A lo largo de nuestra vida es posible que nos veamos ante la necesidad de realizar una inversión que no podemos asumir por falta de liquidez y debemos acudir a un tercero para obtener ese dinero del que no disponemos.

En la actualidad existen muchos tipos de productos financieros que nos ayudan en el ahorro, la inversión y la financiación. Entre los productos financieros de ahorro podemos encontrar los depósitos a plazo o las libretas de ahorro. Algunos ejemplos de los productos financieros de inversión son los fondos de inversión o los planes de pensiones y entre los productos financieros de financiación los más habituales son los préstamos, créditos o hipotecas.

A pesar de que el término préstamo es algo cotidiano, son muchas las personas que no conocen mucho sobre el tema o su funcionamiento. En primer lugar, vamos a aclarar qué es un préstamo: un préstamo es una operación financiera por la que un prestamista, que puede ser una persona física o jurídica, concede a otra una cantidad de dinero determinada a cambio de unos intereses y que deberá ser devuelta en un plazo asignado y cumpliendo unas condiciones acordadas.

Debemos diferenciar los términos préstamo y crédito, ya que aunque solemos mencionar esos conceptos como si fuesen lo mismo no es así. En el préstamo el cliente dispone de una cantidad total de dinero desde el principio mientras que en el crédito la suma se hará efectiva de forma parcial generalmente a través de cuotas.

La principal diferencia entre ambos es que, aunque en los dos se debe pagar unos intereses, en el préstamo se pagan por todo el capital prestado mientras que en los créditos se paga solo por la cantidad que se haya utilizado del total prestado.

Otra de las diferencias es que el préstamo tiene una duración determinada mientras que en el crédito el cliente puede solicitar cantidades graduales hasta llegar a un límite establecido.

Una de las opciones más demandadas en los préstamos son los préstamos personales, que no suelen solicitarse por un importe elevado y que generalmente se utilizan para financiar necesidades concretas en un momento determinado como la compra de un coche, mobiliario para el hogar o unas vacaciones.

Hace años solo era posible solicitar un préstamo personal a través de entidades bancarias, pero hoy en día existen otras alternativas como los préstamos online muy solicitados por su rapidez y requisitos flexibles. Para acceder a estos préstamos lo mejor es recurrir a un simulador de préstamos que indica los intereses a pagar según la cantidad solicitada y el plazo de devolución.

También se pueden contratar online líneas de crédito para particulares, autónomos o empresas que tienen que afrontar pagos y necesitan un saldo «extra» durante un corto tiempo, como puede ser pagar el IVA trimestral o las nóminas a los empleados mientras llegan ingresos pendientes.

Algunos prestamistas incluso otorgan un primer préstamo sin intereses permitiéndonos pagar el coste total de la financiación en cuotas mensuales y sin cobrarnos intereses por ello. Dependiendo del proyecto a financiar tendrán unas características y unos requisitos específicos. Estas promociones suelen depender del tipo de crédito, de la entidad que los concede, del proyecto a financiar y de nuestro perfil.

Entre los errores más comunes a la hora de solicitar un préstamo podemos destacar: pedir un préstamo por capricho y no por verdadera necesidad; solicitar una cantidad de dinero superior a la que realmente se necesita; no tener capacidad de devolver lo solicitado o no calcular de manera correcta el plazo de devolución.

Además hay que saber diferenciar entre el TIN y el TAE (el TAE es el coste real del préstamo y es igual a la suma del TIN y otros gastos como comisiones de apertura o cancelación, seguros…). Asimismo debemos conocer las comisiones, ya que pueden llegar a encarecer demasiado el precio final del préstamo.

Otro de los errores es aceptar productos vinculados al préstamo como seguros de vida o de protección de pagos con un coste superior al que podríamos obtener si lo contratamos por nosotros mismos fuera del banco.

En definitiva, independientemente de si solicitas un préstamo de manera presencial u online asegúrate de leer y entender todas las condiciones del contrato antes de firmar o aceptar la operación y recuerda que deben ser entendidos como una solución rápida y efectiva para situaciones puntuales y no como fuente de financiación permanente.