Cristóbal León Campos

 

I

La libertad es esa palabra cuyo significado aún seguimos buscando los seres humanos, continuamos imaginando su materialización plena; contextos sociales, ideas políticas, expresiones culturales y todo tipo de manifestación intelectual, artística y práctica ha acompañado su andar por el mundo, y sin embargo, seguimos esperando el instante en que la alcancemos. La libertad en este sentido puede ser puesta en el mismo nivel que la utopía según la expresión de Fernando Birri tan citada por Eduardo Galeano, al decir, que es aquello que nos hace caminar aún sabiendo que quizás nunca la alcancemos, y otra vez, sin embargo, seguimos esperándola.

II

En el capitalismo la libertad se refiere a la supuesta posibilidad de consumir sin límite, la libertad está condicionada a la posibilidad de poseer, el discurso de los valores de la libertad oculta la dependencia que se ha generado a la adquisición de mercancías que imaginariamente han de contribuir al mejoramiento de las personas. Sin embargo, la posesión envilece porque se acompaña del ego, marca diferencias sociales y sirve para los poderosos como justificante para la opresión. En esta civilización occidental un juego doble estimula el deseo al tiempo que lo prohíbe. La libertad es en el capitalismo la trampa que oprime al ser humano, por la imposibilidad de alcanzarla bajo la lógica de segregación social que fundamenta la raíz misma del sistema, la explotación que sufre el trabajador al producir esas mismas mercancías son la cruz que se clava con el pretexto de su libertad.

III

La opresión es la daga de los tiempos modernos, la esclavitud del trabajador establecida por la lógica de la producción capitalista que lo despoja de su propia condición humana, al negar su participación en la generación de valores, a través del proceso de fetichización, ha perpetuado hasta nuestros tiempos, la desigualdad social y la sirve a la burguesía para la extracción de la riqueza mediante la plusvalía. Carlos Marx en su teoría del valor, explicó como en la sociedad capitalista la mercancía es fetichizada, pues las cosas tienen dos tipos de valor; el valor de uso y el valor de cambio. Cuando una cosa satisface una necesidad humana por su propia naturaleza, hablamos de su valor de uso. Al momento en que sobre la cosa se proyecta una relación social simbolizada hablamos de su valor de cambio.

Al convertirse las cosas en mercancía por su valor de cambio hablamos de fetichización. En nuestras sociedades contemporáneas regidas por la lógica de consumo, las personas buscan poseer mercancías (fetiches), creyendo que dicha posesión les permitirá acceder a una nueva realidad social. La realidad es que el ser humano se aliena a sí mismo, ocultando su valor y su condición natural. La trampa del sistema radica en que se ha impuesto a la sociedad la idea de que las cosas están cargadas de una simbolización especial que les da capacidades más allá de su uso, incluso poderes sobrenaturales. La lógica de competencia también aparece aquí, al considerarse que el poseer una cosa u otra otorga status y poder. Marx en El Capital nombró al dinero como el gran fetiche, pues al poseerlo, puede transformar al ser más mezquino en el más honorable.

IV

La búsqueda y su consumación de la emancipación social, la verdadera liberación del ser humano de las condiciones sociales y realidades materiales que le oprimen, surgirá de la ruptura con la lógica de consumo y explotación que sustenta esas mismas condiciones que le oprimen. La consumación de la libertad humana es la utopía que continúa generando esperanza entre los oprimidos. La humanidad requiere construir una nueva sociedad basada en la justicia, la igualdad y la libertad que dignifique su existencia.

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