Los afrodescendientes son la minoría más invisibilizada de América Latina. Representan a un cuarto de la población de la región y el 98% está concentrado en Brasil, Venezuela, Colombia, Cuba, México y Ecuador.

Lamentablemente, los afrodescendientes tienen menos oportunidades de movilidad social. Son 2.5 veces más propensos a vivir en pobreza crónica que blancos y mestizos. Sus hijos, por tanto, nacen con oportunidades desiguales y tienen menor acceso a servicios y espacios de calidad, lo que limita el desarrollo pleno de su potencial humano y predetermina buena parte de sus vidas. También tienen menos años de educación y son más a menudo víctimas del crimen y la violencia, de acuerdo un nuevo informe del Banco Mundial: Afrodescendientes en Latinoamérica: hacia un marco de inclusión.

En Brasil, con la población afrodescendiente más grande fuera de África, aún tienen dos veces más probabilidades de ser pobres que los blancos. En Uruguay, uno de los países más igualitarios de la región, los afrouruguayos tienen tres veces más probabilidades de ser pobres”, señala el informe.

Los afrodescendientes, como otros grupos excluidos, continúan enfrentando desventajas acumulativas, oportunidades desiguales y falta de reconocimiento y dignidad.

 

La educación en afrodescendientes

El acceso a la educación primaria es prácticamente universal en buena parte de la región y el acceso a la educación secundaria se ha más que duplicado desde los años ochenta. Pero según el informe, solo un 64% de los afrolatinos termina la educación primaria, contra un 80% de no afros, mientras que la probabilidad de terminar la educación secundaria es todavía menor. En Uruguay, por ejemplo, 2 de cada 3 afros abandonan la escuela secundaria, el doble que los no afros.

En Uruguay, por ejemplo, son un 14 por ciento menos propensos a terminar la educación
primaria y un 24 por ciento menos propensos a terminar secundaria. Por otro lado, en Brasil, aunque la probabilidad de no completar la educación primaria continúa siendo alta para los niños afrodescendientes, en comparación con los niños no afrodescendientes, la brecha se ha estrechado con el tiempo (del 17 por ciento en 2005 al 9 por ciento en 2015).

Al comparar a trabajadores con el mismo nivel de educación, edad, género, estatus marital, experiencia, sector laboral y características del hogar, pero de raza distinta, los afrodescendientes tienden a obtener un 16 por ciento menos por el mismo tipo de empleo en Brasil, un 11 por ciento menos en Uruguay y un 6.5 por ciento menos en Perú. También enfrentan barreras estructurales en el desarrollo de su carrera, constituyendo apenas un 0.8 por ciento de los gerentes en Uruguay y menos de un 6 por ciento en Brasil.

 

Lucha por la igualdad

Gracias al incansable esfuerzo de las organizaciones afrodescendientes, así como al creciente reconocimiento por parte de los gobiernos de la composición multicultural de sus países, hoy en día está cada vez más claro que la discriminación etno-racial existe.

Los grupos excluidos requieren de consideraciones especiales y políticas diferenciadas, comenzando por proveerlos de espacios para articular sus necesidades y aspiraciones de desarrollo. Eliminar las condiciones que limitan la plena inclusión de los afrodescendientes contribuirá a hacer sociedades latinoamericanas más justas e igualitarias, a la vez que más prósperas y resilientes. Este reconocimiento ha ido produciendo cambios graduales en toda la región.

Una de las señales importantes de cambio es la adopción de una variedad de políticas de acción afirmativa, como cuotas reservadas en el mercado laboral y en instituciones educativas, campañas de concientización, legislación antirracista y el surgimiento de una clase política de afrodescendientes. Estos cambios son muy recientes para arrojar resultados definitivos o permitir una evaluación minuciosa, pero las señales son alentadoras.

A pesar de las brechas, la región nunca estuvo tan abierta a encarar la discriminación etno racial como hoy. Hace 20 años ni siquiera teníamos datos y hablar de la relación entre raza y exclusión era casi un tabú. Hoy, países como Brasil, Uruguay y Colombia tienen políticas de acción afirmativa. En muchos países se está consolidando una clase dirigente afrodescendiente. Todo eso da para ser optimistas” explica Germán Freire, especialista social del Banco Mundial y uno de los autores del informe.

El informe del Banco Mundial hace un llamado a la acción para cerrar las brechas. Según los autores, ni el crecimiento económico, ni la batería de leyes, ni los acuerdos internacionales antidiscriminación y antirracismo van a ser suficientes para cerrar las brechas persistentes, porque los afrodescendientes están anclados a la pobreza por cuestiones estructurales, que rara vez se manifiestan de manera directa.

Hacen falta políticas diferenciadas, enfocadas en la inclusión etno-racial. Para esto el reporte propone un marco de inclusión, centrado en mejorar sus oportunidades, capacidades y dignidad de los afrodescendientes para que asuman el rol que les corresponde como actores clave en el desarrollo de la región” explica Freire.

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