En 2005, Yolanda, española, y su marido, italiano, buscaban un campamento para sus hijos, de entonces 10 y 8 años. Dos seminaristas de la orden que habían conocido por casualidad les hablaron de un campus «lleno de actividades, tanto al aire libre como incluida la vida religiosa, con momentos de oración», el Seminario de los Legionarios de Cristo en Gozzano en Italia, y allí decidieron enviar a sus hijos durante el mes de julio.

Ya con 12 años, el menor de los hijos volvió al Seminario para finalizar sus estudios y allí fue víctima de abusos sexuales por parte del rector durante el curso escolar 2007/2008. El sacerdote mexicano Vladimir Reséndiz Gutiérrez ejercía además de «director espiritual, confesor, profesor de Español y de Religión» del chico.

Después de una condena en primera instancia, la apelación y un recurso desestimado, desde el 23 de julio de 2020 es firme la sentencia que dicta para Reséndiz seis años y medio de prisión por los abusos sexuales sobre el adolescente, una pena que no ha cumplido por encontrarse en paradero desconocido, tal y como recoge El Mundo.

La primera acusación conocida por los Legionarios de Cristo sobre este sacerdote se refiere a hechos ocurridos entre 2006 y 2008, es decir, antes de este caso, pero ninguna otra denuncia ha acabado en los tribunales.

Los Legionarios de Cristo ofrecen 15.000 euros a los padres de un menor víctima de abusos sexuales a cambio de admitir que su hijo se lo había inventado todo
Los Legionarios de Cristo ofrecen 15.000 euros a los padres de un menor víctima de abusos sexuales a cambio de admitir que su hijo se lo había inventado todo

El adolescente no contó nada a sus padres incluso cuando le sacaron del centro. «Nadie podía decir nada, estaban controladísimos» ha señalado su madre antes de contar que, por ejemplo, Reséndiz leía todas las cartas entre los estudiantes y sus familias.

En 2013, con 17 años, el joven salía con una chica. Acudió a un psicoterapeuta y sacerdote que en las sesiones con él descubrió lo ocurrido, informó a los padres y presentó una denuncia. «Nuestro hijo, sabiendo que nos habíamos enterado, entró en una gran depresión, con sentimientos de culpa, vergüenza, confusión, varias veces intentó quitarse la vida y sufre muchas secuelas», señala su madre.

Yolanda contó lo ocurrido a uno de los ahora encausados por los hechos. De mayo a septiembre les llamó a menudo para saber cómo estaba su hijo, iba a visitarles y le contaron que tenía problemas físicos con su sexualidad y psicológicos. También le contaron su deseo de quitarse la vida y de ir a estudiar al extranjero.

A principios del verano les contó que en estos casos la Legión puede ayudar económicamente para los estudios y tratamientos tanto físicos como psicológicos y dijo que hablaría con sus superiores.

El 18 de octubre de 2013, la familia del joven recibió la propuesta de recibir 15.000 euros a cambio de admitir que su hijo se lo había inventado todo, algo a lo que ellos se negaron. El 10 de diciembre de 2013, llegó la segunda propuesta: un contrato de transacción en el que la confidencialidad se reforzaba con una penalización. «En caso de incumplimiento, estarán obligados solidariamente a pagar a la Congregación como sanción el doble de la cantidad aquí reconocida», recogía el documento. Es decir, si hablaban con las autoridades tenían que devolver el doble: 30.000 euros.

La orden siguió insistiendo y ellos se sintieron forzados. «Teníamos miedo, somos una familia muy normal. Nos intimidaron y sufrimos violencia. Nosotros estábamos abajo y ellos estaban arriba», ha explicado Yolanda.

Ahora el drama del chico se acerca a su fin ante un tribunal de Milán que juzga la denuncia de sus padres contra cuatro integrantes y un abogado de la congregación y en donde se ha admitido como prueba del proceso el intento de extorsión y encubrimiento. El juicio es relevante porque, tras los casos documentados de pederastia, puede suponer la primera condena en la Justicia ordinaria por encubrimiento.

Tal y como explica El Mundo, la congregación se ha personado como responsable civil para participar activamente en el esclarecimiento del caso, algo que puede suponerle, además del daño reputacional, la obligación de asumir de forma subsidiaria una sentencia desfavorable.

En segundo lugar, los hechos denunciados cuestionan la efectividad real de la intervención del Vaticano, ya que en 2005, Benedicto XVI conminó al fundador de los Legionarios a retirarse de cualquier ministerio público.

Marcial Maciel dejó tras de sí una doble vida con amantes clandestinas, hijos secretos y al menos 60 abusos sexuales sobre sus jóvenes seguidores, un comportamiento delictivo que parte de ellos acabó imitando.

Pero los abusos sobre el hijo de Yolanda no pertenecían al pasado y el presunto intento de ocultarlos data de finales de 2013, cuando la congregación llevaba años privada de autonomía. Los Legionarios de Cristo tampoco podían alegar desconocimiento y admitieron que Reséndiz no dejó de trabajar con menores hasta marzo de 2011.

En abril de 2013, tras remitir su caso a la Congregación para la Doctrina de la Fe, este organismo decretó la pérdida de su estado clerical y dejó de ser miembro de la orden. Por tanto, el presunto intento de ocultar sus abusos al joven se produjo cuando ya se conocían parte de sus delitos y justo antes de que, a comienzos de 2014, la congregación comenzara a recuperar su autonomía.

En el último informe, difundido en 2020, los Legionarios de Cristo reconocen abusos sobre alrededor de 170 menores cometidos por 27 integrantes aunque no facilitan la identidad de muchos de los agresores. Seis de estos sacerdotes, entre ellos, Marcial Maciel, cometieron sus delitos en España.

Yolanda consiguió contactar con el cardenal Velasio de Paolis, el hombre de confianza que el Vaticano había situado en ese momento al frente de la orden, tras la primera propuesta y antes de recibir la segunda, quien además de decirle que no sabía nada, le dejó caer que «entre cristianos, lo dice la Biblia, nos tenemos que poner de acuerdo».

Yolanda insistió en que quería «justicia y no dinero», y en que no iban a firmar un acuerdo que suponía «una mentira y un falso testimonio». De Paolis murió en el año 2017 y Yolanda lamenta que ni siquiera recibiesen una carta pidiendo disculpas.

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