Desde tiempos inmemorables, antes de la llegada de las nuevas tecnologías, las opciones de ocio eran todas físicas, y en muchos casos tenían a las cartas como herramienta principal para su realización.

Las generaciones pasadas se citaban en torno a una mesa, para poder disfrutar de una partida de mus, tute, guiñote o brisca con sus amigos y conocidos. Unas horas en las que la diversión estaba completamente asegurada, y que hacía una función social que poco a poco se ha ido perdiendo.

Especialmente en los pueblos con menos habitantes del país, el poder jugar una partida de cartas se contemplaba como uno de los únicos entretenimientos existentes, más allá de los propios que podría ofrecer el entorno. Esa partida al tute o al mus, dos de los juegos de cartas más famosos, era la excusa para compartir mesa y mantel con gente muy afín, terminando la velada con una victoria o una derrota a los naipes que no iba mucho más allá del pago de una consumición o una pequeña cuantía de dinero simbólica.

Nuevas formas de juego

Esas opciones de carta tradicionales poco a poco tienen menos peso a la sociedad, en parte, por las llegadas de las nuevas tecnologías que permiten disfrutar de juegos de cartas internacionales sin la necesidad de acudir a ningún lugar físico. Entre ellos destaca el póquer, un juego más que arraigado en Estados Unidos que ha conquistado prácticamente todo el planeta en estos momentos.

Las apuestas también han vivido una revolución en los últimos tiempos. De aquellos carretes en los bares, se ha pasado a un sinfín de plataformas que ofrecen estos productos de forma interactiva. Opciones como las tragaperras online con dinero real se ha convertido en una auténtica referencia para miles de personas. Diariamente todos ellos, han encontrado en este tipo de ocio la opción predilecta para cumplir con sus expectativas.

Esto ha llevado a que en la sociedad surjan algunos casos de dependencia del juego. Se estima que esa tasa porcentual no sobrepasa el 3% del total de los jugadores, siendo este un problema que se debe atajar para que esta opción de ocio sea segura y confiable para un gran público.

LA historia no para y está en continua revolución. No hace tanto de aquellas partidas de cartas, que ahora han derivado en juegos para móviles. Un tiempo de pocas décadas, pero que parece que sean siglos debido al avance imparables de las nuevas tecnologías a nivel global.

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