Los damnificados del deslizamiento de tierra que derrumbó decenas de casas en La Paz a 48 horas de la tragedia aún mantienen las esperanzas de recuperar algunas de sus pertenencias y agradecen la solidaridad de los bolivianos.

Alrededor del área afectada, cerca a las zonas paceñas de San Jorge Kantutani e Inmaculada Concepción, está uno de los campamentos con decenas de carpas naranjas y verdes que albergan a algunas de las familias damnificadas.

Tras pasar un par de anillos de seguridad de la Alcaldía de La Paz y la Policía Boliviana hay un espacio donde se junta la ropa y zapatos donados para que los damnificados escojan de acuerdo a sus necesidades.

La mayoría necesita ropa abrigada para pasar la noche en la carpa, por lo que chamarras y suéteres son lo más requerido.

En el lugar hay cientos de funcionarios de la Alcaldía, al igual que de la Policía Boliviana, y bomberos que se organizan para buscar entre los escombros a personas reportadas desaparecidas con la ayuda de canes especializados y también para recuperar algunos de los objetos de los damnificados.

Según la Policía Boliviana, son al menos tres los desaparecidos de los que se tiene constancia de los puntos dónde podrían haber quedado sepultados por la masa de tierra que se desplomó el pasado martes arrastrando decenas de viviendas.

«Hasta ahora he rescatado cosas que ya no sirven, todo está roto o arruinado», comentó a Efe Miriam Flores, una de las damnificadas.

Ella vive ahora en una pequeña carpa azul junto a sus hijos y esposo, alrededor de grandes bolsas que contienen ropa y algunos objetos que ya no sirven, pero que le pertenecen.

Flores vivía con sus dos hijos y su esposo, mientras que en el piso de arriba de su hogar residía su cuñada.

El pasado martes a mediodía salió de su casa para recoger a su hija del colegio y la vivienda quedó vacía.

Cuando regresaba a su hogar le llamó la cuñada para darle la amarga noticia de que su morada se había derrumbado.

«No sabía qué hacer, no lo creía, pero estaba viendo mi casa derrumbada», apuntó.

Aún así ella como muchas otras familias que se han quedado solamente con la ropa que vestían tienen la esperanza de recuperar algo que pueda servirle en este nuevo comienzo forzado.

En tanto, las hileras de funcionarios trabajan sin descanso para sacar bolsas con ropa, garrafas, muebles, electrodomésticos y todo aquello que se pueda salvar.

De vez en cuando sacan algunos animales como perros o conejos que estaban en medio de los escombros.

Flores agradeció la solidaridad de los paceños el resto de los bolivianos, a la vez que pidió que ayuden a las familias con productos de higiene personal.

Una de sus demandas es poder darse algo tan sencillo como una ducha y disponer de baños limpios aunque sean portátiles.

Según el último reporte del alcalde paceño, Luis Revilla, hasta ahora son 164 viviendas afectadas, de las cuales 68 están totalmente colapsadas y 57 fueron desalojadas de manera preventiva.

Al menos 180 familias han sido afectadas, de las cuales 126 fueron acogidas en campamentos para damnificados.

Revilla manifestó que estas casas estaban construidas en un terreno «absolutamente inseguro» sobre un antiguo basurero, en el que no estaba permitido construir aunque lo hicieron por «necesidad» personas con pocos recursos.

La Alcaldía declaró el miércoles «situación de desastre» y «alerta roja» en el área del deslizamiento, en una zona céntrica de La Paz.

El Ministerio de Defensa instaló carpas para familias damnificadas y coordina con otras instituciones como la Alcaldía paceña para la recogida de donaciones de comida, colchones, frazadas y útiles de aseo.

Fuente