Londres crea un “pasillo” gigante para abejas

La londinense es una de las diferentes iniciativas que se están llevando a cabo para frenar el preocupante descenso en el número de estos insectos.

 

Pixabay//Dominio público

Son varias las causas que han provocado un dramático descenso en la población mundial de abejas, un insecto fundamental para el ser humano. De estos polinizadores depende de una manera u otra más del 75% de los cultivos para alimentación, y se considera que es el animal más valioso para los humanos después del cerdo y la ternera. El número de abejas que existe hoy en día ha bajado en todo el mundo, lo cual obliga a lanzar medidas para proteger estos insectos y garantizar así su futuro, y el nuestro.

El pasado 20 de mayo, se celebró el Día de las Abejas, una fecha establecida por Naciones Unidas para poner la atención sobre este problema y crear conciencia sobre la necesidad de frenar la desaparición de las abejas.

Poco a poco, aunque sea a partir de iniciativas particulares o de pequeñas asociaciones, se está empezando a crear conciencia sobre este problema, y ya se toman medidas para paliarlo. La más reciente se está llevando a cabo en Londres, donde se ha construido un pasillo de flores silvestres gigante con la intención de atraer abejas y otros polinizadores y fomentar su reproducción.

Uno de los motivos por los que la población de abejas está desapareciendo es la falta de flores silvestres, especialmente en los centros urbanos. Por eso, desde el noroeste de la ciudad, en el municipio de Brent, se han habilitado franjas de tierra en las que se han echado semillas cuyas flores se espera que estén listas para el verano. Se han creado hasta 22 pasillos de flores en diferentes parques de Brent.

Solo en Inglaterra, en las dos últimas décadas, el número de polinizadores ha disminuido en un tercio. Este preocupante dato ha despertado las conciencias de varias asociaciones, que se han puesto a trabajar con la British Beekeepers Association, una organización dedicada a la protección de las abejas.

En la histórica localidad de Bath, al sudoeste del país, también se están llevando a cabo diferentes iniciativas. Esta ciudad es conocida por sus termas romanas, por ser capital del “condado ceremonial” de Somerset y por haber dejado para la historia personajes tan carismáticos como Richard “Beau” Nash, quien fuera maestro de ceremonias de Bath durante casi 60 años. Hoy en día, la ciudad-balneario aparca su pasado solemne y decoroso para enfundarse el traje de apicultor.

Desde la Universidad de Bath, voces como la del biólogo Stuart Reynolds claman por la necesidad de conservar las abejas y otros insectos que son fundamentales para mantener prácticamente todas las cadenas de alimentación terrestres.

The Royal Bath & West Society, fundada por un grupo de filántropos en 1777, cuenta con un espacio dedicado a la miel y las abejas desde el que animan a sus conciudadanos a que conozcan cómo funcionan estos animales y sean conscientes de su importancia. Una iniciativa enfocada especialmente a los más pequeños, en la línea de la campaña “SOSabejas” que se lanzó en España el año pasado y que ponía el foco en la educación y la concienciación.

Además de Inglaterra y España, son varios los países desde los que se están poniendo pequeños granos de arena para luchar contra la desaparición de las abejas.

En Oslo, que por algo fue elegida Capital Verde Europea 2019, han sido pioneros en la construcción de “pasillos” para abejas; es más, la capital noruega está atravesada por una enorme “autopista” para abejas.

Alemania, donde los Verdes cada vez cuentan con más apoyos, se está colocando a la cabeza en cuanto a acciones particulares y gubernamentales destinadas a la protección de las abejas. En varias ciudades alemanas, con Berlín a la cabeza, pero también en localidades como Colonia, se está viviendo un pequeño ‘boom’ de la apicultura urbana. El fin de esta nueva moda ya no es tanto la obtención de miel como el cuidado de una especie que, con su mera existencia, es responsable de nuestro cuidado.

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