Alfredo Rojas Salinas

El proceso de lucha que llevan históricamente las mujeres parece ser un camino horrible. Cada vez que se alza la voz para reivindicar la posición de las mujeres en la sociedad y los derechos que les corresponden, aparecen férreos detractores que intentan evitar a toda costa cualquier tipo de progreso en este ámbito. Y no son precisamente gente con argumentos complejos o con predisposición al diálogo. Algunos de los menos inteligentes acuñan conceptos tales como “dictadura feminista” o apelan a lo falso del “machismo y el patriarcado”, como si toda la organización, sacrificio y exigencias por parte de las mujeres fuese un mero capricho.

Es muy recurrente que en medios de comunicación, redes sociales y en el tránsito de nuestra vida cotidiana encontremos algunas frases repetidas en relación con las demandas feministas. Suelen venir con algún dejo de prepotencia, o quizás con falta de conocimiento, es por esto que espero que este artículo llegue a algunos de aquellos que utilizan estas ideas como trinchera contra el cambio y que la tomen con humildad y calma. Nadie los quiere perjudicar.

 

Ni Machismo ni Feminismo, yo quiero igualdad

El machismo es un orden que actúa, al igual que muchas otras manifestaciones del poder, a través de diversas capas y esferas. Por ejemplo, podemos ver que en términos económicos existen brechas salariales entre hombres y mujeres, o que en política predomina la presencia masculina, situaciones que se tornan sumamente injustas, sobre todo cuando estos espacios establecen las decisiones que pueden o no tomar las mujeres.

El feminismo plantea que diferencias como estas (y muchas otras) desaparezcan y que se establezca un equilibrio de derechos, de oportunidades y de consideraciones. No se trata de darle la dominación a la mujer, puesto que se tornaría igualmente injusto. Por lo tanto, si quieres igualdad, está bien utilizar la palabra feminismo.

 

Mueren más hombres que mujeres al año

Esta cuestión es un hecho que suele plantearse como argumento contra el feminismo. El error es pensar que el feminismo no atañe a los hombres. Las tasas de suicidio masculino son muy elevadas, muchas veces por la presión social que se ejerce sobre ellos en el ámbito económico, laboral y profesional, y por la “muestra de debilidad” que presupone en ellos el compartir sus angustias y preocupaciones. Este también es un problema muy grave del machismo, puesto que empuja a los hombres a una competencia salvaje y agresiva, además de una represión de sus emociones y de actitudes violentas que terminan en peleas y asesinatos mutuos.

De todas formas, si lo que se busca criticar con este argumento es la expresión “Femicidio” es algo totalmente diferente, puesto que ese concepto se utiliza cuando el asesinato ocurre por el hecho de “ser mujer”. Es decir, cuando las mujeres quieren ser utilizadas sexualmente o se percibe sobre ellas cierto sentimiento de dominación o posesión, y se les trata como una cosa prescindible en vez de como una igual.

Dicha situación no ocurre en contra de los hombres. No es común, como en el caso de las mujeres, que las parejas acaben asesinándolos. Sí, ha pasado y está muy mal y debe ser juzgado, pero no quiere decir que esto sea una agresión sistemática en contra de ellos. Por lo tanto, al ser el femicidio el desenlace de una serie de costumbres y vejaciones sociales, está bien que se constituya como una categoría criminal.

 

Las mujeres son biológicamente menos capaces

Este es de los argumentos más bestiales y menos elaborados. Se suelen decir cosas cómo “¿por qué no hay tantas científicas mujeres?”, “una mujer nunca correrá tan rápido como Usain Bolt” o “las mujeres no son tan fuertes”. Este tipo de situaciones tienen que ver con la forma en que se ha constituido el mundo desde la antigüedad y con la diferencias de oportunidades que poseen las mujeres.

Las mujeres tienen mayor dificultad de acceso a estudiar carreras científicas puesto que dichas disciplinas están pensadas para hombres. Además, dentro de la misma comunidad científica existe un fuerte componente machista que intenta mantenerlo así y que cierra constantemente las puertas a las mujeres.

Por otro lado, los deportes en general están pensados por y para hombres, por lo que muchos de estos requieren capacidades que aparentemente caen mejor en los hombres. Si los deportes olímpicos tratasen otro tipo de destrezas o estuvieran enfocados de manera igualitaria se diría con la misma frecuencia que “un hombre nunca será tan buen gimnasta como Nadia Comaneci”.

Por último, pareciera que la fuerza solo está enfocada en rasgos físicos, cosa en la que supuestamente los hombres tienen ventaja. Pero esto también es relativo y depende mucho de la crianza y las cosas a las que te dediques a jugar de niño o las actividades que realices de joven. Algunas tribus de cazadores y recolectores, por ejemplo, presentan la fortaleza física en las mujeres, siendo ellas quienes realizan el trabajo de caza mientras que los hombres recolectan frutas y semillas.

Andaba con falda, sola y de noche: se lo buscó

Con respecto a esto no hay mucho que decir. No puede ser que las víctimas sean al mismo tiempo las culpables, sobre todo si el culpable ya existe. A los hombres no se les recrimina con tanta fuerza el hecho de andar solos o de noche o mostrando el pelo en pecho y los músculos de los brazos y piernas. “Pero se sabe que hay psicópatas por ahí” pues quejémonos contra ellos y eduquemos mejor a nuestros hijos, que nadie tiene porqué coartar sus libertades por miedo.

 

Era una broma, no tienen sentido del humor

Esta es de las situaciones más recurrentes en el mundo. Hemos construido un lenguaje que, por alguna razón, vuelve graciosas las ofensas y el humor negro, dando pie a que abusemos lingüísticamente de quienes ya son abusados por la forma en que se ordena el mundo. El humor peyorativo contra los marginados, los invisibles y los violentados nunca debiese ser considerado como humor. Nunca es “solo una broma”, porque entre bromitas los niños crecen pensando que las niñas no tienen que ser tomadas en serio, que son accesorios o trofeos, que son débiles y menos capaces. Y eso acaba creando un mundo desigual.

 

Conclusión

Soy hombre y no negaré jamás los privilegios que tenemos los varones en esta sociedad; tendría que ser muy obstinado, tonto y egoísta para hacerlo. Hace poco escribí un análisis sobre Machismo y Capitalismo, el cual recibió varios mensajes de hombres furibundos, prepotentes y agresivos. No me sorprende que reaccionen así, puesto que los estamentos de la sociedad que poseen privilegios suelen defenderlos con todas sus fuerzas y, en el caso de los hombres, no es la excepción. Espero que pronto entiendan que no es una lucha en contra de nosotros, sino que en contra de las injusticias que presenta este sistema de vida que hemos instalado. Y no lo hagan solo por sus madres, hermanas y parejas, háganlo porque es justo y necesario.

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