, los datos de temporalidad, y sobre todo de contratación parcial se están incrementando de una forma alarmante hasta llegar a porcentajes insólitos.

Habrá que esperar al próximo trimestre para ver como esta situación de crisis sanitaria, está afectando sobremanera a las mujeres y mucho nos tememos que ellas serán quienes paguen las consecuencias de la pandemia. Muchas han tenido que volver a sus casas para poder hacerse cargo de menores y mayores dependientes porque con el cierre de las escuelas infantiles, centros educativos y centros de mayores, y en tanto no se establezca un mecanismo que facilite la conciliación, se han visto obligadas a suspender sus contratos de trabajo con la consiguiente pérdida de salarios y que las aboca nuevamente a situaciones de pobreza en su jubilación. Y esto en el mejor de los casos ya que después del estado de alarma se prevé que una parte de ellas, aquellas cuyas empresas no hayan podido acogerse a un ERTE, no van a poder volver a su trabajo bien porque la empresa ha desaparecido o porque sencillamente, van a prescindir de ellas.

Ahora cabe preguntarnos, ¿no es ésta una coyuntura singular para reivindicar claramente el papel de los cuidados en esta sociedad? ¿No es éste el momento para plantearnos una justa valoración de esos sectores “feminizados” que con motivo de esta situación se han mostrado esenciales y fundamentales en nuestro Estado de bienestar? Desde hace mucho tiempo, las secretarías de Mujeres de Comisiones Obreras visibilizan, por un lado, que los problemas de conciliación no son únicamente de las mujeres y, por otro, que es necesario introducir una mejora de los derechos de estas trabajadoras precarias y de atender a una justa valoración de sus puestos de trabajo.

Quisiera referirme por un lado a esas ocupaciones relacionadas con el sector agroalimentario, trabajo de campo y ganadería (ligado al medio rural), trabajo en fábricas de productos alimenticios, trabajo en alimentación al por mayor y al por menor en distintos puestos; y, por otro lado, a las ocupaciones relacionadas con el sector de cuidados: trabajadoras del ámbito sanitario, tanto del sector público como del privado, trabajadoras en residencias de la tercera edad y centros de día, trabajadoras de centros especiales, trabajadoras del sector de la limpieza, empleadas de hogar, trabajadoras de ayuda a domicilio etc..

Todos ellos son empleos feminizados, en sectores con una gran precariedad salarial, con poca protección social y laboral, infravalorados, no reconocidos socialmente, y algunos de ellos con una alta tasa de economía sumergida y que ahora han resultado esenciales para mantener nuestro Estado de bienestar tal y como lo conocemos.

A todo esto cabe añadir un elemento común a todas las mujeres trabajadoras y es la asunción en una medida desproporcionada en relación a nuestros compañeros hombres de todo el trabajo invisible que realizamos dentro del hogar y que en estos momentos de pandemia han seguido recayendo sobre nuestras espaldas perpetuando de nuevo los roles de género. Es una necesidad inmediata que se establezcan medidas de conciliación corresponsable que distribuyan el peso de los cuidados y labores del hogar entre las familias de una forma igualitaria.

Es por esto que desde CCOO no podemos retroceder ni un paso en nuestras pretensiones, en nuestras exigencias a las Administraciones Públicas para que lleven a cabo políticas públicas justas encaminadas a robustecer el actual sistema ahora que ha quedado en evidencia su fragilidad, dirigidas a visibilizar, dignificar y poner en valor estos trabajos esenciales, los trabajos y las personas que los realizan.

Las políticas de igualdad son ahora más que nunca una prioridad porque una sociedad justa debe ser igualitaria para poder llamarse así.

No podemos pasar por esta difícil situación sin darnos cuenta de que debemos volver a una normalidad diferente, una normalidad que siempre debía de haber sido así en la que la salud de las personas y su cuidado estén en el centro de todas las políticas públicas, y para ello es necesario fortalecer y consolidar un Estado de bienestar donde las personas que trabajan en estos ámbitos sean consideradas adecuadamente, poniendo en valor su trabajo y mejorando sus condiciones laborales y acompañadas de unas políticas de conciliación corresponsable que establezcan un reparto justo e igualitario de las responsabilidades en el ámbito privado.

No lo pasemos por alto.