Nueve localidades libias eligieron hoy a sus representantes en el ayuntamiento en las primeras elecciones municipales que se celebran en el país norteafricano en los últimos cinco años.

Según fuentes oficiales, apenas un 38 por ciento de los censados participaron en una consulta que es, igualmente, un examen para la consulta nacional que prepara la ONU como salida a la guerra civil que desde 2014 ensangrenta el país.

«La votación se ha celebrado en nueve municipios del oeste y del sur del país sin que se haya registrado ningún acto de violencia. Es la primera fase de una plan diseñado para celebrar elecciones en 33 municipios a lo largo de las próximas semana», explicó a Efe un responsable libio.

En Libia existen un total de 120 municipios desde que en 2013 se aplicara un plan de reestructuración y reforma territorial destinado a acabar con el centralismo que dominó durante los 42 años de dictadura de Muamar al Gadafi.

Algunos de los esos municipios ya eligieron a sus concejales y alcaldes en 2014, año en el que se celebraron las últimas elecciones legislativas.

El resultado de la consulta no fue reconocido por una parte del Parlamento saliente, que decidió seguir con sus funciones en la ciudad de Tobruk y abrió la puerta a una guerra civil que todavía enfrenta al país.

La consulta coincidió este sábado con una reunión en Túnez del llamado cuarteto de Libia, integrado por la ONU, la Unión Europea, la Unión Africana y la Liga Árabe, destinada a respaldar el plan de reconciliación del enviado especial de Naciones Unidas, Ghassam Salem, que incluye elecciones legislativas este año.

Libia es un estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, desde que en 2011 la OTAN contribuyera militarmente a la victoria de los diferentes grupos rebeldes sobre la dictadura de AL Gadafi.

en la actualidad tiene dos gobiernos, uno en Trípoli sostenido por la ONU y la UE, y otro en Tobruk bajo la tutela del mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte del país.

De la división sacan provecho milicias y grupos mafiosos dedicados al contrabando de armas, combustible y personas, que son la verdadera fuerza económica del país.