Por Joaquín Araujo
Naturalista, escritor, director y presentador de series y documentales


Demasiados datos sobre estado de salud de este planeta son verdaderas torturas. Si se ama a la Vida en su más amplia acepción no cabe interpretar de otra manera la constatación de que hace 50 años nos acompañaba el doble de vida salvaje que ahora mismo. Como uno es ávido observador de todo lo que palpita, nada, fluye o vuela, sobre todo vuela, me desgarra el que también se esté desvaneciendo el mayor espectáculo natural que cabe contemplar.

Os recuerdo:
Este planeta cuenta con unos 70.000 millones de suspiros de alivio. Ese es el montante de  las aves a las que sostiene el aire y que nosotros intentamos sostener con nuestras miradas admiradas, nuestros estudios y nuestros compromisos. No menos de una tercera parte de las mismas, es decir 25.000 millones, han consolidado en sus propias morfologías y en sus patrones de conducta, la destreza más proeza de la historia de la vida: las migraciones. También resulta la más estética. Su bella libertad es una secuela del necesitar vivir siempre en primavera. Por eso la persiguen allá donde vaya. Por iguales motivos se han convertido en los NÓMADAS DEL VIENTO (1) y son los indiscutibles protagonistas, no solo de la recordada película, sino también del espectáculo natural más intenso que se pueda contemplar en este planeta.

De pocas, o ninguna otra forma, conviene definir a la odisea de las odiseas, a esta capacidad de recorrer miles y miles de kilómetros con los mejores porcentajes de eficiencia energética conocidos, con los sistemas de orientación más fiables, con las concentraciones de vertebrados más numerosas, tras las de algunos peces, y con la más sencilla y emocionante prestancia. Conviene recordar que las pasas migratorias resultan espectacular espectáculo por el sencillo motivo de que es fácil contemplarlas. No menos porque son imponentes maniobras veleras y porque un ave en vuelo es arte, como corresponde a quienes son hijas de la transparencia.

Todo eso sucede prácticamente en todos los rincones del planeta, permitiendo la admiración más fresca y libre. Cuando las aves pasan se asiste a la abolición de las fronteras, a que la realidad supere a la fantasía y a la pacífica victoria de lo frágil.

GRACIAS Y QUE LA PASA OS ATALANTE COMO A MI VIENE HACIÉNDOLO DESDE HACE CUATRO DÉCADAS.

(1) Me cabe el inmenso honor de haber sido el que puso ese título al conocido largometraje de Jacques Perrin. Además dirigí a la unidad que rodó en España algunas escenas de la misma.

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