Desde hace ya tiempo se advertía una ingente inversión, de las posiciones de poder. en ‘think tanks’ y líneas discursivas que propugnaban el liberalismo económico.
A medida que se ha constituido una matriz relevante en este sentido los algoritmos han transmitido a brochazos tales hipótesis y paradigmas.
A su vez se ha constatado una tendencia descendente de la tasa de ganancia, que ya presagió Marx, en las principales potencias del mundo, que ha sido contrarrestadas con el recorte de los derechos laborales, la precarización y deslocalización empresarial. Al fin y al cabo es la línea lógica del capitalismo.

Con estas dos premisas sobre la mesa se vuelve incipiente el residuo inequívoco del próximo paso de las élites, quienes tras la larga recesión han dejado de requerir a los Estados más que para aplicar medidas coercitivas, aunque se sigan beneficiando de la salvaguarda ante las pérdidas.
Pero las limitaciones del mercado, inciden, imposibilitan el desarrollo natural de los mercados. A medida que se vaya recrudeciendo el incesante círculo de capital el embudo se estrecha y una minoría se ha acostumbrado a no mamar a cuentagotas.
La encrucijada se encuentra entre la necesidad defensiva de la cartera y de liberalizar el mercado, punto de encuentro entre el simbolismo encarnado en la nueva extrema derecha y el liberalismo ideológico canalizado a través de todos los medios.
El abismo nacional como protección del poder
Un estudio del Centro Europeo de Investigación Económica, publicado en noviembre de 2015, reflejaba comenzaba a reflejar la manifiesta distorsión de la realidad en elementos referentes a la migración y la protección de la cultura nacional.
Por ejemplo, el estudio hace latente que «los inmigrantes aportan una contribución neta positiva a los sistemas de previsión y seguridad social de Alemania», pero «los sondeos dicen que dos tercios de los alemanes están convencidos de que los inmigrantes son una carga para el sistema de bienestar de su país».
Más allá del tratamiento económico de seres humanos, el estudio da pie al análisis del surgimiento de una ola reaccionaria que vertebraría las características de la nueva extrema derecha.
A partir de este prisma se vislumbra la defensa de la identidad nacional auspiciada por la conceptualización del concepto de ‘libertad’ en el individualismo del entre protocapitalista, que asume el «yo emprendedor» dirigido con mano de hierro.
Esta línea de debate ha terminado siendo asimilada por una izquierda nacionalista con sed de mando, aunque con la distinción del control económico frente al desarraigo económico del capital globalizado.
Referencias del liberalismo de extrema derecha
Marine Le Pen, líder del Frente Nacional francés, Santiago Abascal, de VOX, son dos de los más cercanos referentes del liberalismo intolerante y útil que están tomando como referente desde las diversas extremas derechas. «Liberal en lo económico, reaccionario en lo demás», dicen.
Esta extrema derecha, que desde hace décadas ha compartido espacios con el liberalismo de buró ha posibilitado estructurar un relato para alcanzar demográficamente a un mayor número de población.
Igualdad limitada encarnada con luchas vacías del penúltimo contra el último que se expande año tras año ahora en el juego permitido en el seno mismo de la democracia liberal que sirve como pretexto y trampolín para le deriva del debate hacia los cauces de la moralidad desclasada.
Nada nuevo cara al sol
Domenico Losurdo ya en su Contrahistoria del liberalismo explicaba que siempre ha habida una tension dentro del liberalismo que proclama a la vez los valores de la libertad y el individualismo y a la vez limita, abrevia o traduce la igualdad asociada a la tradición liberal.
Así que paradigmáticamente en la praxis la coexistencia tiene décadas e incluso siglos de recorrido, que ahora vuelve a ser necesario para la defensa del capital burgués, que en un mundo globalizado no escatima en destruir el referente nacional que busca continuar siendo en su fracaso mercantilizado.
El peligro reside en la contemplación de su nueva forma trilera, que no escatima en arrastrarse por los lodazales de la democracia liberal, manifestando y posibilitando un dominio «consensuado».
«Nadie combate la libertad; a lo sumo combate la libertad de los demás. La libertad ha existido siempre, pero unas veces como privilegio de algunos, otras veces como derecho de todos», y ahí es donde reside el verdadero debate entre la maniatada «comunismo o libertas», lo escribió Marx y sigue siendo así.
































