Eduardo Gudynas
Hace unas semanas atrás, en Chile, el presidente Piñera afirmó: “Yo sé que algunos creen que el crecimiento económico no es un elemento central, yo quiero discrepar” (1). A su juicio es indispensable para financiar un aumento del gasto social, y sólo consiguiéndolo se podrá responder al estallido ciudadano. Casi al mismo tiempo, del otro lado de los Andes, el presidente de Argentina, A. Fernández afirmaba que el país primero debe crecer económicamente para poder enfrentar sus dos mayores problemas, la deuda externa y la pobreza (2). En cambio, en Brasil, el presidente Bolsonaro estaba decepcionado en saber que el país creció muy poco (apenas 1,1 % en 2019, o sea por debajo del gobierno anterior; 3). Bolsonaro exige crecer más en este año.

La racionalidad detrás de ello es que el crecimiento económico es la esencia, o al menos es el motor del desarrollo, y que una vez que una economía crece se derraman otros beneficios, tales como asegurar el empleo, acceso a la salud y la educación, o el consumo. Esa idea es muy clara cuando Piñera advierte que “como muchas veces lo hemos dicho, y a veces se olvida, el crecimiento económico es algo fundamental para la calidad de vida de los chilenos”. Dicho de otro modo, el bienestar sólo es posible allí donde crece la economía.

Esta es una concepción muy repetida en América Latina desde inicios del siglo XX. Casi nadie la pone en duda, y los debates están en cómo crecer, y en cómo distribuir los posibles beneficios. Esa fidelidad al crecimiento de Piñera se repite en todos los regímenes políticos, incluidos aquellos que están en un extremo opuesto, como el socialismo del siglo XXI. La adhesión al crecimiento es pegajosa.

En distintos países se sostiene que se arrastra la desigualdad y la pobreza porque no se creció lo suficiente. Pero es justamente el caso chileno el que demuestra las limitaciones de esa presunción, ya que ese país es uno de los pocos que ha mantenido por largo tiempo tasas positivas de crecimiento económico pero nunca se alcanzó el paraíso prometido. Por el contrario, tuvo lugar un estallido social que dejó en evidencia unas tensiones y contradicciones sociales y políticas que se arrastraban por años. Chile, que era exhibido como modelo de crecimiento económico, se convirtió de un día al otro en lo opuesto, el ejemplo de la insuficiencia del crecimiento económico.

Sin embargo, aún en plena crisis, el presidente Piñera vuelve a apostar al crecimiento económico como medicina. Es como si no pudiera asimilar o comprender lo que está sucediendo. Es que la crisis deja al desnudo que el crecimiento económico como posible, continuado e indispensable para el bienestar, es apenas un mito.

Esta creencia tiene una larga historia, que se remonta incluso a Adam Smith, pero que en sus formulaciones más conocidas ya tiene por lo menos un siglo por detrás. Los manuales clásicos de economía están repletos de esos dichos; un claro ejemplo es el texto de W.A. Lewis de 1955 que en inglés era la “teoría del crecimiento económico” y en castellano fue presentado como “teoría del desarrollo económico”. La meta de los gobiernos era crecer, y el crecimiento se mide sobre todo por el PBI. La obsesión era tal que había gobernantes que pedían “sacrificios” para retomar el sendero del crecimiento.

A pesar de toda la evidencia que muestra la fragilidad de ese razonamiento mecanicista, se ha mantenido la fe en el crecimiento de la economía. Eso es lo que transmite en los recientes discursos y planes de muchos gobiernos latinoamericanos. Lo que no se entiende es que ese crecimiento bajo la actual organización de la economía, siempre será desigual. Unos pocos cosecharán más beneficios, unos cuantos se mantendrán más o menos igual, y amplios grupos pueden incluso empeorar. Tampoco entiende que ese crecimiento requiere una continuada extracción de recursos naturales y una sumatoria de impactos ambientales y sociales, que sin duda tienen costos económicos pero que nadie contabiliza ni resta en las cuentas nacionales. Esa distorsión en la contabilidad es la que explica que para la economía convencional muchas de las actividades que alimentan el crecimiento, como los extractivismos, tengan saldos positivos.

El apego al crecimiento es tan pegajoso que se repite más allá de gobiernos y políticos. En ese sentido, es revelador repasar la muy reciente respuesta crítica de CEPAL (4) a un texto en el que comentaba sobre la confesión de ese organismo del fracaso de todas las estrategias de desarrollo (5). En su reacción, donde se regresa a defender el desarrollo, la CEPAL destaca con toda sinceridad que su “visión estratégica” reúne “tres premisas básicas, a saber: crecer para igualar, igualar para crecer, y crecer e igualar con sostenibilidad ambiental.” El crecimiento todo lo domina.

En efecto, esas y otras posiciones son cristalinas: el crecimiento económico es un ingrediente esencial en los modos de concebir el desarrollo. Parece ser que es impensable, e incluso inimaginable, una estrategia que no dependa del crecimiento de la economía. Incluso aquellos estudios que advertían sobre el llamado vínculo intermitente entre el progreso político y el crecimiento, quedaron en el olvido (6). Del mismo modo se desconoce la enorme cantidad de evidencias que muestran que el crecimiento perpetuo no sólo es imposible, sino que genera impactos sociales y ambientales tan severos que ya ponen en riesgo la vida en todo el planeta (7). No habría un futuro viable si persiste la obsesión con el crecimiento económico.

De ese modo, la discusión se centra en cuánto crecimiento es necesario, cómo lograrlo, cómo distribuir sus beneficios, y así sucesivamente. Los problemas no están en las condiciones sociales o en la arena política sino en que el país no creció lo suficiente o ese crecimiento fue desbalanceado, como se está discutiendo ahora en Chile o Brasil. Otras voces, que cuestionan los modos de hacer política, de todos modos razonan apegadas al mismo mito pero postulan un camino distinto suponiendo que puede lograrse ese crecimiento reduciendo la pobreza, como anuncia el nuevo gobierno de Argentina.

Pero casi nadie aborda la cuestión de fondo: ¿las alternativas necesarias deben depender necesariamente del crecimiento económico? ¿Es iluso pensar opciones de cambio más allá del crecimiento? Es más, tampoco se debate si esa obsesión con el crecimiento no sería una de las causas del estallido social.

Si estas interrogantes son válidas, sería más que útil comenzar a pensar el papel que ha jugado el mito del crecimiento en generar la crisis chilena. Ha sido una exigencia que ha estado detrás de decisiones económicas pero también en el comportamiento político. Es un tema esencial, ya que cualquier alternativa de cambio, que realmente asegure el bienestar, requiere comenzar a imaginar lo impensable: despegarse de la obsesión con el crecimiento.

Notas

1. La Tercera, Santiago, 25 febrero 2020, https://www.latercera.com/pulso/noticia/pinera-reitera-la-necesidad-del-crecimiento-economico-financiar-mayor-gasto-publico/1020501-6/

2. Presidente Fernández afirma que Argentina primero debe crecer para luego pagar deuda externa, Xinhua, desde B. Aires, 29 febrero 2020, http://spanish.xinhuanet.com/2020-03/01/c_138831586.htm

3. Bolsonaro cobra Guedes a entregar crescimento mínimo de 2% neste ano, Folha S. Paulo, 21 febrero 2020, https://www1.folha.uol.com.br/mercado/2020/02/bolsonaro-cobra-guedes-a-entregar-crescimento-minimo-de-2-neste-ano.shtml

4. Respuesta a la columna de Eduardo Gudynas sobre la CEPAL, G. Gamú, unidad de información pública, CEPAL, El Desconcierto, 22 febrero 2020, https://www.eldesconcierto.cl/2020/02/22/respuesta-a-la-columna-de-eduardo-gudynas-sobre-la-cepal/

5. El agotamiento del desarrollo: la confesión de la CEPAL, E. Gudynas, ALAI, 14 febrero 2020, https://www.alainet.org/es/articulo/204763

6. Por ejemplo, el muy conocido: La conexión intermitente entre el progreso político y el económico, A.O. Hirschman, Estudios Públicos No 56, 1004, https://www.cepchile.cl/cep/site/artic/20160303/asocfile/20160303183539/rev56_hirschman.pdf

7. Questioning economic growth, P. Victor, Nature No 468, 2010, https://www.nature.com/articles/468370a

-Eduardo Gudynas es analista en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES); seguimiento @EGudynas