Shutterstock / Antonio Marquez Lanza

Durante el estado de alarma decretado en España durante la pandemia surgió el colectivo Coronavirus Makers. Sus redes de voluntarios diseñaron, imprimieron y distribuyeron equipos de protección individual y materiales sanitarios impresos en 3D. El éxito se debió la existencia de un asociacionismo previo a la crisis sanitaria y el uso intensivo de formas de coordinación a través de aplicaciones como Telegram.

Esta experiencia, voluntaria y autogestionada en la mitad de una situación de urgencia, fue positiva. Por eso, ahora nos preguntamos si se podrían utilizar las tecnologías de impresión 3D de forma más institucionalizada, con mayor acceso a mejor información, coordinación y recursos para combatir esta y futuras pandemias.

Si una labor voluntaria fue capaz de ayudar a frenar la curva, una organización profesional podría hacer de la impresión 3D y la producción deslocalizada una forma de producción estratégica. Esta podría complementar o incluso sustituir la producción industrial de bienes de primera necesidad.

Esta hipótesis puede ser especialmente relevante en entornos complejos. Pongamos el ejemplo de un campo de refugiados. Las condiciones de hacinamiento, la falta de recursos y el acceso limitado a medios que garanticen una higiene adecuada hacen de estos entornos un escenario donde las pandemias pueden descontrolarse. Al mismo tiempo, estos lugares sufren problemas logísticos para adquirir recursos externos y de logística interna para repartirlos. Algunos suburbios de grandes ciudades de países en vías de desarrollo comparten estos riesgos.

Un reto en países en vías de desarrollo

¿Podría la producción deslocalizada mediante tecnologías de impresión 3D ser una solución rápida y de bajo coste para combatir la pandemia?

Como todas las preguntas importantes, la respuesta es complicada y no puede reducirse a un sí o un no.

En primer lugar, la impresión 3D precisa de un flujo adecuado de suministro eléctrico continuo, algo que no siempre puede garantizarse en estos escenarios.

Mascarillas para UCI impresas en 3D y diseñadas por la comunidad Coronavirus Makers. Coronavirusmakers, CC BY-SA

El material de impresión también debe superar las dificultades logísticas. Aun así, es más fácil transportar un único material acumulable en el maletero de un vehículo o la parte trasera de una bicicleta, para transformarlo luego en otros objetos, que un envío múltiple de diferentes recursos.

Por otra parte, cualquiera que haya utilizado una impresora 3D sabe que algunas máquinas son sensibles al movimiento y la calibración. Los espacios habilitados tampoco abundan en este tipo de contextos. Obtener repuestos puede ser muy complicado, lo que paralizaría la producción varios días por un golpe, humedad o problemas similares.

Por último, los diseños deben realizarse en equipos informáticos que comparten estos problemas de despliegue. Existe la posibilidad de diseñar a distancia, pero para ello necesitaremos internet, algo que puede ser tan problemático como el suministro eléctrico. Además exige otro tipo de conexión: con la realidad social y sus necesidades.

Sin embargo, todas estas dificultades se pueden solventar con un trabajo de investigación y prototipado adecuado. Las ventajas hacen que valga la pena intentarlo.

Mediante impresión 3D se podrían abordar las necesidades específicas de cada región. Frente a la estandarización de la producción industrial, se podrían combatir las pandemias con el material adecuado que se necesita en cada localidad. Las necesidades en un suburbio de una megaurbe del sudeste asiático, un campo de refugiados, una zona rural subsahariana y la alta montaña andina no son las mismas que en España.

Otra ventaja frente a la producción industrial masiva es que esta está dirigida a los mercados que pueden comprar sus productos, por lo que estos se diseñan para cubrir las necesidades de una población con recursos. La impresión 3D puede diseñar localmente para las necesidades de una población sin recursos para la que no son útiles los productos industriales, incluso aunque le sean entregados en donación.

Protectores para sanitarios desarrollados por la iniciativa. CoronavirusMakers

También se evitarían los desabastecimientos provocados por las subastas entre países para hacerse con los envíos desde las industrias deslocalizadas en la otra punta del mundo.

Además, se crearía un conocimiento acumulable para futuras pandemias. Parte de lo aprendido en la lucha contra el COVID-19 mediante impresión 3D podría servir para combatir otras enfermedades, incluso aquellas que llevan tiempo entre nosotros y siguen causando crisis sanitarias en los países en vías de desarrollo.

El uso de la impresión 3D para combatir pandemias no está exento de dificultades y sería un error transmitir la idea de que se puede trasladar mañana mismo esta tecnología a los lugares más afectados como solución de urgencia. Pero con investigación y desarrollo sobre sus posibilidades ofrece suficientes ventajas como para considerar esta tecnología como un camino a explorar en el futuro inmediato.

The Conversation

Rafael Conde Melguizo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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