El Gobierno del Reino Unido advirtió hoy de que el rechazo al acuerdo del “brexit” podría poner en peligro los fondos que Londres y Bruselas se han comprometido a destinar al proceso de paz norirlandés tras su divorcio.

La ministra británica para Irlanda del Norte, Karen Bradley, planteó esa posibilidad cinco días antes de que el Parlamento de Westminster se pronuncie el martes en una votación clave sobre el pacto de salida del país de la Unión Europea.

Este acuerdo prevé mantener hasta 2027, ocho años después de la fecha oficial del “brexit”, los fondos que el bloque comunitario ha inyectado en la región y en las zonas fronterizas de la República de Irlanda desde 1995 para promover la paz y la reconciliación tras el conflicto.

Según Bradley, el pacto de salida ofrece el “marco legal” para que Londres, Bruselas y Dublín implementen un “modelo de cofinanciación” que concedería a “importantes” proyectos económicos y sociales unos 335 millones de euros durante los próximos años.

“Si abandonamos la UE sin acuerdo, tendremos dificultades para encontrar la manera de que la UE y el Gobierno irlandés puedan gastar ese dinero conjuntamente con el Reino Unido en Irlanda del Norte”, señaló la ministra a los medios, en una visita a un centro juvenil de Belfast.

Las partidas comprometidas por Londres y Bruselas tras el “brexit” ayudarían a financiar el desarrollo de proyectos de infraestructura en las dos Irlandas valorados en más de 2.000 millones de euros.

Esos fondos, recordó hoy Bradley, han servido, por ejemplo, para construir el llamado Puente de la Paz en la ciudad norirlandesa de Derry, que fue abierto en 2011 y sirve para unir sobre el río Foyle a las dos comunidades históricamente enfrentadas en la región, la protestante-unionista y la católica-nacionalista.

“Como cualquier Gobierno, para gastar dinero público es necesario contar con un marco legal, y el Acuerdo de Salida lo aporta. Es por esto que debemos votar a favor del pacto el martes en la Cámara de los Comunes”, dijo.

La primera ministra británica, la conservadora Theresa May, confía en lograr los apoyos para sacar adelante ese trámite parlamentario, a pesar del rechazo que el pacto suscita entre el ala dura de su propia formación, la oposición y el norirlandés Partido Democrático Unionista (DUP), del que depende para gobernar en minoría.

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