Estamos viviendo un verano excepcionalmente cálido, con olas de calor que siguen rompiendo récords de temperaturas. En las televisiones salen mapas con elevadas temperaturas, mostrándonos las máximas alcanzadas. Es tal la ola de calor que no se ha quedado solo en la península sino que se ha hecho notar incluso en Reino Unido. A la ola de calor le va asociada una ola de incendios, muchos de ellos de enormes dimensiones. La superficie quemada en 2022 hasta el pasado 17 de julio se había incrementado un 80% respecto a la media de los últimos diez años, con más de 78.000 hectáreas. Pero después de esa fecha el pavoroso incremento de los grandes incendios (más de 34 hasta el pasado viernes) sitúa la cifra de hectáreas arrasadas por el fuego en cerca de 170.000. El fenómeno no es exclusivo de nuestro país: Portugal, Francia, Italia, Croacia, Grecia y hasta Alemania sufren también incendios forestales.

Niveles de riesgo de incendios forestales. Península, Baleares y Canarias. Fuente AEMET 27 de julio 2022.

No es difícil de entender, pero sí de aceptar. Las olas de calor y los incendios forestales son síntomas de la crisis climática y de biodiversidad. Las temperaturas extremas y las olas de calor están castigando a la tierra con fuerza. En los últimos 10 años, los días de calor extremo han superado en número a la suma de días más fríos y días con temperaturas medias. En el siglo pasado, los eventos de temperatura «extrema» solo cubrieron el 0,1% de la superficie terrestre mundial. Ahora cubren el 22%… y está en aumento. Según un informe de 2021 de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), las olas de calor serán más intensas y más largas (en todo el mundo). Las olas de calor, la sequía y los incendios extremos van de la mano.

Y claro, las redes sociales se llenan de comentarios basados en lugares comunes y en la desinformación. Incluso los políticos lanzan teorías conspiratorias. Falsos argumentos y cortinas de humo que se utilizan para cuestionar el papel del cambio climático en el cóctel que hace más virulentos los incendios. Argumentos faltos de base científica y sentido común.  Una de ellas es que “el monte se quema por culpa también de los ecologistas”. Pues bien, las y los ecologistas aquí presentes nos gustaría dejar también nuestra opinión. Se nos responsabiliza de que por querer proteger especies y ecosistemas no queremos dejar que se haga determinada actuación en un espacio o terreno y, por tanto, debido a ese «desuso» hay más especies que propagan el fuego.

 

Vayamos por partes:

 

  •  La conservación «no es una nueva moda».
    Ecólogos, que no ecologistas, biólogos, sociólogos, etc…, llevan años defendiendo que hay que proteger zonas y especies por su elevado interés para la biodiversidad. Tener estos espacios naturales es vital para conservar especies y hábitats. Estas zonas nos sirven porque nos dan biodiversidad que ayudan a tener cultivos ricos, son zonas que nos dan oxígeno, nos protegen de los efectos del cambio climático, nos protegen de las sequías ya que retienen agua y fijan el suelo.

 

  •  Los montes no están descuidados porque haya zonas protegidas,
    el problema no es ese. Una gran parte de estos montes, dentro y fuera de los espacios protegidos, son producto de un abandono de la gestión. Y este abandono, a su vez, es producto del despoblamiento rural y del fin de muchas actividades forestales, agrarias y ganaderas que han configurado otro paisaje. Sí las administraciones públicas apostaran de verdad por dinamizar el medio rural con otros modelos de producción nuestras zonas rurales estarían más vivas, y el paisaje sería otro. No impediría que hubiera incendios, pero quizás estos serían menos pavorosos.

 

  •  No vale solo acordarse del bosque en época de incendios
    . La época de incendios y su dinámica están cambiando. Hace décadas, igual valía tener equipos forestales sólo en verano, pero ahora ya no. Lo dicen los científicos, el cambio climático está aquí y debemos legislar y gestionar de manera acorde, es decir adaptándonos. Esto implica que es necesario invertir en una gestión forestal y en prevención todo el año, y para ello es necesario más inversiones y políticas públicas a medio y largo plazo.

 

  •  No, nosotros no somos responsables de los incendios forestales. Pero tras los terribles incendios en la provincia de Zamora, el consejero de Medio Ambiente de Castilla y León, Juan Carlos Suárez Quiñones, ha urdido una mentira para justificar sus fallos y errores como responsable del operativo de extinción. El Consejero atribuyó parte de la responsabilidad de los incendios a los ecologistas y “sus nuevas modas”. Se le olvida a este poco responsable político que la política ambiental nace de la Constitución Española, del Estatuto de Autonomía, de las políticas de la UE y de los acuerdos internacionales en materia de cambio climático, biodiversidad, etc. No, tener un medio ambiente saludable y proteger los recursos naturales no es una moda, es una obligación de las instituciones públicas. Si el Consejero no puede con la responsabilidad, que dimita. Y que deje de buscar chivos expiatorios.

Los ecologistas no queremos un monte quemado. Queremos montes vivos, pueblos vivosQueremos un sector forestal fuerte y dinámico capaz de aprovechar los recursos forestales (madera, corcho, biomasa, resina, setas,..) mientras se mantienen los servicios ecosistémicos y se fija población en las zonas rurales. Un sector forestal que conviva con el sistema agrario y ganadero moderno y sostenible, capaz de producir alimentos de calidad respetando el agua y el suelo. Estos paisajes forestales y agrícolas son un atractivo para el sector turístico, gastronómico y cultural, y buena parte de ellos son hoy en día espacios protegidos con diversas categorías de protección (parques naturales, paisajes protegidos, reservas de la biosfera). No, los espacios protegidos no son lugares donde no se pueda intervenir o aprovechar los recursos naturales. Pero en determinados lugares de estos espacios protegidos es necesario establecer limitaciones para mantener las zonas de elevada biodiversidad porque son un elemento del patrimonio natural que queremos y debemos defender, son piezas importantes dentro de los servicios que nos prestan los ecosistemas o son nuestros aliados contra los efectos del cambio climático. La protección de la biodiversidad es compatible con el aprovechamiento de los recursos naturales.

Lo que los y las ecologistas sí hemos dicho, hasta la saciedad, es que el cambio climático iba a traer temperaturas extremas, incendios más violentos, sequías más graves, inundaciones más frecuentes. Nuestro planeta se calienta cada año debido a nuestro uso continuo de combustibles fósiles y una industria agrícola descontrolada, una de las consecuencias es que las temporadas de incendios son cada vez más largas y los incendios se vuelven más intensos. Y lo que es peor, estos incendios también liberan toneladas de CO2 y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera que continuarán calentando el clima en el futuro. Esto, sí lo hemos dicho. Y nos da mucha rabia haber llegado hasta aquí y que Gobiernos y políticos no nos hayan escuchado.

En vez de atacarnos unos a otros y buscar culpables, debemos sentarnos en una mesa común y buscar soluciones. Muchas de ellas ya están encima de la mesa.

Celia Ojeda y Nanqui Soto

Fuente: Greenpeace

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