Una de las teorías más difundidas sobre el origen del reciente brote de coronavirus es que procede de la sopa de murciélago. Sin embargo, aunque los murciélagos sí pueden ser conductores del coronavirus, de momento no está confirmado que el brote actual proceda de una sopa hecha con este animal. Los murciélagos podrían ser el huésped original del virus, un animal no identificado y vendido en el mercado de mariscos de Huanan en Wuhan podría ser el huésped intermedio que ha permitido la propagación del virus a los humanos.

Para determinar el origen del virus y cómo entra en las células humanas se tomaron muestras de células y secreciones de los pulmones de nueve pacientes para recoger muestras del 2019-nCoV. Ocho de los pacientes habían visitado el mercado de mariscos de Huanan y el otro paciente nunca había visitado el mercado, pero se había alojado en un hotel cercano antes de la aparición de su enfermedad.

Las secuencias genéticas de las muestras eran casi idénticas lo que indica una aparición muy reciente del virus en los seres humanos. Este hallazgo sugiere que el 2019-nCoV se originó de una sola fuente en un período muy corto y fue detectado con relativa rapidez, explica Weifeng Shi ,uno de los autores principales del trabajo.

Los autores al comparar la secuencia genética del nuevo coronavirus con una biblioteca de virus encontraron que los más estrechamente relacionados eran dos coronavirus similares al SARS de origen en un murciélago compartiendo el 88% de la secuencia genética, mientras que con el virus del SARS humano compartía alrededor del 79% de la secuencia genética y con el virus del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) compartía alrededor del 50% de la secuencia genética.

Apuntan también que es más probable que los coronavirus de murciélagos estén mutando, lo que significa que resulta improbable que el nuevo coronavirus haya surgido debido a una mutación fortuita. «Sin embargo, a pesar de la importancia de los murciélagos, parece probable que otro animal huésped esté actuando como huésped intermedio entre los murciélagos y los humanos”, comenta Guizhen Wu, del Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades.

El científico explica su hipótesis: “En primer lugar, el brote se notificó por primera vez a finales de diciembre, cuando la mayoría de las especies de murciélagos de Wuhan están hibernando. En segundo lugar, no se vendieron ni se encontraron murciélagos en el mercado de mariscos de Huanan, mientras que muchos animales no acuáticos (incluidos los mamíferos) sí lo hicieron. En tercer lugar, las similitudes en las secuencias genéticas entre 2019-nCoV y sus parientes cercanos murciélago-SL-CoVZC45 y murciélago-SL-CoVZXC21 fueron inferiores al 90 por ciento, lo que significa que estos dos coronavirus derivados de murciélago no son antepasados directos de 2019-nCoV. En cuarto lugar, tanto en el SARS como en el MERS, los murciélagos actuaron como reservorio natural, con otro animal actuando como huésped intermedio y con los humanos como huéspedes terminales, lo que pone de relieve una vez más el reservorio oculto del virus en los animales salvajes y su potencial para extenderse a las poblaciones humanas”.

Lo cierto es que este nuevo coronavirus, que nadie conocía y ahora está en boca de todos, ha hecho que la OMS declare una alerta internacional ante su imparable expansión. Es la sexta vez que la OMS adopta esta medida tras hacerlo por la gripe A en todo el mundo en 2009, la polio en Oriente Próximo, el ébola en África Occidental (2014), el zika en América (2016) y el pasado mes de julio contra el ébola en la República Democrática del Congo. En 2002 no se tomó una decisión similar contra el SARS porque los mecanismos para hacerlo aún no estaban bien definidos.

La decisión del comité de emergencia de no declarar la semana pasada la alerta había provocado una creciente incertidumbre en todo el mundo. «Al no decidir nada, el comité creó un vacío de autoridad internacional, que es el papel que debe tener la OMS. Esto ha propiciado que Gobiernos y empresas empezaran a tomar decisiones por su cuenta y sin coordinación», afirma Daniel López Acuña, exdirector de Acción Sanitaria en Crisis de la OMS y actual profesor asociado en la Escuela Andaluza de Salud Pública.