Justo hace un año, el aún líder del PP de Gipuzkoa, Borja Sémper, dejaba claro en una entrevista en El País que si la dirección de su partido, en manos de Pablo Casado, decidía contemporizar con la extrema derecha de Vox, asumir su discurso o llegar a acuerdos él no se sentía útil en política.

Doce meses después, Casado comparte la estrategia de la crispación y el insulto de la extrema derecha, gracias a la cual el PP gobierna en plazas tan importantes como la Comunidad de Madrid, la Región de Murcia o la Junta de Andalucía, por lo que Sémper decidió dar retirarse con honores.

Este martes, justo un día después de que Casado refrendara su estrategia de oposición bronca durante la Junta Directiva Nacional del lunes, Sémper decidía definitivamente tirar la toalla.

Un adiós que se esperaba

La de Sémper es la crónica de una muerte anunciada. En julio, el enfrentamiento entre Sémper y la dirección nacional del PP se produjo por la decisión de Casado de abrir expediente al entonces portavoz del partido en Gipuzkoa, Juan Carlos Cano, por la votación que provocó que EH Bildu presidiera la Comisión de Derechos Humanos en las Juntas Generales guipuzcoanas. Fue un «error», tal y como indicó el propio Cano.

Sémper lamentó en su cuenta de Twitter que se estuviera «dando cera» a Juan Carlos Cano, «el único juntero del PP entre 51 escaños». «Se equivocó en una votación (en la que su voto no cambiaba nada) donde PNV+PSE+BILDU habían acordado que un juntero de Bildu presidiera una nueva comisión, la de DDHH», subrayó. Sémper recordó que Cano pidió disculpas por «el error y lo aclaró». «Hoy, después de días en los que le han llamado de todo, mi partido le abre un expediente. Supongo que para aclarar si es connivente con ETA. A estas alturas», lamentaba, para recordar que Cano fue perseguido por diferentes comandos de ETA.

«Ahora bien, insultar a un hombre que se ha jugado la vida por la libertad (su mujer también apareció en listas de ETA), hacerlo con la comodidad que proporciona una tribuna periodística, la frivolidad de Twiter o la ventaja de la turba, tan de moda, lo rechazo», manifestó, considerando un «despropósito» la decisión de Casado.

Otro enfrentamiento sonado de Semper fue con la portavoz del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, en septiembre. La dirigente criticó el foralismo del PP en Euskadi y acusó a sus compañeros de filas de «tibieza» con el nacionalismo justo el día del arranque de la convención que los ‘populares’ vascos, un cónclave que buscó resituar ideológicamente.

«Mientras algunas caminaban cómodamente sobre mullidas moquetas otros nos jugábamos la vida defendiendo aquí la Constitución y la convivencia», respondió Borja Sémper respondió a Álvarez de Toledo. «Es doloroso, es profundamente doloroso, cuestionar nuestra trayectoria, nuestro compromiso en defensa de la Constitución y de nuestras instituciones y, por lo tanto, de la convivencia en el País Vasco. A nosotros nos ha costado sangre, sudor y lágrimas, literalmente, defender la Constitución, la foralidad y una idea de España plural en el País Vasco», apostilló.

Sémper aseguró entonces hablar en su nombre y en el de «decenas de personas que nos han llamado a las sedes y que nos paran por la calle diciendo que esto es inaceptable». «Cuestionar el compromiso del Partido Popular con el Concierto Económico es desconocer el País Vasco. Cuestionar el compromiso del Partido Popular con la foralidad, con el derecho foral, con la España descentralizada, con la España de las autonomías, es desconocer la tradición y la trayectoria del Partido Popular», añadió.

«Cuestionar la foralidad es cuestionar España en el País Vasco, con lo cual eso es un grave error», zanjó un Sémper que se confesó «harto» y «cansado» de que se categorice a los vascos entre nacionalistas y no nacionalistas y se busque un enfrentamiento.