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Por Javier Cortines

A finales de la década de los setenta vivía en Egipto trabajando como profesor de castellano en El Centro Hispánico de El Cairo. Una vez cuando hablaba con su director, el arabista y poeta Adrián Rodríguez Junco, y un grupo de colegas y alumnos, se nos acercó una chica de «la créme de la créme» de la sociedad egipcia y, como la conversación iba de cultura, nos dijo en un perfecto francés:

Nous, les européens…(Nosotros los europeos)

Adrián, que amaba la cultura árabe y al pueblo egipcio, la interrumpió y, en un francés tan bueno como el de ella o mejor, le replicó con sarcasmo e ironía:

Nous, nous, non, vous…Je ne suis pas européen. Je suis africaine. Je suis né aux Îles Canaries. (Nosotros, nosotros, no, usted. Yo soy africano. Nací en Las Islas Canarias.

Los profesores y alumnos presentes se quedaron de piedra ante esa puntualización de Adrián (La Laguna, Tenerife, 1944-2013) y la muchacha (que se había educado en Europa y en la Alianza Francesa de El Cairo), sintiéndose una incomprendida, salió con la cabeza muy alta a la calle, donde no era muy agradable mirar hacia abajo pues aún se veía a muchos amputados que libraron guerras contra Israel.

Ya he escuchado o leído en varias ocasiones, en boca o pluma de “los aborígenes”, que “los catalanes son los más europeos de España”. Pero ¿qué significa en realidad ese “afrancesamiento” que lleva un toque aristocrático?

Decir en un entorno “no europeo” “Yo soy europeo” quiere decir, en una traducción recta y recia: “Yo soy superior”. “Pertenezco a «la créme de la créme» de la humanidad”. Vosotros “los españolistas” o “los españolitos” todavía no habéis dado el salto del mono al hombre. Nosotros queremos salir de España (una rara especie de Uganda) y ocupar el lugar que nos corresponde en Europa para vivir y compartir “con nuestros iguales”.

No sólo mi amigo y colega Adrián Rodríguez Junco, quien solía recitar como nadie a García Lorca, se enorgullecía de decir: Je ne suis pas européen. Je suis africaine. Je suis né aux Îles Canaries…ya en el siglo XXI conocí en Pekín al reportero gráfico más veterano de España, Manuel Ovalle Álvarez, quien solía acompañar como camarógrafo de TVE a Arturo Pérez Reverte en su larga etapa de reportero de guerra.

El gran arabista y poeta Adrián Rodriguez Junco

Un día -no me acuerdo si en China o en su casa de las afueras de Madrid- me dijo (él que había recorrido medio mundo y había visto de todo): “Yo no me siento europeo. Yo soy tercermundista”.  Con eso me estaba confesando que “se había metido en la piel de los hombres y mujeres del tercer mundo” y que su visión egocéntrica de la Europa de los Mercaderes era cosa del pasado, de una juventud en la que llevaba vendas en los ojos y cera en los oídos.

A Ovalle no le agradaba que le confundieran con la casta de la raza aria, de esa Europa, ese Omphalos, ombligo, que es el centro del mundo.

Cada vez somos más los que nos sentimos cosmopolitas, ciudadanos del mundo (aunque una parte importante de nuestro ser siga apegada a nuestra tierra). El orgullo exagerado de “somos europeos” puede despedir, en ciertas bocas y ocasiones, un tufillo racista y reaccionario que hace chirriar los ejes primordiales de los Derechos Humanos.

Un hijo de Manuel Ovalle (sobre el que TVE hizo un programa dedicado a él hace un par de años, haciendo un recorrido por todas las guerras que filmó) se convirtió en un héroe tras salvar la vida a un chaval que había caído al rio Manzanares. Yo no estaba en Madrid en aquella ocasión pero me consta que su hazaña fue noticia en muchos periódicos.

El tinerfeño Adrián Rodríguez Junco, amigo de Juan Goytisolo y Maruja Torres, entre otros muchos, apenas me reconoció cuando le llamé por teléfono a su casa de la Laguna, ya que quería ir a visitarle.  En aquel entonces andaba muy mal de memoria, quizás por un principio de Alzheimer. Ya estaba jubilado y vivía con su mujer egipcia Vilolette. (Un abrazo desde aquí si por casualidad te topas con este artículo).

Adrián, hombre culto, abierto y de una gran sensibilidad artística, nos dejó, entre otros muchos, el siguiente testimonio histórico-literario que reproduzco al final de este párrafo. Creo que lo escribió en Alejandría, pero es posible que lo hiciera en Damasco, Bagdad, o en cualquier lugar de ese mundo árabe que nos dejó (en el sur de España, Al Andalus, la “no Europa”) la huella de una de las culturas más fascinantes de la historia.

El gran arabista escribió:

Hoy no he podido evitar que se refugien conmigo todos los palestinos del Líbano con todos sus miedos, sus carencias. Todas las miserias y enfermedades que llevan soportando medio siglo: la sensación de apátridas y la falta absoluta de libertades para poder ejercer una profesión y decidir cómo quieren vivir. El único ejercicio de libertad que les está permitido es poder decidir el día y la hora de sus muertes.

A veces escucho “Imagine” de John Lennon, esa canción que habla de un mundo sin fronteras ni religiones donde la única nacionalidad es una hermandad universal. Algunos diréis que era un soñador, but he was not the only one.

 

 

 

 

 

 


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Retrato de Javier Cortines realizado por el pintor Eduardo Anievas. Este escriba es el autor de la trilogía "El Robot que amaba a Platón", obra que no gusta nada a las editoriales consagradas al dios tragaperras por su espíritu transgresor y que se puede leer gratis en su blog:nilo-homerico.es/reciente-publicacion., en cuya portada se puede escuchar, además, la canción de Luis Eduardo Aute "Hafa Café".

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