Redacción Internacional | Acnur comité español

En una choza con techo de plástico cerca de una cloaca, Sufia Khatun, una refugiada rohingya viuda, está haciendo todo lo que puede para mantener a la familia que ahora encabeza. Su marido, Nur Mohammad, fue atacado con un machete y asesinado cuando fue a investigar el humo y la conmoción en su localidad de Birmania a finales de agosto. Tras huir a Bangladesh, ahora se encarga de sus cinco hijos, el mayor de los cuales tiene 20 años, y su nieto.

“El principal reto es la comida… Las raciones que recibimos cada mes no son suficientes para cubrir nuestras necesidades y tenemos que pedir prestados 10 kilos de arroz a nuestros vecinos”, explica, agachada en el suelo de la choza, con su nieto de tres años, Mohamad Hossen, en su regazo.

Más de 687.000 refugiados de Birmania han huido a Bangladesh desde agosto. Sufia, de 48 años, figura entre las alrededor de 31.000 mujeres refugiadas que encabezan sus hogares, muchas de ellas viudas cuyos maridos fueron asesinados o están desaparecidos en Birmania. Todas se enfrentan a retos que intimidan mientras empiezan de nuevo en esta ‘ciudad’ emergente de frágiles refugios de bambú, actualmente el mayor asentamiento de refugiados del mundo.

Khatemunnesa, de 40 años y madre de ocho hijos, vive en una choza de bambú y coberturas de plástico. Su marido Rahmat Ullah, de 50 años, fue asesinado cuando una turba prendió fuego a su aldea natal hace seis meses.

Le preocupa la inminente temporada de lluvias y cómo preparará su frágil vivienda para el monzón sin Rahmat y su yerno, al que vio cómo atacaban en su patio delantero cuando huía para salvar su vida. “Reforzar el refugio es algo de lo que mi marido se habría encargado antes y ahora, con el monzón que llega, tengo que hacerlo yo misma”, lamenta.

Otras tienen diferentes preocupaciones. Rehena Begum, de 45 años, dice que necesita leña para cocinar pero teme enviar a sus hijas adolescentes a buscar el cada vez más escaso combustible en la maleza en torno al asentamiento, que no considera seguro.

“Ahora son ya mujeres y temo enviarlas fuera”, dice sobre sus hijas, de 17 y 18 años. “Ya estaban aterrorizadas por la violencia en Birmania. He visto cosas humillantes”, afirma, en alusión a violaciones y abusos sexuales, y “tengo miedo de que salgan”.

En el vasto asentamiento, que tiene una población más grande que la tercera ciudad de Francia, Lyon, la diferencia entre simplemente sobrevivir y lograr la estabilidad para retomar sus vidas está continuamente en la balanza.

 

RECUPERAR LA CONFIANZA EN SÍ MISMAS

Para mejorar la situación, el Gobierno de Bangladesh, apoyado por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y sus socios, está trabajando para ofrecer a viudas como Sufia, Khatemunnesa y Rehena ayuda y apoyo, así como para recuperar la confianza en ellas mismas destruida con los hogares, los seres queridos y las vidas perdidas en Birmania.

“Es muy importante devolver a las mujeres refugiadas, particularmente a las viudas y a las madres solteras, la fuerza que tenían antes para salir adelante y dirigir una familia”, explica la auxiliar de protección de ACNUR Shirin Aktar.

“Tenemos que empoderarlas, tenemos que darles las capacidades y darles la confianza y la dignidad para seguir adelante con sus vidas, porque nosotros no estaremos ahí para darles apoyo siempre”, subraya.

Se estima que alrededor del 16 por ciento de las familias refugiadas rohingya en Bangladesh están encabezadas por madres solteras. El Gobierno de Bangladesh, ACNUR y otros socios están ofreciendo varios tipos de asistencia, incluido refugio más seguro, atención sanitaria, asesoramiento y acceso a espacios para la infancia y las mujeres. También hay disponibles talleres de formación para ayudar a las mujeres a aprender capacidades y ganar un ingreso vital cosiendo, fabricando jabones o pasta de dientes.

 

VOLUNTARIOS QUE AYUDAN A LAS MUJERES

Para aquellas que tienen problemas para transportar los pesados paquetes de ayuda o necesitan asistencia para reasentarse en el campamento, refugiados voluntarios están disponibles para transportar las bolsas y las cajas. Los voluntarios también ayudan a las viudas y otras mujeres que necesitan remodelar sus refugios con bambú y coberturas de plástico para soportar el monzón.

Después de que un voluntario remitiera a Khatemunnesa a un punto de información donde habló con ACNUR y personal de Technical Assistance Inc, una agencia socia, dice que supo sobre la formación por primera vez y que le gustaría aprender a coser.

Sufia también tuvo oportunidad de hablar con personal de ACNUR sobre sus preocupaciones y supo sobre la formación en medios de vida. “Me siento mejor tras explicar mi situación”, comenta. “Una vez que una puede ganar dinero, puede llevar la vida que quiere”, añade.

De vuelta a su refugio, que ha hecho confortable con una cortina de flores y alfombras en el suelo, Sufia habla sobre las esperanzas que tiene para su nieto Mohammad Hossen. Quiere que estudie duro “para que pueda prosperar”. Poco a poco, comienza a sonreír.

“Tengo que ser positiva porque si me permito a mí misma preocuparme demasiado, entonces la muerte me atrapará”, afirma. “Hay que tener esperanza, es vital”, asegura.

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