Hace unas semanas la prensa internacional se hacía eco de la llegada de los talibanes al poder sin detenerse demasiado en qué pasaría ahora con los afganos y afganas que decidieran abandonar el país para no acabar sometidos al fundamentalismo más reaccionario. No sólo eso, también se ha dejado de lado qué parte de la crisis de refugiados asumiría ahora Estados Unidos teniendo en cuenta que ha sido quien más presencia ha tenido en el país y que ha fracasado de la manera más estrepitosa posible. Biden dejaba claro en una rueda de prensa lo que medio mundo ya sabía: «la presencia de EEUU en el país era para evitar más ataques en suelo estadounidense» y no para llevar la democracia a Oriente Medio o «construir un país», como se ha justificado burdamente durante los últimos años y admitía Biden en esta misma ocasión.

Más allá de la geopolítica estadounidense que dibuja anillos de contención alrededor de aquellas regiones que pretende mantener controladas, la crisis humanitaria que desatará en los próximos meses la presente catástrofe que el país americano ha dejado se suma al continuo exilio de los afganos que lleva años acumulando una gran diáspora en sus países vecinos. Irán, Pakistán o Turquía ya tienen una amplia experiencia acogiendo refugiados afganos, que se suman, en el caso de Turquía, a los 3,7 millones de refugiados sirios que llevan años asentados en el país y son usados como arma política por Erdogan frente a la Unión Europea para conseguir una mayor financiación y poder seguir funcionando como escudo de contención.

Europa, por su parte, acumula exigencias vacías que reclaman el respeto de los derechos de los refugiados a los países que más acogen mientras tiene a sus espaldas vergonzosos acuerdos como en el que se compromete a acoger a 160.000 refugiados entre todos los países del organismo en 2015. El organismo se presenta como un actor que reniega de hacerse cargo del desastre que ha dejado en Afganistán su socio americano, por lo que la esperanza que se tiene en que acoja al grueso de personas que huyen del país apenas existe entre quienes ven una responsabilidad directa en Europa. No sólo eso, también veíamos, hace poco más de un mes, cómo la gran preocupación de los principales gobiernos europeos era la crisis migratoria que pudiera desencadenarse a raíz del exilio de los afganos y cómo la UE debía evitar, a toda costa, que llegasen a fronteras europeas intentando mantenerlos en Irán o Pakistán. Lo que quizá era incapacidad hace años ahora es falta de voluntad.

Por ello, ahora queda preguntarnos qué pasará con aquellos que en los próximos meses tratarán de salir del país como consecuencia del nuevo emirato. Las imágenes del aeropuerto afgano que mostraban la desesperación entre la población por salir de territorio talibán, aunque fuera en las ruedas de un avión que despegaba de forma inminente, ponen de manifiesto que el terror a emprender un nuevo viaje que deja atrás al país de origen, familia y amigos es menor que quedarse bajo la bandera talibán ondeante. Un viaje que, además, se hará a pie con todas las consecuencias que la militarización de las fronteras con Irán y Pakistán traen consigo. Mientras los responsables se limitan a inyectar dinero y desentenderse de los países que más refugiados acogen, muchos argumentan que esa estrategia de externalización debe acabar entre quienes precisamente han provocado que ahora deban abandonar el país.

Foto: EFE

Por otra parte, tampoco podemos olvidarnos de los desplazados internos que reúne el país asiático desde hace años y que llegan a ser 3,5 millones de personas, según ACNUR, las que huyen del conflicto armado y de la situación que atraviesa Afganistán desde hace décadas. Ahora que los actores capaces de poder hacer frente a la crisis humanitaria existente antes de la retirada de Estados Unidos se han ido, las personas desplazadas se encuentran ante el dilema de continuar en el país buscando un lugar seguro en el que continuar su vida o adentrarse en todos los peligros que el viaje hacia otro conlleva.

Irán acoge, actualmente, a 800.000 refugiados afganos registrados, aunque las estimaciones que también tienen en cuenta a aquellos que han entrado de forma ilegal engrosan el número de manera abrumadora. Pakistán, por su parte, ha decidido cerrar sus puertas a quienes intentan traspasar al país y sumarse a los casi dos millones de refugiados que ya alberga entre sus fronteras. Frente a este escenario en el que los países limítrofes comienzan a responder a la crisis migratoria que sufren a través del cierre de fronteras y su militarización, quienes huyen del horror que ha dejado occidente no tienen muchas opciones más allá de agolparse frente a las fronteras de sus vecinos tratando de emprender el camino hacia algún territorio que sea capaz de respetar, como mínimo, sus derechos.

DEJA UNA RESPUESTA