Por Esteban Villabona

El otro día, gracias al debate tránsfobo que está habiendo últimamente, me puse a buscar información sobre la intersexualidad y los síndromes genéticos que están relacionados con el tema, porque sinceramente no tengo ni idea. No solo me di cuenta de que no tengo ni idea del tema de la intersexualidad, también de que no tengo mucha idea de la propia historia del colectivo LGBTI, pero ni yo ni mucha gente. ¿Por qué llegué a esta conclusión? Me quedé con los ojos como platos con uno de los artículos relacionados que me salió en Wikipedia, sé que no es la mejor manera de informarte sobre un tema, pero estaba en modo búsqueda rápida y superficial en Google. El artículo en cuestión era el de Sor Fernanda Fernández, la primera persona intersexual conocida y/o reconocida en España. Nació en el año 1755, ¡a mediados del siglo XVIII! El arzobispo de Granada de la época, tras varios años de lucha de Sor Fernanda, aceptó el dictamen de dos médicos, dos cirujanos y una matrona que decía que Sor Fernanda debería de ser considerada hombre. Anuló la profesión y le hizo vestir como un hombre. Entonces pensé, ¿por qué no tenía ni idea de que esto había pasado? ¿Qué más habrá pasado relacionado con el colectivo que no se sepa, o por lo menos el público general no lo sepamos?

Hace un tiempo, gracias a un concurso de Berkana en Instagram, llegó a mis manos el Devocionario Queer, del ilustrador y traductor Carlos J. Valdivia Biedma. Es un libro maravilloso en el que el autor te ilustra a referentes españoles del colectivo LGTBI, conocides o no tan conocides, que a mí me fascinó, porque entre otras cosas descubrí que a mediados del sXVI, existió un personaje conocido/a/e como la monja alférez. Catalina de Erauso, o mejor dicho, Antonio de Erauso, uno de los «mejores militares» de su época, al que incluso llegaron a encarcelar por ser demasiado cruel con les indígenas sudamericanes. Cuando era una niña huyó del convento en el que vivía vestida como un niño y desde entonces siempre vistió así. Este señor pasó mucho por la cárcel porque era bastante dado a matar y a pelearse. En una de estas ocasiones, le condenaron a muerte y le confesó al obispo de Guamanga que en realidad era una mujer. Cuando lo comprobaron, y además vieron que era virgen, le perdonaron los pecados y lo mandaron a España a hablar con Felipe IV. El monarca le mantuvo su rango militar, le concedió una pensión por sus servicios y le permitió usar su nombre masculino. Felipe IV fue quién le apodó la monja alférez, lo que le hizo tan famoso que el papa de entonces permitió a Antonio vestirse como un hombre. Se sabe que le gustaban las mujeres, de lo que no se sabe mucho es de su identidad de género, pero vamos, a mí lo que me parece sorprendente es que por aquel entonces un rey y un papa católico le dejaran vestir como un hombre y usar un nombre masculino, es decir, que le permitieron «cambiarse el género legalmente».

PERO ES QUE HAY OTRO CASO PARECIDO AL DE ANTONIO. Bueno, en realidad hay varios. Esta historia es anterior a la de Antonio y es la de una persona intersexual, que era superbuena con el manejo de la espada. Estebanía de Valdaracete, nació en 1496 y era una niña que «ningún mancebo la igualaba», según reflejan las Relaciones Topográficas de Felipe II sin connotaciones negativas. Según parece era tan buena con la espada que los mandamases de donde vivió, la Chancillería de Granada, no se creían que era una mujer e hicieron que la examinaran para dictaminar si lo era. Descubrieron que era intersexual y la obligaron a elegir entre ser hombre o mujer. Siendo ya Esteban, en una visita de Carlos V a la ciudad, el emperador la hizo llamar para que luchara contra sus mejores guerreros, y les ganó a todos.

Gracias al Devocionario Queer, también descubrí a Las Carolinas, que fue la primera movilización del colectivo de la que hay registro. Y FUE EN BARCELONA. ¡EN 1931! (Bueno, lo de la fecha no es seguro, pero es más o menos lo que se estima). Todo esto lo cuenta Jean Genet en su novela autobiográfica Diario de un ladrón, que lo narra tal que así: «Estaba cerca del puerto y del cuartel, y la cálida orina de millares de soldados había corroído su chapa de metal. Al constatar su muerte definitiva, las Carolinas, con chales, mantillas, trajes de seda y chaquetillas ajustadas acudieron a ella en solemne delegación para depositar un ramo de flores rojas anudado con un crespón de gasa. El cortejo partió del Paral·lel, torció por la calle de Sant Pau, bajó por la Rambla hasta la estatua de Colón. Eran las ocho de la mañana, el sol iluminaba la escena. Las vi pasar y las acompañé de lejos. Sabía que mi puesto estaba en la comitiva: sus voces heridas, sus gritos de dolor, sus gestos exagerados, se proponían atravesar el espeso desprecio del mundo. Las Carolinas eran grandiosas: las Hijas de la Vergüenza. Llegadas al puerto, torcieron a la derecha en dirección al cuartel y sobre la chapa herrumbrosa y hedionda del meadero público, sobre su chatarra muerta, depositaron las flores»

En esa época no era raro que les anarquistes pusieran alguna bomba que otra, ¿no? Pues una vez, alguien puso una bomba en un baño público de Barcelona, donde era común que se practicase cruising (búsqueda de sexo y/o sexo con desconocidos en lugares públicos). Esto a las «jóvenes travestidas» como se dijo en la prensa de la época les dolió tanto, que decidieron hacer una vigilia en honor al urinario. Esto, aunque no se puede comparar a los orgullos actuales ni a las manifestaciones de los 70 por los derechos LGBTI, fue la primera «manifestación» LGBTI de la historia, no he visto en ningún lado que lo llamen el primer orgullo, pero aprovecho el fragmento de arriba para meter una cita del mismo autor. Genet dice que «Las Carolinas eran grandiosas: las Hijas de la Vergüenza» pero voy a intentar mezclarlo con una de sus citas más famosas «Es precioso que vuestro orgullo sepa pasar por la vergüenza para alcanzar la gloria». ¿Está diciendo Genet que fue el primer orgullo? No lo sé, pero me ha parecido curiosa la idea.

Otro miembro del colectivo del que me he enterado de su existencia hace nada y menos es Rambal, un marica declarado y orgulloso. Alberto Alonso Blanco, del barrio gijonés Cimadevilla, fue asesinado cinco meses después de la muerte de Franco, el 19 de abril de 1976. Le apuñalaron y luego hicieron una pila que prendieron fuego con él en lo alto. Después de más de cuarenta años sigue sin saberse quién o quiénes le asesinaron. Este travesti asturiano vivió la época de la Ley de Vagos y Maleantes, la de los campos de concentración franquistas. Era superquerido por todo el barrio, se ganaba la vida ayudando a la gente, alegraba cantando a las vecinas… En definitiva, era parte de una red de cuidados en un barrio donde el hambre y la pobreza eran más importantes que la sexualidad de Rambal. Según parece, las autoridades hacían un poco la vista gorda porque no estaba metido en política, pero vivía su vida como quería vivirla y eso en el fondo es muy político. Después de su asesinato, les vecines del barrio se juntaron en el funeral para recordarle y honrarle, llenando la Iglesia de San Pedro de coronas de flores. En una de las coronas se podía leer «Cimavilla pide justicia», cosa que nunca vieron. También he leído que fue en campo del Valdés, he visto un sitio en un artículo y el otro en otro, mi capacidad de investigación no ha llegado a más. Aunque igualmente me parece que es un momento histórico en España, una concentración pidiendo justicia por un asesinato LGBTIfobo un año antes de la manifestación barcelonesa del 77, lo que se considera el primer orgullo de España. ¿No es un poqutín increíble que nos hayamos olvidado casi totalmente de Rambal en casi 45 años? Gracias a gente como Rodrigo Cuevas, que le hace un homenaje en su último disco, Miguel Barrero, autor del libro La Tinta del Calamar, o como José Férnandez Riveiro, director de Rambal. Si yo hablara, está expandiéndose un poco su memoria, pero es increíble que no haya ningún reconocimiento institucional, ni si quiera una plaquita en la plaza en la que vivió y fue asesinado.

Pero es que no solo no tenemos ni idea de la historia del colectivo en nuestro país, tampoco tenemos ni idea de la historia europea, ni de otras partes. Hace unos días mi hermana me comentó una acción del colectivo sueco y pensaba que me estaba vacilando. Seguro que habéis visto por Twitter un montón de bromas y de memes tipo «Si la homosexualidad es una enfermedad no puedo ir a trabajar», pues bueno, resulta que en 1979 la plataforma RFSL (Federación por los derechos LGBT sueca) hizo una acción para intentar que se dejara de considerar la homosexualidad como una enfermedad. La acción consistía en llamar al trabajo y decir que no podías ir porque estaban muy homosexuales (que estaban enfermes, vaya). Fue una acción masiva e incluso una activista del sur del país consiguió la baja médica. Con esta acción, entre otras, consiguieron que se dejara de considerar la homosexualidad como una enfermedad en Suecia en octubre del mismo año. Fue el primer país europeo en hacerlo y yo me pensaba que era una broma. ¿Qué más nos estamos perdiendo?

Cuando hablamos de historia del colectivo siempre lo primero que se nos pasa por la cabeza es Stonewall, o por lo menos a mí, y esto nos pasa con un montón cosas: referentes, artistas, activistas… Siempre se nos pasa por la cabeza alguien estadounidense, cuando no tendría por qué ser así. Cuando hablamos de historia y de cultura LGBTI, estamos hablando de nosotres, de lo que nos ha llevado hasta aquí. ¿No estaría bien conocer bien nuestra historia y no la historia de nuestres hermanes de otros lados? Nos estamos perdiendo cosas muy bonitas, como que la figura de san Sebastián se reapropiara como protector contra el SIDA. Nos estamos perdiendo muchas cosas que nos harían entendernos un poco mejor. Estamos luchando por lo mismo que lucharon muchísimas personas antes que nosotres. Toda esa gente de este continente, de este país, también lo hizo para que nosotres viviéramos mejor. Nos tenemos que dar cuenta de que nos estamos soles y que nos dejaron algo, nuestra historia y nuestra cultura, donde podemos, y debemos, apoyarnos, para aprender, crecer y así seguir luchando.

«Ser degenerado es revolcarse entre la libertad» Degeneración, Tino Casal.

Esteban Villabona

Activista de la Red Equo Joven y la Red Equo LGTBI