La exigencia planteada por muchos manifestantes en las calles y por la mayoría de los Comités de Resistencia ha sido la de rechazar cualquier negociación con los militares.

Mena Solidarity Network

Las protestas masivas continuaron en Sudán durante el mes de diciembre de 2021 y principios de enero de 2022. Decenas de miles de personas salieron a las calles a pesar de la escalada de la represión.

Las organizaciones que movilizan y dirigen el movimiento de protesta son los Comités de Resistencia de los barrios. Los Comités de Resistencia de Jartum intentaron organizar una sentada frente al Palacio de la República el 20 de diciembre. Las fuerzas de seguridad se lo impidieron con municiones reales. Las Fuerzas de la Libertad y el Cambio (FFC), una coalición de organizaciones de la oposición, pidieron una investigación internacional basada en los relatos de violaciones de mujeres manifestantes por parte de las fuerzas de seguridad durante el intento de sentada. Posteriormente, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos confirmó que había recibido 13 denuncias de «violación y violación en grupo» por parte de las fuerzas de seguridad durante el evento.

El 2 de enero, el Primer Ministro Abdallah Hamdok dimitió. Fue incapaz de formar un gobierno. Su dimisión deja a la junta militar que tomó el poder el 25 de octubre de 2021 sin apoyo civil.

Los dirigentes de la FFC lamentaron la dimisión de Hamdok. Los Comités de la Resistencia, por su parte, se mostraron indiferentes a la dimisión, al considerar que Hamdok se había puesto del lado de los militares al firmar la declaración política del 21 de noviembre y negociar su regreso al poder tras ser puesto bajo arresto domiciliario.

El general Abdel Fattah al-Burhanle otrogó poderes de detención al Servicio General de Inteligencia (GIS – General Intelligence Service) en el marco del estado de emergencia instaurado tras su golpe de Estado del 25 de octubre. El GIS inició una campaña de detenciones selectivas contra los Comités de Resistencia.

Hasta el 17 de enero de 2022, las fuerzas de seguridad habían asesinado a al menos 64 manifestantes desde el golpe de Burhan del 25 de octubre, a partir de la muerte de Maasum Hashem durante la Marcha de los Millones del domingo 9 de enero.

Tras la renuncia de Hamdok, la UE y las potencias de la Troika (Reino Unido, Estados Unidos y Noruega) emitieron una declaración en la que pedían que el poder volviera a ser repartido entre civiles y militares, sobre la base de la declaración constitucional de 2019, y proponían un diálogo «moderado por la comunidad internacional y dirigido por Sudán».

Sin embargo, la exigencia planteada por muchos manifestantes en las calles y por la mayoría de los Comités de Resistencia ha sido la de rechazar cualquier negociación con los militares, o su participación en un futuro gobierno. Cada vez confían menos en las potencias internacionales, incluido el gobierno británico, que se niegan a romper los lazos con los militares y siguen presionando a las fuerzas civiles para que reanuden las negociaciones con los golpistas.

La Asociación de Profesionales de Sudán presentó una Carta para la Finalización de la Gloriosa Revolución de Diciembre [iniciada en 2018] y sus demandas incluyen: que un primer ministro civil tenga la autoridad suprema sobre las fuerzas armadas; el control del presupuesto militar por parte del Ministerio de Finanzas; la disolución de las Fuerzas de Apoyo Rápido [encabezadas por Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemeti] y de los grupos rebeldes y su integración en el ejército nacional, así como la reducción de los poderes del Consejo de Soberanía [creado en agosto de 2019, disuelto en el golpe de octubre de 2021 y recompuesto por el general Al-Burhan en noviembre de 2021].(Publicado en  Mena Solidarity Network, 17-1-2022.)

A l’encontreTraducción de Rubén Navarro

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