El profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León Enrique Javier Díez Gutiérrez afrontó con el libro ‘La asignatura pendiente‘ (Plaza y Valdés Editores, 2020) la ardua tarea de señalar la utilidad del conocimiento sobre el pasado, un trabajo que implicó hablar con 610 profesores.

Díez Gutiérrez asume en su obra la loable labor de luchar contra tres grandes frentes: el silencio, el miedo y el olvido que impuso la dictadura. Lo hace con un arma difícil de contrarrestar por los adalides de la dictadura, crecidos ahora con su recién estrenada presencia en las instituciones: la pluma. La narración del profesor, directa, concisa y sin matices, asume en sí misma una labor necesaria en nuestros días de intolerantes y negacionistas, la no pasar de puntillas sobre la necesidad de recordar.

La distancia y el interés por olvidar arrojan una visión equidistante de la Guerra Civil en la inmensa mayoría de los libros de texto actuales, que apenas tocan la represión genocida franquista e intentan igualan las muertes con las del gobierno legítimo de la II República. La excusa de «reabrir viejas heridas» ayudan a quienes quieren que se olvide y el «no pisar charcos» impide que la verdad se conozca en su plenitud para las nuevas generaciones.

La asignatura pendiente de recordar a los represaliados

Son reconocibles, a poco que se preste atención, estos continuadores del franquismo, pues poco interés tienen en esconderse. Impulsan denuncias y sospechas contra cualquier intento de recordar a los represaliados, entre estos objetivos se encuentran el objeto de este libro: la escuela pública y sus profesionales. El libro también sirve de alegato a favor de quienes siguen peleando para que el olvido no se extienda.

Díez Gutiérrez se responsabiliza en el texto de intentar que no se menosprecie la utilidad del conocimiento sobre el pasado desde el aprendizaje, la imprescindible cognición colectiva para no volver a caer en los errores del pasado, más necesaria hoy en día que nunca.

Afirma el autor que «seguimos estando muy lejos de que se haya asumido por todas las editoriales (…) que el final de la guerra civil no significó el final de la sistemática represión que los golpistas habían desatado tras la sublevación y el golpe de Estado». Queda, por ello, mucho trabajo por delante y este libro es un buen punto de partida para llegar a entender a qué nivel se está ocultando la historia en los libros de texto.

Un libro recomendable tanto para quienes creen que se exagera al denunciar la influencia de la extrema derecha en la escuela, como para quieren conocer hasta que punto el franquismo y su genocidio de ha desvirtuado hasta querer compararlo con «una lucha entre hermanos».

Cerca del 90% del tiempo escolar se centra en los libros de texto y, por tanto, son estos los que tienen que resultar un apoyo y guía para conformar el imaginario individual y colectivo de las futuras generaciones y la perspectiva que se adopta sobre el pasado. La memoria histórica democrática sigue siendo la gran asignatura pendiente.

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