Mohammed El Kurd es un poeta palestino de 22 años. Su historia vital es la de la ocupación en tiempo real. La mitad de su casa, situada en el barrio de Sheikh Jarrah, en Jerusalén Este, fue ocupada en 2009 por colonos judíos. Él tenía entonces 11 años. Desde entonces ha crecido con esos hombres a su lado, que buscan expulsarle a él, a su familia y a 27 familias más en Sheikh Jarrah. Lo mismo sucede en el área de Silwan con 84 familias que afrontan demandas de desalojo presentadas por colonos que reclaman su propiedad. A veces, cuando Mohammed regresaba de la escuela, los colonos coreaban consignas como «pronto estaréis durmiendo en un basurero en Ramala» o «a sangre y a fuego expulsaremos a los árabes«. Su abuela, Rifqa, – que murió en 2020 con 103 años – resistió durante años los intentos de desalojo y se convirtió en un icono en el barrio.

A principios de mayo se encontraba previsto que el Tribunal Supremo israelí se pronunciara de una vez por todas sobre los derechos de vivienda de las familias de Sheikh Jarrah. Durante estos días se celebraron algunas protestas – mayoritariamente pacíficas – pro-palestinas, las cuales provocaron que el Supremo suspendiera la publicación de su sentencia. A las habituales protestas en los territorios ocupados se han sumado las manifestaciones palestinas dentro de las fronteras de Israel, algo poco común. Estas movilizaciones no están organizadas por partidos políticos, sino por jóvenes activistas palestinos, comités vecinales y colectivos de base. Buscan evidenciar que no nos encontramos ante un conflicto inmobiliario entre particulares y que la palabra “desahucio” no ilustra adecuadamente lo que puede suceder. “Esto es un desplazamiento étnico forzoso”, explicó El Kurd ante distintos medios de comunicación.

La limpieza étnica palestina y el cinturón judío

Yonatan Yosef, portavoz de los colonos israelíes en Sheikh Jarrah, parece darle la razón a El Kurd: “Tomamos casa tras casa, toda esta zona será un barrio judío. No hemos terminado el trabajo, después iremos al siguiente barrio, y tras ello iremos a otro. Nuestro sueño es que todo Jerusalén Este sea como el Oeste, la capital judía de Israel”, explicaba en una entrevista con varios medios. Otro colono añade lo siguiente: “Lo veo como la continuación del proyecto sionista. El regreso a Sión. ¿A costa de los árabes? Sí. Pero nuestras instituciones también fueron construidas a costa de los árabes que vivían aquí. Y el propio Estado israelí”.

El origen del conflicto se remonta a 1948, cuando se fundó el Estado de Israel y se desplazó forzosamente a más de 700.000 palestinos (un episodio conocido como la Nakba). En 1957, gracias a la intervención de Jordania, miles de familias palestinas fueron reubicadas en el barrio de Sheikh Jarrah. Cuando en 1967 Jerusalén Este fue ocupada ilegalmente por Israel, el Gobierno de Tel Aviv aprobó la Ley de Asuntos Legales y Administrativos, que determina que los terrenos de Jerusalén Este que hubieran pertenecido a judíos (y solo a judíos) antes de 1948 serían devueltos a sus dueños si los reclamaban. Los palestinos, por su parte, serían trasladados forzosamente, vetados de entrar siquiera en el Estado de Israel y de visitar las tierras de sus ancestros y desposeídos de sus tierras, acciones contempladas como un crimen de guerra por el Estatuto de Roma. B’Tselem, la principal organización israelí de derechos humanos, señaló en 2019 que la Justicia israelí ha revocado la residencia de más de 14.500 palestinos de Jerusalén Este.

En una visita a Jerusalén Este en 2002 el entonces ministro de Turismo Binyamin Elon señaló que el plan estratégico para la ciudad era asegurar «un cinturón de continuidad judía de este a oeste».

En 2021, este cinturón judío se va expandiendo y los territorios palestinos se van reduciendo y se encuentran cada vez más desconectados, lo cual imposibilita la creación de un Estado propio: Cisjordania se encuentra físicamente separada de Jerusalén Este por el muro (el cual, en palabras del historiador Ilan Pappé, convierte a Cisjordania en “la cárcel más grande de la Tierra”) y Gaza se compone de municipios divididos por controles militares imposibles de sortear.

Y es en este contexto en el que comenzaron, a principios de mayo, las protestas contra los desplazamientos forzosos en Jerusalén Este que previsiblemente autorizará el Supremo.

Con un tono de voz suave y calmado y un buen dominio del inglés, Mohammed El Kurd se convirtió en el símbolo de la resistencia palestina de Jerusalén Este, durante una entrevista en la CNN. La “periodista” le preguntó “¿Apoya usted las protestas violentas surgidas en solidaridad con usted y con familias como la suya?” a lo cual le respondió El Kurd “¿Apoya usted mi desposesión violenta y la de mi familia?”. Tras unos segundos de incómodo silencio la entrevistadora repitió “Simplemente quiero saber si usted apoya las protestas que han estallado apoyándole a usted y a su familia”. El Kurd respondió “Apoyo movilizaciones populares contra la limpieza étnica, sí”.

Estados Unidos y la comunidad internacional

La frase “¿Apoya usted mi desposesión violenta y la de mi familia?” recorrió el mundo. Resume a la perfección la situación que estamos viviendo: una limpieza étnica, en vivo y en directo, ante los ojos de la comunidad internacional, que permanece impasible.

Naciones Unidas sostiene, al menos oficialmente, que todos los territorios ocupados por Israel desde 1967 son ilegales e insta a su retirada de todos ellos. Pero su inacción y el apoyo expreso de Estados Unidos ha supuesto que Israel ha podido operar con impunidad e, incluso, proclamar Jerusalén como la capital indivisible de Israel y el pueblo judío.

Se trata del caso de colonialismo más reciente de nuestra historia, produciéndose ante nuestras narices y ante la indiferencia del mundo entero.

“Muerte a los árabes” en Al-Aqsa

En este contexto de tensiones y protestas en Jerusalén Este, y en pleno Ramadán, la policía israelí tomó la zona de Haram al-Sharif, o el Noble Santuario, el tercer lugar más sagrado del mundo para los musulmanes porque es donde se encuentra la mezquita de Al-Aqsa. Esta misma zona, conocida como el Monte del Templo, es de gran importancia también para la fe judía, pues es el lugar donde se encontraba el templo del rey Salomón, destruido por los babilonios y desde hace años diferentes grupos extremistas judíos disputan la administración de este lugar sagrado.
El 10 de mayo, jornada en que se celebra el Día de Israel, se produjeron enfrentamientos en Haram-al-Sharif, después de que un grupo extremista de supremacía judía organizara una marcha en la que los participantes corearon “Muerte a los árabes” y algunos palestinos atacaran a judíos ortodoxos. Los incidentes finalizaron con cargas y disparos de la policía, que incluso se adentraron en la mezquita y agredieron a fieles que rezaban en pleno Ramadán.

Bombardeos en Gaza

Al día siguiente de las cargas en la mezquita, Hamas lanzó algunos cohetes hacia Jerusalén Oeste. Y a esta acción y a la escalada de tensiones le siguieron bombardeos israelíes en Gaza contra, supuestamente, objetivos de Hamas. Evidentemente, los dos bandos en conflicto no son simétricos y la sofisticación y letalidad de las bombas israelíes es notablemente superior a la de Hamas. No en vano, Estados Unidos le brinda un apoyo armamentístico a Israel de 3.800 millones de dólares anuales.

Estos enfrentamientos se han saldado con más de 254 palestinos muertos (más de 60 de ellos niños), más de 1.700 heridos y la destrucción de numerosos edificios en Gaza (incluyendo oficinas de prensa). En el otro lado de la balanza, en el israelí, han muerto 12 personas, entre ellas una mujer india y dos hombres tailandeses.

El hecho de que, pese a contar con unas armas inteligentes, hayan muerto tantos civiles en Gaza, nos muestra, una vez más, que al Estado de Israel no le importan las vidas palestinas.

Según datos de Naciones Unidas, desde 2008 hasta 2020 han muerto 5.590 palestinos por ataques israelíes y se han producido 115.000 heridos. En el mismo periodo hubo 251 muertos israelíes por ataques palestinos y 5.600 heridos.

Estados Unidos y Marruecos: aliados de Israel

En las últimas semanas hemos acudido a manifestaciones en apoyo a Palestina en ciudades occidentales y hemos visto actos de solidaridad preciosos, como el hecho de que los estibadores del puerto de Livorno impidieran salir a un barco que iba cargado de armas con destino a Israel.

Pero también hemos presenciado declaraciones miserables de la derecha y ultraderecha europea expresando su apoyo claro e incondicional a Israel.

En cuanto a las posturas oficiales de los Estados, cabe destacar que durante los bombardeos en Gaza EEUU fue la única potencia del Consejo de Seguridad de la ONU que vetó una petición de alto el fuego.

Pero la postura marroquí es más desconcertante. Como ya explicamos hace unos meses, Marruecos, que siempre ha apoyado oficialmente la causa palestina, se abrió a reconocer el Estado de Israel a cambio de que Estados Unidos reconociera su soberanía sobre el Sáhara Occidental, a lo cual accedió Donald Trump. Con la llegada de Joe Biden a la presidencia su postura no cambió respecto de la de su predecesor y los pueblos palestino y saharaui se han visto abandonados una vez más y hermanados por la desgracia.

A mediados de mayo el régimen marroquí abrió sus fronteras en Ceuta coincidiendo con la ofensiva israelí después de que se descubriera que el Gobierno español ha dado asistencia médica al líder del Frente Polisario, Brahim Gali. Marruecos chantajea a España y Europa por la causa saharaui con el objetivo de presionar también a Biden, a cambio de su mediación en Palestina y de su posición en África. La dictadura alauí se ofrece para ser enclave para las tropas de Estados Unidos y aliado frente a la influencia china en el continente.

Por supuesto, Rabat también quiere mandar un mensaje a Madrid y Bruselas de que puede crearles un problema migratorio cuando quiera. Los países europeos están pagando a Marruecos, como hacen con Turquía o Libia, para que sean nuestra brutal policía fronteriza. El 18 de mayo el gobierno español aprobó el pago de 30 millones de euros a Marruecos con esta finalidad mientras que la Audiencia Nacional española reactivaba una causa por genocidio contra Brahim Gali tras una querella interpuesta por un hombre de confianza del rey de Marruecos.

Las potencias occidentales, con tal de mantener su hegemonía y poder en zonas remotas de África y Asia, se han puesto al servicio de quienes violan sistemáticamente los derechos humanos. Y quienes sufren las consecuencias son los más débiles.


Este artículo ha sido escrito con informaciones publicadas por Olga Rodríguez y Javier Gallego en distintas entradas publicadas en eldiario.es

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4 Comentarios

  1. Los Palestinos sometidos al desplazamiento de sus tierras, nos impresiona el Apartheid al que los Israelíes han llevado a los Palestinos porque los Judíos sufrieron el apartheid cuando fueron sometidos por los nazi en la segunda guerra mundial. LLama la atención la limpieza étnica y los bombardeos que imponene los Israelíes al pueblo palestinos cuando los judíos padecieron el exterminio la limpieza étnica en los campos de concentración de Hitler. Ademas todo exterminio y limpieza étnica constituye Delitos de Lesa Humanidad que debe ser criticado frenado sancionado por la comunidad Internacional que no podemos seguir como cómplices de las bestiales acometidas contra los Palestinos y cualquier otro pueblo o grupo humano en nuestro planeta.

    La memoria histórica nos debe ser útil para prevenir los errores brutales, Inhumanos del pasado.

    Expandirse Apoderarse de unos metros de tierra no justifican acciones de exterminio, muerte, asesinatos como las de Caín que con la quijada de un burro asesinó a su hermano Abel. Ahora los Israelíes con bombas asesinan a sus históricos familiares Palestinos y todo por unos metros de terreno más. Con lo que se pone en evidencia la enajenación del materialismo extremo contra el Humanismo cosificado. Acciones que ninguna religión promueve acepta ni perdona. Señores ya par4nl de bombareeos y guerras no le presionen al acelerador hacia el apocalipsis.

  2. Una vez más: El mal llamado éxodo palestino tuvo lugar como consecuencia de las reiteradas demandas por parte de los líderes árabes, dirigidas a la población árabe en Palestina, a que abandonaran el territorio para no sufrir las consecuencias de la guerra que los países árabes iban a infringir a Israel. En este sentido, los árabes palestinos abandonaron Israel huyendo de estas futuras consecuencias.
    Los líderes árabes, dentro y fuera del entonces Mandato Palestino, pidieron y ordenaron a los árabes palestinos que se marcharan de los territorios controlados por Israel, ya constituido como Estado soberano, para posteriormente invadirlo el 15 de mayo de 1948 y allanar el camino para «echar a los judíos al mar». Los líderes árabes montaron una campaña sosteniendo que los judíos realizaban expulsiones sistemáticas desde los primeros días de la guerra.
    Son clamorosas las llamadas de líderes árabes hacia los árabes palestinos incitándoles a que abandonaran Palestina a través del Comité Árabe Supremo, máxima autoridad palestina del momento. El 8 de marzo de 1948 este ordenó a las mujeres, niños y ancianos de varias partes de Jerusalén que abandonasen sus casas. Otro ejemplo son las declaraciones recogidas en el periódico jordano Filastín del 19 de enero de 1949, respectivamente:
    (…) Cualquier oposición a esta orden (…) es un obstáculo a la guerra santa (…) y obstaculizará las operaciones de los combatientes en esos distritos.
    (…) aplastaremos al país con nuestros cañones y barreremos todos los sitios en que los judíos busquen refugio. Los árabes deben llevar a sus mujeres y sus hijos a áreas seguras hasta que el combate haya terminado
    Otros líderes árabes han argumentado a posteriori que una de las causas del éxodo fueron las declaraciones de estos. El secretario de la Oficina de la Liga Árabe en Londres, Edward Atiyah, escribió en su libro The Arabs, que el éxodo se debió en parte a la creencia de los árabes, alentada por la jactanciosa y poco realista prensa árabe y las irresponsables declaraciones de algunos líderes árabes, de que podía ser solo un asunto de semanas antes de que los judíos fueran derrotados por los ejércitos de los estados árabes y los árabes palestinos pudieran reingresar y retomar posesión de «su país».
    En sus memorias, Haled Al Azm, el primer ministro sirio durante 1948-49, también reconoció el papel de los árabes en persuadir a los refugiados a irse indicando que «desde 1948 se ha exigido el regreso de los refugiados a sus hogares. Pero nosotros mismos fuimos los primeros en alentarlos a irse. Solo unos pocos meses mediaron entre nuestra llamada a que se fueran y nuestra petición a las Naciones Unidas de que resolviera su regreso. El rey Abdula de Jordania, en sus memorias, culpaba a los líderes palestinos del problema de los refugiados, estableciendo que la tragedia de los refugiados palestinos fue que la mayoría de sus líderes les paralizaron en el exterior con falsas e infundadas promesas de que no estaban solos.
    The Economist, decía el 2 de octubre de 1948 que:
    De los 62.000 árabes que antes vivían en Haifa no quedan más de 5.000 o 6.000. Varios factores influyeron en su decisión de buscar seguridad en la fuga. Muy poca duda cabe de que los factores más poderosos fueron los anuncios que hizo por radio el Supremo Ejecutivo Árabe, instando a los árabes a irse (…) Se insinuaba claramente que los árabes que permanecieran en Haifa y aceptaran la protección de los judíos serían considerados como traidores.
    Por parte de los líderes judíos, una clara voluntad de convivencia pacífica de ambas comunidades. La Asamblea de Judíos de Palestina hizo un llamamiento el 2 de octubre de 1947 indicando que harían todo lo que estuviera en su poder para mantener la paz, y establecer una beneficiosa cooperación para judíos y árabes, incitando a las naciones árabes a unir sus fuerzas con los judíos y el futuro Estado judío y trabajar hombro con hombro por el bien común, por la paz y el progreso de iguales soberanías.
    La proclamación de la Independencia de Israel, el 14 de mayo de 1948, también invitaba a los palestinos a permanecer en sus hogares y a convertirse en ciudadanos iguales en el nuevo Estado:
    «En medio de una inexcusable agresión, llamamos no obstante a los habitantes árabes del Estado de Israel a preservar los medios de paz y desempeñar su papel en el desarrollo del estado, sobre las bases de plena e igual ciudadanía y debida representación en todos sus cuerpos e instituciones… Extendemos nuestra mano en paz y buena vecindad a todos los estados vecinos y a sus pueblos, y les invitamos a cooperar con la nación judía independiente por el bien común de todos».
    El éxodo palestino fue la consecuencia del rechazo por parte árabe de la partición. En este sentido hay que señalar que los primeros en irse fueron aproximadamente 30.000 árabes ricos que previeron la inminencia de una guerra y huyeron hacia los países árabes vecinos para esperar su fin. Los árabes de menos recursos de las ciudades mixtas de Palestina se mudaron a pueblos totalmente árabes para quedarse con parientes y amigos.
    El 23 de abril de 1948, la Haganá tomó Haifa. Un informe de la policía británica de Haifa, fechado el 26 de abril, explicaba que «los judíos hicieron todo esfuerzo posible para persuadir a la población árabe de que se quedara y siguiera llevando su vida normal, de que abriera sus tiendas y negocios y de que sus vidas e intereses estarían a salvo».
    La invasión árabe, así como la rápida victoria judía, provocó el miedo y posterior éxodo. Así pues, según el conflicto se extendía a áreas que previamente habían estado tranquilas, los árabes comenzaron a ver la posibilidad de la derrota. Cuando la posibilidad se convirtió en realidad, la fuga de los árabes aumentó, más de 300.000 salieron después del 15 de mayo, quedándose aproximadamente 160.000 árabes en el Estado de Israel.
    Tenían creído que cuando los ejércitos árabes atacasen «lanzarían a los judíos al mar». Esta frase significaba lisa y llanamente que los soldados árabes tenían orden de arrasar vidas y haciendas, de borrar todo vestigio del Estado de Israel, para lo cual no debería haber población civil árabe de por medio.

  3. «Yonatan Yosef, portavoz de los colonos israelíes en Sheikh Jarrah» Mienten ustedes descaradamente. Ni ese Yonatan Yosef existe, ni son colonos los que reclaman sus viviendas.

  4. Todo aquel que ha visto los telediarios o leído los diarios en los días posteriores a la agresión terrorista de Hamás, seguramente se ha topado con imágenes de choques violentos entre ciudadanos árabes-iraelíes y policías, especialmente en la zona de la mezquita de Al Aksa y otras partes de la Ciudad Vieja. En varios lados se presentaron los hechos como respuesta “natural” e “ineludible” del pueblo a “injusticias” cometidas por las autoridades israelíes, como en el caso de la disputa por el planteado desalojo de familias palestinas en el barrio Sheij Jarrah de Jerusalem, para permitir el ingreso de familias judías.
    Pues cabe aclarar este tema. Ante todo, la propiedad de la tierra en cuestión, es claramente de los judíos. Claro que eso no significa que sea sabio usufructuar ese derecho legal. Pero “robo”, como dicen en muchos lados, no es. Y no son “cientos” de familias, como escribieron en algún lado, sino cuatro. De todos modos, la Suprema Corte de Justicia de Israel se pronunciará sobre el tema próximamente. Esperemos que la decisión refleje sabiduría política, no solo derechos legales de propiedad, pero en realidad los jueces pueden manifestarse solo sobre el aspecto legal, y este es muy claro.
    El verdadero problema es que extremistas especialmente de grupos islamistas como Hamás, pero también de la propia Autoridad Palestina, se aprovechan de todo esto para incitar a la violencia en forma peligrosa. La televisión de Autoridad Palestina ha transmitido en forma recurrente cantos con llamamientos directos a usar las armas y explosivos, poniéndolos en pantalla nada menos que en horario de programación juvenil y apenas finalizan los programas de niños. Cuando el mensaje a los jóvenes es que salir a atacar judíos es señal de heroísmo y amor al pueblo, nada puede terminar bien.
    Es increíble que toda la incitación que tiene como escenario la mezquita de Al Aksa, construida siglos atrás sobre las ruinas del Templo judío, cabalga sobre la mentira de “Al Aksa está en peligro”. ¿No se preguntan cuál es el respeto a su santuario de parte de los palestinos que acumularon piedras y petardos dentro de la mezquita, para usarlos en ataques a los efectivos policiales? Claro está que luego la policía no entró a repartir caramelos sino con gases lacrimógenos, pero nada habría sucedido si no se hubiese usado el lugar sagrado como base de ataques. Y ni que hablar del peligro que las acciones de los propios palestinos dentro de la mezquita provoquen un incendio que destruya el lugar sagrado.

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