Las promesas incumplidas de la banca

Frente a las palabras del sector financiero en la cumbre de Glasgow, hay que recordar su apoyo a los combustibles fósiles y su lavado de cara

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El 3 de noviembre se celebró en la cumbre del clima de Glasgow el día de las finanzas, en el que los grandes bancos exponían sus promesas de reducción de emisiones. La Alianza Financiera de Glasgow para el Cero Neto (GFANZ) aprovechó la ocasión para publicar un informe sobre los progresos realizados.

Presume de contar con 300 bancos entre sus filas —con un total de 130 billones de dólares en activos bajo gestión— que se comprometen a alcanzar las cero emisiones netas de carbono, que compensarán lo poco que emitan. Entre ellos se encuentran algunas entidades españolas, como Abanca, Sabadell, Santander, Bankinter, BBVA, Caixabank e Ibercaja. Sin embargo, para la pertenencia a la GFANZ solo es necesario hacer una promesa, ya que no se exige ningún plan que explique las estrategias que se seguirán para alcanzar esa cifra. Además, a pesar de que la alianza da a las entidades un plazo de entre tres o cuatro años para explicar sus planes, aún no lo han hecho.

Por su parte, la organización Reclaim Finance ha publicado el informe No es lo que dices, es lo que haces, contrastando los datos de la alianza. Y sus conclusiones son muy distintas.

El apoyo constante a los combustibles fósiles

Para empezar, desde Reclaim Finance insisten en que es importante desterrar la idea de que los bancos, aseguradoras y otro tipo de entidades financieras no son responsables de lo que se hace con el dinero que ellas mueven. «Esta industria, mano a mano con gobiernos y otras empresas, ha jugado un papel clave en permitir a nuestra economía ser desastrosamente adicta de los combustibles fósiles». De hecho, solo en seis años, desde el Acuerdo de París, los 60 bancos más grandes del mundo han invertido cuatro billones de dólares en la industria de combustibles fósiles.

Desde la organización también denuncian que la alianza no cuente como emisiones de las entidades las que se producen por parte del consumidor final. Es decir, en caso de que un banco financie a una empresa extractora de carbón, que a su vez utiliza el material para crear electricidad, las emisiones finales no cuentan en la responsabilidad de la entidad financiera, a pesar de ser apoyo necesario para que la actividad se lleve a cabo.

El informe critica el hecho de que todo esto se obvie: «Mientras la carrera hacia el cero en emisiones (Race to Zero) pone énfasis en la necesidad de tomar acciones inmediatas, fracasa a la hora de destacar la acción inmediata más importante que se debe tomar: adoptar políticas para restringir la producción y uso de combustibles fósiles. De hecho, los combustibles fósiles ni siquiera son mencionados en los criterios de Race to Zero. Es como si en una campaña global antitabaco no se mencionaran los cigarrillos».

La ética en la banca

Es muy fácil comprometerse a largo plazo. De hecho, numerosos grupos activistas contra el cambio climático llevan años denunciando que esas promesas hacia 2050 son una potente herramienta para el lavado de cara verde (greenwhasing) de todo tipo de empresas altamente contaminantes, como las energéticas o petroleras. De hecho, como declaró a Infolibre Fernando Prieto, director del Observatorio de la Sostenibilidad y doctor en Ecología, las empresas «que más carbono emiten, como Endesa o Repsol, son las que intentan dar una imagen más verde».

En cuanto a los bancos, puede hablarse también de otros temas, como el caso de aquellas entidades que incluso tienen fundaciones y dicen ayudar a las personas más vulnerables mientras mantienen una política de desahucios desalmada y mientras se niegan a ofrecer sus miles de viviendas vacías como alternativa habitacional o alquiler social, entre otras cosas. Esto por no hablar de la continua financiación de empresas armamentísticas, sin ser responsabilizadas por nada, ya que, como ocurre con los combustibles fósiles, ellas alegan no ser responsables de lo que se haga con el dinero en último término.

Hace años surgió la campaña Banca Armada de mano del Centro de Estudios por la Paz JM Delàs, Setem, RETS, Justícia i Pau y el Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG). Su intención es «denunciar públicamente a las instituciones bancarias que financian la industria militar, con el objetivo de sensibilizar y exigir unas políticas éticas y responsables socialmente». Así, cualquiera puede conocer la cantidad de dinero que cada entidad invierte en armamento, el tipo de armamento y la cantidad invertida en las diferentes empresas de fabricación.

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